Inversión y comisión van juntas de la mano. Siempre que inviertes tienes que pagar comisiones, lo sepas o no. Desde un depósito hasta una acción pasando por un fondo, en todas existe una maraña de comisiones que el cliente paga, pero que no siempre cobra la misma entidad.

Hay comisiones con las que la mayoría de personas está familiarizada, como la comisión por mantenimiento que los bancos cobran por sus cuentas corrientes o la comisión por retirada de efectivo en un cajero. Sin embargo, el abanico de comisiones que las entidades cargan es mayor y un tanto diferente cuando se trata de inversión.

Con un depósito será tu banco quien cobre las comisiones por cancelación anticipada del mismo, que suele ser la más habitual.

Con otro tipo de inversiones no será siempre el banco el que las cobre. En cualquier caso, hay dos características que tienen en común la mayoría de comisiones: sólo se pueden cobrar cuando se ha proveído un servicio y deben informarse al cliente. Además, en la mayoría de casos habrá una serie de máximos regulados por ley.

Estas son las comisiones más habituales al invertir, el motivo por el que se cobra y quien percibe ese dinero.

Comisión por contratación y por reembolso. Su nombre puede variar dependiendo del producto financiero concreto. Así, por ejemplo, en el caso de los fondos de inversión se habla de comisión de suscripción y reembolso, pero en bolsa será directamente de compra y de venta. Esta es la comisión que pagas al invertir y al desinvertir. Estas comisiones suele cobrarlas la gestora del fondo o plan de pensiones o el bróker en el caso de las acciones. Para los fondos puede incluso percibirlas el propio fondo de inversión.

Comisión de custodia. En algunos productos se maquillará como comisión de mantenimiento y custodia, pero el fin de esta comisión es el mismo. Se trata de un pago a la entidad donde están depositados los activos en los que inviertes. Esta comisión la cobra directamente la entidad depositaria. En el caso de los fondos de inversión y los fondos de pensiones, la gestora del fondo abona este dinero y después lo repercute a los suscriptores del fondo.

Comisión de gestión. En el caso de los fondos de inversión y los planes de pensiones, la gestora encargada de invertir el dinero de los ahorradores cargará una comisión de gestión regulada por ley. Esta se calcula generalmente como un porcentaje del dinero que tengas invertido, de forma que cuanto mayor sea el patrimonio, mayor será también la cantidad total a pagar. Esta comisión también está presente al contratar un asesor financiero, que de nuevo cobrará un porcentaje del dinero en cartera sólo por gestionar tus ahorros.

Comisión de éxito. Esta es una comisión optativa que puede cargar y cobrar la gestora de un fondo de inversión o un asesor financiero. Su nombre es bastante descriptivo y se refiere a la comisión que cargarán en caso de ganar dinero con las inversiones realizadas. Suele expresarse como un porcentaje del beneficio. En el caso de los fondos, no todos la cobran y está limitada por ley. En cuanto a los asesores financieros, es habitual que la cifra cambie dependiendo del perfil de inversión elegido.

Comisión por traspaso. Traspasar tus acciones de un bróker a otro no está libre de comisiones, como tampoco el traspaso de fondos. En el caso de los fondos de inversión, todo traspaso implica reembolso y suscripción, por lo que habrá que soportar esas comisiones. Por el contrario, el traspaso de planes de pensiones está libre de cargas.

A estas comisiones se pueden añadir otras propias de las acciones como comisión por el pago de dividendos, por acudir a OPVs, ampliaciones de capital… En el caso de los fondos de inversión, la propia operativa del fondo al comprar y vender acciones, participaciones y activos en los que invierta generará comisiones que no se trasladarán al cliente como tales, pero que sí influyen en el resultado final.

En esta píldora puedes comprobar cómo afectan las comisiones a un fondo. ¡Prueba con el tuyo, es fácil que te sorprendas!