Cuatro factores que marcan la evolución de los mercados de crédito
Ideas principales
Pese a la solidez aparente de los fundamentales macroeconómicos, empiezan a surgir ciertas fragilidades. Analizamos cuatro factores que podrían transformar lo mercados de crédito en los próximos trimestres, aumentando la volatilidad y la dispersión de la rentabilidad en los distintos sectores y emisores.
- Energía y geopolítica
- Crecimiento limitado y frágil de la economía mundial
- La inteligencia artificial y sus consecuencias en los mercados de crédito
- Volatilidad de los tipos y divergencia de política de los bancos centrales
El nivel reducido de los diferenciales en los mercados de crédito deja poco margen de error, lo que aumenta la importancia de la selección de emisores. Los diferenciales siguen próximos a su mínimos históricos, por lo que los mercados no descuentan riesgos bajistas significativos. En un contexto de aumento de la volatilidad, podría aumentar la diferenciación entre sectores y emisores, lo que refuerza la importancia de una selección de títulos de enfoque bottom-up.
Sigue habiendo oportunidades atractivas en emisores concretos, pero es igualmente importante evitar aquellos riesgos que no están adecuadamente compensados. Identificamos oportunidades atractivas en segmentos como el sector eléctrico estadounidense, los bancos europeos y los emisores vinculados a la inteligencia artificial, mientras mantenemos la prudencia en aquellos sectores en los que el nivel de valoraciones no compensa adecuadamente el riesgo, como el segmento midstream del sector energético.
Mayor volatilidad y aumento de la dispersión en los mercados de crédito
Los mercados mundiales de crédito podrían estar entrando en una fase más compleja e incierta. El crecimiento se mantiene en terreno positivo, pero cada vez parece más limitado y desigual, mientras que el riesgo geopolítico, la fuerza disruptiva de la inteligencia artificial y la divergencia entre las políticas de los respectivos bancos centrales están dando lugar a un contexto de mayor volatilidad. Pese a ello, los diferenciales de crédito están próximos a sus mínimos históricos y el margen de error es limitado. En un contexto como el actual, podríamos asistir a una diferenciación cada vez mayor entre sectores y emisores, lo que aumenta la importancia de una selección de títulos activa y con enfoque bottom-up.
Centramos nuestra atención en cuatro factores que podrían transformar los mercados de crédito en los próximos trimestres. El primero y más inmediato es el que se refiere a la energía y la geopolítica. Más allá del contexto geopolítico, comienzan a surgir ciertas debilidades en lo que ha sido un entorno de sólido crecimiento. Al mismo tiempo, la inteligencia artificial está redefiniendo los mercados de crédito y cuestionando los modelos de negocio. A todo ello se suma un entorno más incierto de tipos de interés ante la posible divergencia entre las políticas de los distintos bancos centrales. En este artículo, analizamos estas cuatro áreas y sus consecuencias en el posicionamiento de las carteras de inversión.
Energía y geopolítica: el factor que más influye en los diferenciales a corto plazo
El conflicto entre Estados Unidos e Irán y sus consecuencias siguen siendo la variable que más influye a corto plazo en los mercados mundiales de crédito. En el momento de redactar estas líneas, ambos países han firmado un acuerdo marco para prorrogar durante sesenta días el alto el fuego actual y han manifestado su compromiso de poner fin a todas las guerras.
Aunque se trata, sin duda, de un avance muy positivo, en palabras de un analista de Capital Group especializado en la región de Oriente Próximo, «no deberíamos descartar el acuerdo, pero tampoco poner excesivas esperanzas en él». Aún quedan muchos pasos por dar, muchos detalles técnicos que negociar y numerosos intereses contrapuestos que gestionar. Es posible que asistamos a repuntes puntuales de la violencia, y podrían pasar varios meses, si es que finalmente llega a ocurrir, hasta que el suministro de petróleo a través del estrecho de Ormuz vuelva a los niveles que registraba antes de la guerra.
Pensemos, por ejemplo, en el estrecho de Bab-el-Mandeb, otro paso estratégico clave para el comercio marítimo en Oriente Próximo. En los años 2023 y 2024, los continuos ataques de los rebeldes hutíes restringieron el paso por el estrecho. Pese al acuerdo firmado posteriormente con los rebeldes, dos años más tarde los flujos comerciales a través del estrecho siguen estando muy por debajo de los niveles previos al conflicto. Es cierto que el contexto parece prometedor, pero quizás es demasiado pronto para declarar el fin del conflicto entre Estados Unidos e Irán y de las restricciones al suministro de energía.
Además, los riesgos geopolíticos no se limitan a Irán. Aunque son difíciles de predecir, seguimos atentos a la evolución de otros focos de tensión que existen en todo el mundo.
Impacto en el mercado
Los precios del petróleo han caído de manera considerable en las últimas semanas, ya que los mercados descuentan ya gran parte de las buenas noticias derivadas de las negociaciones de paz. Si el acuerdo acaba siendo definitivo y el suministro a través del estrecho de Ormuz se normaliza, los precios podrían seguir cayendo, aunque no parece muy probable que vuelvan a los niveles mínimos que registraron el pasado mes de enero, en torno a los 55 dólares el barril. Lo más probable es que los mercados incorporen una prima de riesgo en los precios del petróleo durante un periodo prolongado.
Sin embargo, este escenario contribuiría a reducir los riesgos de estanflación y aliviaría la presión sobre los tipos de interés. La reacción de los diferenciales de crédito al conflicto entre Estados Unidos e Irán ha sido bastante moderada hasta el momento; actualmente, los diferenciales se sitúan muy por debajo de sus medias históricas. No parece probable que vayamos a asistir a una compresión significativa desde los niveles actuales, aunque un acuerdo de paz podría dar lugar a oportunidades para aumentar la exposición a sectores más cíclicos y sensibles a los diferenciales.
En el caso (menos probable) de que la actual trayectoria de paz se tambalee y las hostilidades se intensifiquen, el precio del petróleo podría adoptar una tendencia alcista, probablemente no lineal. El impacto macroeconómico sería bastante desigual entre las distintas regiones. Estados Unidos, gracias a su importante capacidad de producción, y China, gracias a sus reservas, están relativamente protegidos, mientras que Europa y gran parte de Asia están mucho más expuestas. En este escenario, los diferenciales de crédito se verían especialmente afectados y cabría considerar coberturas tácticas frente a riesgos extremos.