El fin de las vacaciones implica, inevitablemente, volver a la rutina. Tras los meses de descanso toca hacer balance de cómo ha sido el verano y pensar en nuestros objetivos y en nuestras inversiones: ¿han cambiado mis planes? ¿Voy a poder cumplir con mis metas? ¿Necesito hacer algún ajuste en mi cartera?

Cuando tenemos nuestro dinero invertido, muchas veces, sin darnos cuenta, nos dejamos llevar por factores que no tienen nada que ver con los mercados y que hacen que perdamos dinero: son nuestras emociones.

La realidad es que todos, en mayor o menor medida, arrastramos ciertas costumbres y experiencias del pasado, lo que nos lleva a tomar malas decisiones de inversión.

El componente emocional hace que nos olvidemos de cuál es nuestro horizonte temporal de inversión. Cuando hay momentos de incertidumbre en los mercados solemos apostar por los productos más conservadores que apenas hacen crecer nuestro dinero y, en el peor de los casos, optamos por vender y salirnos del mercado cuanto antes sin pensar si es lo más adecuado para nosotros.

¿Por qué nos salimos de mercado si queremos invertir para el largo plazo?

Como inversores, tenemos que entender que las caídas de los mercados son una oportunidad para comprar a un mejor precio y que la volatilidad es algo normal de cualquier ciclo de inversión. El mundo nunca se para, por lo que el mercado tampoco. Siempre van a pasar cosas que van a mover a los índices, tanto hacia arriba como hacia abajo, y lo que debemos tener siempre en mente es nuestro plazo de inversión y nuestro objetivo final: ¿para qué quería invertir?

Cuando ponemos nuestro dinero a trabajar para un largo periodo de tiempo no podemos intentar hacer market timing porque eso, por lo general, no nos va a salir bien siempre. Por ello, antes de acudir a los mercados financieros, es muy importante que realicemos un ejercicio de planificación financiera que parta de nuestra situación actual y que tenga en cuenta nuestros futuros objetivos. Determinar para qué queremos el dinero y cuándo lo vamos a necesitar resulta fundamental para saber qué rentabilidad le tenemos que exigir a los mercados y qué producto de inversión es el que más nos conviene.

Realizar este ejercicio y contar con un asesor financiero nos va a ayudar a trazar un plan a largo plazo y a cumplirlo, a expensas de lo que pase en el mercado. Así, si tenemos un gran horizonte temporal por delante podemos permitirnos asumir más riesgo con nuestras inversiones e ir ajustando nuestro nivel de riesgo a medida que se vaya acercando el plazo final de nuestra inversión o nuestras circunstancias personales cambien.