“Aún no han visto nada”: una mirada clara al momento de mercado
El final de 2025 llega cargado de preguntas, expectativas y mucha conversación sobre la inteligencia artificial. Si uno mira titulares, redes sociales o incluso charlas informales, la sensación dominante es que estamos viviendo un momento histórico en los mercados financieros. Dicho de otro modo, es posible que lo más intenso todavía esté por venir.
En los últimos meses, se ha repetido una idea: ¿estamos ante una burbuja? La palabra “burbuja” suele generar inquietud, pero en realidad es una forma de describir momentos en los que los precios suben más rápido de lo que la lógica parece justificar. Y sí, las búsquedas en Google sobre “AI bubble” se han disparado. Bitcoin ha tenido bajadas bruscas y las grandes compañías tecnológicas que habían liderado el mercado mostraron altibajos. Sin embargo, cada retroceso se ha convertido en una oportunidad para que los inversores vuelvan a entrar. Es como si el mercado estuviera diciendo: “sí, hay dudas, pero hay más razones para seguir adelante que para detenerse”.
Uno de los analistas más escuchados dentro de AllianzGI utilizó un ejemplo muy gráfico: si parece un pato, camina como un pato y suena como un pato, probablemente sea un pato. Pero añadió algo importante: puede que aún no sea un pato adulto, sino un patito. ¿Qué quiere decir con esto? Que el entusiasmo puede ser grande, pero quizá todavía no ha alcanzado su punto máximo. Y eso abre un abanico de oportunidades, pero también la necesidad de estar atentos.
Cuando los mercados suben mucho en poco tiempo, los inversores tienen dos opciones. La primera es apartarse y esperar a que la situación se calme, lo que puede evitar sustos, pero también puede dejar fuera del recorrido final, que a menudo es el más rentable. La segunda opción es participar, pero con cabeza: sabiendo que habrá momentos de volatilidad y que no todo sube para siempre. En Wall Street existe una frase muy repetida: “los bajistas parecen inteligentes; los alcistas ganan dinero”. Y aunque no siempre se cumple, sí refleja el espíritu del momento actual.
Una de las claves es la rotación dentro del mercado. Durante mucho tiempo, la mayor parte de las subidas se ha concentrado en un pequeño grupo de gigantes tecnológicos conocidos como los Magnificent 7. Pero esto empieza a cambiar. Cada vez hay más señales de que otras empresas y otras regiones podrían tomar el relevo. En particular, las compañías estadounidenses de menor tamaño —las pequeñas empresas que suelen estar agrupadas en el índice Russell 2000— podrían empezar a destacar tras años de quedarse atrás. Cuando los tipos de interés bajan y la economía recibe estímulos, estas empresas suelen beneficiarse más que las grandes.
Europa también empieza a ganar protagonismo. Un ejemplo sorprendente es Austria. Aunque no es un mercado del que se hable a diario, su índice bursátil está lleno de bancos y empresas muy ligadas al ciclo económico. Si hubiera avances en el conflicto entre Rusia y Ucrania, Austria sería una de las grandes beneficiadas. Además, si los inversores empiezan a diversificar más allá de las grandes tecnológicas estadounidenses, Europa podría recuperar parte del terreno perdido.
La inteligencia artificial sigue siendo el gran tema global, pero todavía no sabemos si el entusiasmo actual está completamente justificado. Aquí aparece un punto crucial para los inversores: no es solo cuestión de si la IA cambiará el mundo —algo que probablemente hará—, sino de si lo hará tan rápido y de forma tan rentable como muchos esperan. Es posible que parte del dinero que se está invirtiendo en infraestructura, centros de datos y nuevos proyectos acabe siendo excesivo o innecesario si la tecnología evoluciona de otra forma. Y si el mercado llega a esa conclusión, la reacción podría ser muy rápida.
Otro factor decisivo será la política estadounidense. En 2026 habrá elecciones legislativas, y los resultados influirán enormemente en la economía y en los mercados. En los últimos meses se ha hablado mucho de un paquete de devoluciones fiscales conocido popularmente como el “Big Beautiful Bill”, que añadiría 65 000 millones de dólares en reembolsos adicionales para los contribuyentes a principios de 2026. Esto sería un impulso inmediato al consumo y a la actividad económica, pero también podría obligar a la Reserva Federal a ser más estricta con los tipos de interés para evitar un recalentamiento.
La combinación de avances tecnológicos, política fiscal expansiva y cambios en las expectativas de tipos crea un entorno en el que la volatilidad podría aumentar de forma notable en 2026. Pero esto no es necesariamente negativo: significa que habrá momentos de oportunidad, siempre que se aborde con prudencia y visión de largo plazo.
La clave para los inversores individuales es entender que los mercados no se mueven en línea recta. La primera mitad de 2026 podría traer un tramo final de subidas, alimentado por la emoción y la sensación de que la IA lo cambia todo. Después de eso, podría llegar un ajuste más severo, especialmente si los beneficios empresariales no acompañan o si el entusiasmo se enfría. Esto no debe interpretarse como una señal para abandonar el mercado, sino como una invitación a diversificar, evitar concentraciones excesivas y mantener expectativas realistas.
El dólar, por ejemplo, está mostrando fortaleza, lo que puede afectar a las economías emergentes y al precio de las materias primas. El oro, tradicional refugio en tiempos de incertidumbre, está viviendo un momento de renovado interés. Y la renta fija, que durante años pareció irrelevante en comparación con la renta variable, empieza a recuperar atractivo conforme los tipos se estabilizan.
Cuando uno junta todas las piezas, el mensaje central es claro: el mercado está en una fase alcista, pero no exenta de riesgos. Es un entorno dinámico, emocionante y, por momentos, impredecible, donde la información cambia rápido y donde conviene combinar optimismo con prudencia.