El BCE sigue adelante con su estrategia
Michael Krautzberger, CIO Global Public Markets de Allianz Global Investors
En nuestra opinión, los argumentos para una subida de tipos en junio son muy sólidos. El reciente repunte de los precios de la energía ha vuelto a situar la inflación de la eurozona por encima del objetivo, con una inflación general que alcanzó el 3,2% interanual en mayo. Los precios del petróleo se sitúan ahora muy por encima de las previsiones del BCE de marzo, lo que debería llevar a revisar al alza las estimaciones de inflación elaboradas por el organismo. En este contexto, la inflación podría mantenerse significativamente por encima del objetivo durante todo el horizonte de previsión, acercándose al 3% en 2026 y situándose en torno al 2,2% en 2027.
La persistente disrupción en el estrecho de Ormuz refuerza el riesgo de que los elevados precios energéticos se prolonguen más de lo previsto. Más allá de la energía, las primeras señales de presiones inflacionistas más amplias, especialmente en los bienes de consumo, sugieren que comienzan a aparecer efectos de segunda ronda.
El entorno actual difiere notablemente del periodo posterior al COVID, cuando el fuerte repunte de la inflación estuvo impulsado, en parte, por el aumento repentino de la demanda contenida en un contexto en el que las cadenas de suministro seguían fuertemente tensionadas. Sin embargo, el BCE no parece dispuesto a retrasar nuevas medidas. En un entorno marcado por reiteradas disrupciones en la oferta, esperar a una desaceleración más evidente de la demanda implicaría correr el riesgo de quedarse rezagado frente a la inflación.
Es cierto que el contexto económico se está volviendo más frágil. El conflicto en torno a Irán introduce riesgos a la baja, tanto por el aumento de la incertidumbre como por el impacto sobre el poder adquisitivo de los hogares. Por ello, es probable que las previsiones del BCE incorporen estimaciones de crecimiento del PIB algo más débiles. Aun así, la economía de la eurozona sigue mostrando capacidad de resistencia, lo que proporciona margen de actuación al banco central.
Aunque endurecer la política monetaria en un contexto de desaceleración económica no está exento de riesgos, especialmente para las condiciones financieras y la transmisión del crédito, el mayor peligro sería permitir que las expectativas de inflación se desanclaran al alza. Por tanto, una estrategia de endurecimiento gradual y preventiva sigue siendo la opción más prudente.
De cara a los próximos meses, esperamos que la presidenta Lagarde mantenga una postura flexible, al tiempo que respalde implícitamente nuevas subidas de tipos. Nuestro escenario base contempla un último incremento de 25 puntos básicos en septiembre. Un movimiento ya en julio exigiría una sorpresa significativa al alza en los datos de inflación, especialmente en sus componentes subyacentes. Por el contrario, una pausa solo sería probable en caso de un deterioro acusado de las perspectivas de crecimiento o de una moderación clara de las presiones inflacionistas.
En conjunto, el BCE sigue inmerso en un ciclo de endurecimiento monetario. No de forma agresiva, pero sí con una orientación claramente restrictiva. La decisión de junio debe interpretarse como una continuación de esta estrategia: gradual, basada en los datos y firmemente orientada a restaurar la estabilidad de precios.
Esta postura contrasta con la de la Reserva Federal estadounidense, que parece dispuesta a esperar más tiempo pese al mayor impulso económico derivado de la inteligencia artificial. Como consecuencia, esperamos una menor presión alcista sobre la pendiente de la curva de tipos en Europa que en Estados Unidos, así como un retorno más rápido de la inflación hacia el objetivo del banco central.