Es rara la semana en que la vertiginosa capitalización en Bolsa de Amazon, Apple, Alibaba, Facebook y Netflix no genera un titular. Pero hay gurús de la inversión que no se han subido a esa ola de los gigantes tecnológicos. «Como consumidores son muy interesantes, pero todo el mundo lo sabe. Y cuando inviertes en estas compañías, además de saber lo que todo el mundo sabe, debes ser capaz de calcular cuál es la probabilidad de que suba mucho más, y nosotros en esos casos no somos capaces de hacerlo», dice Álvaro Guzmán, fundador con Fernando Bernad, Beltrán Parages y Sergio Fernández Pacheco de Azvalor, una de las gestoras de referencia en España en inversión en valor. Ellos prefieren invertir en minas de oro, cobre y uranio.

Las materias primas suponen a día de hoy aproximadamente dos tercios de las empresas en cartera de Azvalor, que suma más de 1.245 millones de euros bajo gestión a través, fundamentalmente, de sus fondos Internacional e Iberia. La gestora invierte, entre otras, en la minera peruana Buenaventura, en las de oro Agnio Eagle, Barrick Gold y Newton Mining, en el Grupo México (cobre) y en la canadiense Cameco, especializada en uranio.

¿Por qué este activo? «Si temporalmente una materia prima no está de moda, pero se sabe que se necesitará más uranio, cobre o petróleo y va a volver a estar de moda, al comprar al productor más eficiente, compras al mejor. O esa materia desaparece o se gana dinero. Hay poco riesgo, lo que no quiere decir que no haya incertidumbre. Son activos únicos. ¿Amazon es único? Bueno, ahí está Alibaba. En cambio, no se puede replicar la mina de hierro de Rio Tinto en Pilbara o la de cobre de Buenaventura en Cerro Verde», dice Guzmán, que apunta que su tasa de error histórica en el sector es bajísima.

El modelo de inversión en valor o «value investing», que practica Azvalor, se basa a grandes rasgos en comprar acciones de compañías que están baratas por alguna circunstancia temporal, pero tienen potencial de subir. Cuando han alcanzado ese potencial, venden esas acciones obteniendo una rentabilidad y vuelven a comprar acciones de otras compañías baratas. «Tiene que ser una compañía que esté barata, que cotice por debajo de lo que nosotros creemos que vale», indica el gestor. «Si no hay precio barato, no entramos, es la esencia», insiste. Los otros dos criterios que el equipo de análisis tiene en cuenta al decidir en qué empresas invierten es que sea un negocio que puedan entender -«que podamos saber cuánto dinero va a estar ganando en los próximos 5 o 10 años», detalla- y con buenos gestores que pongan al accionista en el centro. Y al estudio de cada compañía dedican cientos de horas para decidir si invierten en ella.

Es lo que Guzmán y Bernad, antiguos gestores de Bestinver junto con Francisco García Paramés, llevan haciendo desde hace 20 años. Ahora están a punto de cumplir cuatro desde que pusieron en marcha Azvalor. «En este tiempo hemos cumplido con los tres pilares de este negocio. Hemos batido a los índices, aunque menos de lo que históricamente lo hemos hecho, pero nuestras cartera tienen un potencial de revalorización frente al índice embalsado y valen el doble. Además, tenemos los clientes correctos: entienden lo que hacemos y cuando hay caídas del mercado, no solo no sacan el dinero sino que a veces incluso ponen un poquito más. Sin esa paciencia no podríamos hacer esto. En tercer lugar, este es un negocio regulado: hemos pasado las inspecciones del regulador y estamos al máximo nivel», resume.

«El foco es la rentabilidad», concluye Guzmán, quien aclara que alcanzar esa rentabilidad «no depende de dos gurús, sino de tener un equipo que tiene que mejorar continuamente, y continuamente estamos buscándolo».

Azvalor ha crecido en productos, con por ejemplo un fondo de «managers» de gestores internacionales, y en capacidad de análisis tras abrir oficina en Londres. Pero el límite siguen siendo los 2.500 millones bajo gestión que los responsables de la firma se han fijado. Cuando lo alcancen, cerrarán los fondos. «Tenemos un pacto de humildad con los clientes: cuanto más dinero entre, más ganamos los socios, pero más difícil es generar rentabilidad para los clientes», explica Guzmán.

 

¿Es el momento ideal del mercado para la inversión en valor?

Las Bolsas han vivido en general una imparable revalorización al calor del ciclo económico expansivo. «La Bolsa americana, por ejemplo, estaba en 2009 en 700 puntos, y ahora está cerca de los 3.000, es decir, se ha multiplicado por cuatro. No está en una tasa de precio sobre beneficios estratostérica, pero después de multiplicarse por cuatro en 10 años eso es algo más que la media histórica. Por lo tanto, hay que tener un poco de cuidado. Pero lo más importante es que es también el momento de mayor dispersión histórica entre los valores «growth» y «value», nunca ha habido tanta dispersión. Eso quiere decir que hay una parte del dinero que ha ido a los fondos índice, a compañías grandes que están en todos los índices… Pero hay un mundo entero que se ha quedado atrás. Las compañías de nuestra cartera están a la mitad de precio que en 2011, mientras que el S&P 500 está al doble. Ahí hay un potencial de revalorización escondido que puede explotar en cualquier momento», explica Guzmán.

 

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