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“De la volatilidad al valor”
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“De la volatilidad al valor”

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Tomás Pintó, director de Renta Variable Internacional de BESTINVER resume 2025 como un año “notable”, tanto por la rentabilidad como por el riesgo asumido y el equilibrio de las carteras. Pero donde pone el énfasis es en el trabajo de fondo: vender negocios que han multiplicado por dos y cinco veces desde la pandemia, reinvertir en compañías de altísima calidad que hoy están fuera del foco del mercado y dejar las carteras preparadas para que, en conjunto, sus beneficios y su generación de caja crezcan alrededor de un 80% en los próximos cuatro años.​

Un año notable, visto con perspectiva

Pintó reconoce que poner nota a un solo año es siempre difícil para un inversor de largo plazo, pero aun así concedería un “notable” a 2025. Bestinfond y Bestinver Internacional han subido aproximadamente un 12,7% y un 10,6%, y, si se miran los últimos tres ejercicios, la rentabilidad compuesta ronda el 17% anual, claramente por encima de la media histórica de la casa.​

En la gama internacional, destaca el avance de Bestinver Latam, con más de un 25%, y el interés creciente en Megatendencias, que cierra el año con una subida en torno al 4% y empieza a reflejar la recuperación de algunos temas estructurales. En Norteamérica, la rentabilidad en euros es prácticamente plana, pero si se mira en dólares supone en torno a un 13%, un recordatorio de que el dólar a veces resta y otras añade, y que no conviene sobreinterpretar un solo año de divisa.​

Vender al 300% para comprar “grises” con descuento

Donde Pintó se muestra más orgulloso es en la rotación de las carteras. Muchas de las compañías que el equipo compró en 2020, en lo peor de la pandemia, y volvió a reforzar tras el estallido de la guerra de Ucrania se han vendido en 2025 con rentabilidades entre el 100% y el 300%, e incluso superiores en algunos casos. Cita, por ejemplo, casos emblemáticos como Heidelberg Materials o Holcim, compradas a múltiplos muy deprimidos cuando el mercado estaba obsesionado con el precio de la energía, y vendidas después de que el relato cambiara y las valoraciones reflejaran ya buena parte del potencial.​

Esa disciplina de vender “un poco antes del pico”, típica del inversor en valor, permite liberar capital para ir a buscar compañías que hoy no están de moda. Pintó habla de negocios de altísima calidad, con retornos elevados sobre el capital y una capacidad probada de generar caja, que el mercado ha arrinconado en lo que él llama el “rincón de las grises”. Pone ejemplos concretos: Airbus, con un libro de pedidos muy atractivo y una posición privilegiada para monetizar sus inversiones en I+D; o DSV, un gigante de la logística que lleva décadas integrando competidores y ha pasado de ser un actor pequeño a líder global manteniendo e incluso mejorando sus retornos. En ambos casos, el equipo está comprando modelos de negocio muy sólidos con descuentos que, en su opinión, rondan el 50–60% frente a lo que valen y frente a comparables.​

Oro, inteligencia artificial y carteras para los próximos cuatro años

En la parte final de la entrevista, la conversación se desplaza hacia los grandes relatos del mercado: primero fue la energía, luego las materias primas, después la defensa y ahora la inteligencia artificial y el oro. Sobre el oro, Pintó es claro: lo define como un “activo mudo”, porque no paga cupón, ni dividendo, ni genera flujos de caja, lo que hace extremadamente complejo valorarlo con los criterios que Bestinver aplica a las empresas. Recuerda que el oro ha mantenido su poder adquisitivo durante siglos, pero que cuando su precio se mueve tres desviaciones estándar por encima de su media histórica el riesgo se incrementa, y subraya el papel que han jugado las compras de algunos bancos centrales y como el resto de inversores han ayudado a alimentar esta narrativa.​

Frente a la volatilidad de estos relatos, la respuesta del equipo es volver siempre a lo mismo: modelos de negocio comprensibles, previsibilidad razonable de beneficios y generación de caja, y disciplina para comprar cuando el mercado se obsesiona con el corto plazo y vender cuando se instala la euforia. En este contexto encaja también la gestión de grandes nombres ligados a la inteligencia artificial, como Meta, Alphabet o Microsoft: en Meta, por ejemplo, el equipo ha vendido cerca de 750–780 dólares por acción para recomprar por debajo de 600, aprovechando el pánico y la euforia del mercado; en Alphabet, entraron cuando se percibía como “perdedora” de la IA a múltiplos muy bajos y han tenido que vender tras un rápido ajuste al alza; y en Microsoft destacan la fortaleza de un modelo de negocio muy difícil de “disruptear”.​

Con todo ello, Pintó resume la posición actual de las carteras de forma sencilla: hoy reúnen compañías muy buenas, gestionadas por equipos que admiran, y con un potencial agregado de crecimiento de beneficios y generación de caja cercano al 80% en los próximos cuatro años, aunque unas aportarán más que otras. El objetivo es que estas carteras funcionen en entornos muy distintos —con tipos de interés altos o bajos, dólar fuerte o débil, mejor comportamiento de Europa o de Estados Unidos— y que, más allá del ruido, permitan al partícipe capturar esa concatenación de máximos históricos que, a largo plazo, ha caracterizado a la renta variable.

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