Muchos analistas han sugerido que invertir hoy en renta fija implica un mayor nivel de riesgo que en años anteriores, puesto que el ciclo se aproxima a su fin. Por desgracia, esta afirmación no solo resulta poco constructiva en términos de inversión, sino que además se revela imprecisa cuando examinamos de cerca las fluctuaciones entre las diferentes industrias, sectores y regiones. Conforme formulamos nuestras perspectivas sobre el mercado de renta fija en 2019, consideramos que existen oportunidades para generar atractivos ingresos ajustados al riesgo. Con el fin de identificar dichas oportunidades será necesario comprender cómo los mercados se ven influenciados por las divergentes políticas monetarias y ciclos crediticios.

Cuatro ciclos diferentes

1. Ciclo de la política monetaria:

El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) emprendió un ciclo de endurecimiento hace cinco años; en la actualidad, esta institución se halla próxima a lo que describe como un «tipo neutral». Con probabilidad, la Fed dejará de utilizar la orientación futura («forward guidance») como un factor determinante de la dirección de su política, para centrarse en la dependencia de los datos («data dependence»), por lo que las recientes tendencias de los datos revestirán cada vez más importancia.

Si no se observa ningún repunte de la inflación, la Fed hará probablemente una pausa en su ciclo de subidas trimestrales de tipos en 2019 y abogará por un enfoque de «esperar y ver». Mientras tanto, otros bancos centrales se encuentran en posiciones diferentes. En Europa, se prevé que el Banco Central Europeo empiece a subir los tipos de interés el año que viene, mientras que, en el Reino Unido, el Banco de Inglaterra podría reconsiderar su política de tipos de interés bajos en el
caso de que se alcance un acuerdo razonable sobre el brexit. Por lo que respecta a los mercados emergentes, observamos divergencias en materia de política monetaria, puesto que algunos bancos centrales seguirán, a buen seguro, la estela de aquellos que ya están acometiendo subidas de tipos. 

2. Ciclo del crédito soberano:

El crecimiento ha superado las expectativas en Estados Unidos en 2018, lo que contrasta con la desaceleración registrada en otros mercados desarrollados y emergentes. En 2019, parece poco probable que vuelva a repetirse esta situación, ya que anticipamos una relación más equilibrada, con una estabilización del crecimiento en Europa y un repunte en los mercados emergentes.

Algunos países, como Brasil, México, Turquía, Argentina e incluso Italia, han decepcionado en términos de crecimiento y política en los últimos años, y muchos de estos países podrían constituir buenas inversiones si los responsables políticos lograran gestionar la deuda de manera sostenible. 

No obstante, para ser recompensados, los países deben demostrar un compromiso a favor de instituciones creíbles y adoptar políticas fiscales prudentes.

3. Ciclo del crédito corporativo:

Los niveles agregados de apalancamiento en el sector de crédito corporativo se hallan, hoy en día, en cotas más altas que hace cinco años. Sin embargo, existe una enorme divergencia en términos sectoriales y regionales. Mientras que algunas compañías han aumentado su apalancamiento, otras han reducido sus niveles de endeudamiento. Observamos una recuperación de los beneficios en los sectores de energía, metales y minería, después de tres años de precios menguantes e impagos al alza. Los parámetros de crédito en el Viejo Continente parecen gozar de una mayor fortaleza que en
Estados Unidos, mientras que otras regiones, como China, muestran unos niveles de deuda más inquietantes. Ahora bien, los diferenciales de crédito parecen caros respecto a sus medias históricas, de ahí que nos centremos en aquellas compañías y sectores que se esfuerzan por mantener unos balances sólidos con el fin de sortear la futura volatilidad potencial.

4. Ciclo del crédito al consumo:

Los consumidores, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo, arrancan el año 2019 en su mejor posición tras la crisis financiera. El crecimiento de los ingresos por fin está dando señales de vitalidad, al tiempo que el endeudamiento de los hogares se mantiene en cotas bastante reducidas.

Los distribuidores minoristas tradicionales seguirán viéndose sometidos a presión, dado el cambio en las preferencias de los consumidores a favor de las compras en línea, aunque se trata de una transformación secular en los patrones de consumo, en lugar de una señal de debilidad. En general, consideramos que el entorno resulta propicio para invertir en ámbitos del mercado vinculados con la vivienda y el gasto en consumo.

Unas perspectivas más halagüeñas

Resulta demasiado simplista describir el mercado de renta fija en 2019 con la expresión «final del ciclo». La política monetaria exhibe trayectorias divergentes a escala mundial. Los tipos de interés en Estados Unidos revisten un mayor atractivo por la significativa subida de los rendimientos, y la función de reacción de la Fed tiene visos de cambiar. A la vez, seguimos adoptando una postura defensiva sobre los tipos de interés en otros mercados desarrollados, donde el ciclo de subidas de
tipos no ha hecho sino empezar. En lo que respecta al crédito corporativo, nos preocupa el elevado nivel de apalancamiento de las compañías estadounidenses, pero detectamos oportunidades en la renta fija corporativa ligadas a las divergencias entre sectores y regiones. El ciclo del crédito al consumo es un foco de luz, e identificamos oportunidades interesantes para generar ingresos en el mercado de productos estructurados. El crédito soberano —en particular, el de los mercados emergentes— ofrece una interesante oportunidad en 2019 tras el drástico repunte de los rendimientos, si bien anticipamos enormes diferencias entre los países. Aunque 2018 resultó un año negativo para la renta fija, 2019 podría deparar unos resultados mucho más atractivos para los inversores que sepan gestionar unos ciclos de política monetaria y de crédito muy divergentes.