Jugando para ganar tiempo
Los bancos centrales ganan tiempo mientras la inflación se modera
Por Anthony Willis, Economista Senior
- Los mercados parecen estar entrando en una fase más mesurada tras un primer semestre de 2026 volátil.
- Los temores a un endurecimiento agresivo de la política monetaria de los bancos centrales se han disipado a medida que los precios del petróleo han retrocedido desde sus máximos recientes.
- La inflación sigue siendo elevada, pero hasta ahora hay escasas evidencias de una segunda oleada generalizada.
- Es probable que los bancos centrales mantengan la paciencia y dependan de los datos a medida que evalúan la durabilidad de las presiones sobre los precios.
- Un contexto de política monetaria menos adverso y un crecimiento resistente podrían respaldar un entorno de mercado más constructivo en el segundo semestre de 2026.
Tras un primer semestre intenso, los mercados financieros parecen estar entrando en una fase más mesurada. Es probable que el segundo semestre de 2026 gire en torno a la interacción entre la inflación, la política monetaria de los bancos centrales y la resiliencia del crecimiento global, en un contexto ya sometido a prueba por la disrupción geopolítica.
Las perspectivas de los bancos centrales están cambiando de nuevo. A principios de este año, los mercados temían que los responsables de la política monetaria se vieran obligados a aplicar subidas de tipos más agresivas a raíz del repunte de los precios del petróleo tras el conflicto entre EE.UU. e Irán. Esos temores se han disipado a medida que el petróleo ha retrocedido hacia los 70 dólares por barril, reduciendo la presión a corto plazo procedente de los mercados energéticos.
Hasta ahora, el impulso inflacionario no apunta a una segunda oleada generalizada. La inflación general ha subido, con la inflación estadounidense por encima del 4% y la británica por encima del 3%, pero los datos subyacentes no sugieren la aceleración persistente observada en 2022. Aunque la energía ha elevado las medidas generales de inflación, hay escasas evidencias de que esté trasladándose de forma decisiva a una fijación de precios más amplia.
Esto es relevante para los inversores. Hace unos meses, el riesgo era que los bancos centrales se vieran arrastrados a otro ciclo de endurecimiento. Ahora eso parece menos probable. La inflación sigue siendo demasiado elevada para estar cómodos, pero la probabilidad de subidas de tipos agresivas ha disminuido a medida que el shock del petróleo se ha disipado y la economía ha seguido absorbiendo las disrupciones recientes.
Los precios de mercado reflejan este cambio, aunque las expectativas siguen siendo cambiantes. En EE.UU., los mercados descuentan todavía una posible subida de tipos por parte de la Reserva Federal este año, pero no hasta diciembre, con solo un movimiento total modesto implícito para 2026. La primera reunión bajo el liderazgo de Kevin Warsh será, por tanto, seguida de cerca, ya que los inversores buscan claridad sobre cómo el nuevo presidente de la Fed orientará la política cuando la inflación es elevada pero el crecimiento ha demostrado ser más resistente de lo temido.
En el Reino Unido, las expectativas han cambiado aún con más contundencia. Los mercados comenzaron el año anticipando bajadas de tipos por parte del Banco de Inglaterra, y luego pasaron a descontar múltiples subidas a medida que se intensificaban las preocupaciones inflacionarias. Hoy, descuentan solo una subida adicional, y no hasta el próximo mes de marzo. La inflación en el Reino Unido podría volver a subir a corto plazo cuando se traslade el tope al precio de la energía, pero la pregunta clave es si resultará ser temporal o quedará incorporado. Por ahora, el balance de evidencias sugiere que las presiones inflacionarias deberían moderarse de nuevo a finales de año.
El Banco Central Europeo ya ha subido los tipos, y los mercados esperan un movimiento adicional. Incluso allí, las expectativas podrían ajustarse si los datos continúan mostrando que el shock energético no está generando un problema de inflación más persistente. El Banco de Japón sigue una senda diferente al normalizar su política, con otra posible subida de tipos antes de que finalice el año.
En los principales bancos centrales, el hilo conductor es la paciencia. Es probable que los responsables de la política monetaria sigan dependiendo de los datos, vigilando si las subidas de precios relacionadas con la energía se están trasladando a una inflación más generalizada. Por ahora, la ausencia de un efecto de segunda ronda claro les da margen para esperar en lugar de actuar de forma preventiva. Es poco probable que la política monetaria se vuelva acomodaticia, pero el contexto podría ser menos adverso de lo que los mercados temían a principios de año.
Para los mercados, esto es importante. Un contexto de bancos centrales menos amenazante sería favorable, especialmente si la resiliencia económica persiste. El crecimiento se ha visto mermado durante los últimos tres meses, pero no lo suficiente como para socavar la visión de que la economía global puede seguir expandiéndose a un ritmo razonable este año. Si el shock geopolítico sigue contenido y la confianza se estabiliza, las previsiones de crecimiento podrían incluso albergar cierto potencial alcista.
La clave para el segundo semestre es el equilibrio. Los inversores deben mantenerse alerta ante el riesgo de que la inflación resulte más persistente de lo esperado, especialmente si los precios del petróleo vuelven a subir o las presiones de precios internas se amplían. No obstante, el escenario central es más constructivo de lo que era en el punto álgido de la ansiedad reciente del mercado. Si los precios del petróleo continúan normalizándose, las presiones inflacionarias deberían moderarse y los bancos centrales deberían tener menos necesidad de endurecer su política de forma agresiva. En ese entorno, las perspectivas siguen siendo positivas, y los mercados podrían descubrir que el segundo semestre tiene menos que ver con reaccionar a los shocks que con ganar tiempo mientras los datos ofrecen una señal más clara.
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