Las perspectivas sobre los activos de riesgo en 2020 se revelan muy alentadoras. Esto se debe principalmente a la relajación monetaria mundial de 2019: los bancos centrales que supervisan dos tercios de la economía mundial han acometido recortes de tipos.

De esto se deriva un reducido riesgo de recesión y una renovada confianza de los consumidores. También representa una enorme disminución del coste del capital para las compañías; por regla general, la reducción de 100 puntos básicos del rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años se traduce en una revalorización de en torno al 15% del S&P 500. Este año, el rendimiento a 10 años ha caído 150 p.b.1 Se necesitaría un pronunciado aumento de los rendimientos de los bonos para poner freno a esta tendencia.

El crecimiento de los beneficios de los componentes del índice S&P 500 ronda el 2%-3% interanual, aunque esta tasa podría acelerarse fácilmente hasta el 12% en los 12 próximos meses1, sobre todo si tenemos en cuenta las escasas perspectivas de que la Fed estadounidense adopte medidas restrictivas en un año de elecciones. En caso de alcanzarse un acuerdo comercial (de cualquier envergadura) entre Estados Unidos y China, los beneficios podrían aumentar aún más rápido.

La producción industrial se ha revelado muy frágil (en Alemania, se ha reducido un 5% en términos interanuales1), pero se observan señales de que el ciclo está a punto de dar un vuelco y, suponiendo que no entremos en recesión, anticipamos un aumento del 3% en Alemania para el próximo año. Las firmas de elevada calidad que operan en sectores más cíclicos se comportarán satisfactoriamente al menos durante la primera mitad del año (por ejemplo, los semiconductores y los productos químicos) y, pese a la amenaza de una regulación más estricta que planea sobre los gigantes tecnológicos, consideramos que Google podría revalorizarse.

1 Fuente: Bloomberg 2019