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La tendencia a la baja de los precios del petróleo podría estar enmascarando riesgos de inflación persistente
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La tendencia a la baja de los precios del petróleo podría estar enmascarando riesgos de inflación persistente

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El mes de junio llevó a los inversores a reevaluar las expectativas de inflación. La aparente resolución de las tensiones entre EE.UU. e Irán tiró con fuerza a la baja de los precios del petróleo y mejoró las perspectivas a corto plazo para la inflación general (aunque las últimas informaciones apuntan a que el alto el fuego podría haber terminado). Sin embargo, los datos económicos resistentes y los mensajes de cautela de los bancos centrales sugieren que los mercados podrían haber caído en un optimismo excesivo en relación con la trayectoria de regreso hacia los objetivos. Por lo tanto, podríamos estar inmersos en un entorno macroeconómico en el que la tendencia a la baja de los precios de la energía podría estar ocultando unas presiones subyacentes en la inflación más persistentes.

La economía estadounidense sigue superando las previsiones, aunque la situación de fondo es cada vez más compleja. El gasto de consumo ha aguantado, aunque aquí podrían estar actuando efectos temporales relacionados con la Copa del Mundo de fútbol, mientras que los indicadores de la vivienda y el mercado laboral han empeorado, lo que apunta más a un enfriamiento gradual que a una desaceleración importante.

El contexto de inflación se está complicando cada vez más. Aunque se prevé que la caída de los precios del petróleo rebaje la inflación general durante los próximos meses, la inflación subyacente no decae y la demanda todavía tiene que debilitarse lo suficiente como para poder pensar que la inflación regresará de forma duradera al objetivo. Sin embargo, los mercados siguen descontando unas perspectivas de inflación favorables con un descenso previsto del IPC general por debajo del 2% el próximo año, una visión que parece más optimista de lo que sugieren los últimos datos y el discurso de los bancos centrales.

La comunicación de los bancos centrales transmite esta desconexión. La Fed mantiene el rumbo y contrapone la resistencia de la actividad y la persistente inflación subyacente al descenso de los precios de la energía y al deterioro de las señales del mercado laboral. Aunque el nombramiento del presidente Warsh ha suavizado los temores relativos a la independencia del banco central, también ha elevado la incertidumbre en torno a la función de reacción de la Fed. En Europa, el BCE sigue dejando la puerta abierta a otra subida de tipos en septiembre en el caso de que la inflación persista.

Los mercados de deuda pública subieron cuando la caída de los precios del petróleo mejoró las perspectivas de la inflación general, pero más allá del corto plazo, los mercados podrían estar dando demasiada importancia al descenso de la energía y muy poca a la persistencia de las presiones de fondo sobre la inflación. Aunque la caída de los precios de la energía debería relajar la inflación general, el crecimiento resistente, la persistente inflación subyacente y la cautela que siguen mostrando los bancos centrales sugieren que las presiones de fondo sobre la inflación se mantienen. Al mismo tiempo, los déficits presupuestarios y el elevado volumen de emisiones de deuda pública siguen presionando los rendimientos en los vencimientos más largos. Por lo tanto, seguimos prefiriendo un enfoque táctico de la duración, en lugar de aumentar de forma significativa el riesgo de tipos de interés de la cartera.

Los mercados de bonos corporativos han mostrado resistencia, a pesar de las elevadas valoraciones. Los diferenciales de los bonos investment grade se mantienen cerca de mínimos históricos, sostenidos por unos sólidos fundamentales empresariales y una constante demanda de rentas. Las emisiones vinculadas a la IA siguen absorbiéndose bien, aunque el aumento de la oferta futura justifica una vigilancia más estrecha, ya que podría terminar poniendo a prueba las variables técnicas del mercado.

Por lo tanto, el posicionamiento sigue siendo selectivo. Los diferenciales estrechos dejan poco margen para la revalorización del capital, lo que convierte al carry en la principal fuente de rentabilidades. Dentro de los bonos high yield, los emisores con calificación BB siguen ofreciendo un valor ajustado al riesgo atractivo, gracias a unas tasas de impago extraordinariamente bajas y unos diferenciales que superan ampliamente las pérdidas crediticias realizadas. En conjunto, las valoraciones forzadas y las divergencias de tipo técnico refuerzan los argumentos a favor de la deuda corporativa de mayor calidad, añadiendo riesgo de forma selectiva allí donde la compensación siga siendo atractiva.

Marion Le Morhedec

CIO global del área de Renta Fija


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