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Venezuela: implicaciones para los mercados
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Venezuela: implicaciones para los mercados

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Por Salman Ahmed - Responsable global de macro y asignación estratégica de activos en Fidelity International

El impacto en el mercado del ataque militar de EE. UU. a Venezuela probablemente se concentrará en la deuda del país. Cualquier escalada podría implicar repercusiones más amplias, pero por ahora eso parece poco probable.

El 3 de enero de 2026, Estados Unidos lanzó un ataque militar contra Venezuela, capturando al presidente Nicolás Maduro y a su esposa. Se espera que enfrenten cargos por narcotráfico en un tribunal de Nueva York. El presidente Trump anunció que EE. UU. “administrará” Venezuela hasta que se produzca una “transición segura, adecuada y prudente”.

Esto marca la intervención más directa de Washington en América Latina desde la invasión de Panamá hace 37 años, que derrocó al gobernante militar de ese país. Rusia, China, México, Cuba e Irán han condenado los ataques por considerarlos una violación de la soberanía y del derecho internacional, mientras que la UE y varias capitales europeas instan a la desescalada y al respeto de las normas jurídicas internacionales.

Venezuela, que alberga las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, lleva años sumida en un declive económico y bajo sanciones

Implicaciones para los mercados

En el momento de redactar estas líneas, los mercados globales aún no han incorporado plenamente este acontecimiento.

Petróleo

Se espera cierta volatilidad en los precios del crudo ante el temor de una interrupción temporal de las exportaciones venezolanas. Si la operación conduce a un alivio de sanciones (muy probable) y a un aumento de la oferta venezolana en un horizonte de dos a cuatro años, esto podría ser bajista para los precios del petróleo a corto y medio plazo. 

Sin embargo, este resultado depende de la estabilidad interna, la dinámica política en EE.UU. y el retorno del capital extranjero. Las acciones de las compañías petroleras estadounidenses ya han subido a doble dígito tras la noticia.

Oro

El oro entra en este evento tras un rally histórico en 2025 (subió entre un 60 y un 70 %), cotizando cerca de máximos históricos, en torno a USD $4.300–4.500/oz, impulsado por el riesgo geopolítico elevado, un dólar más débil, expectativas de nuevas medidas de estímulo de la Fed y una fuerte demanda tanto de bancos centrales como minorista.

El ataque a Venezuela refuerza la narrativa de un orden mundial fragmentado, lo que respalda asignaciones estratégicas al oro como cobertura frente a un mundo que se fragmenta rápidamente. Pero también aumenta el riesgo de corrección a corto plazo, dado lo sobrecomprado que se encuentra desde el punto de vista técnico.

Activos emergentes en general

Históricamente, cuando los riesgos extremos (como un conflicto prolongado) se disipan, la deuda soberana en situación de impago o de estrés en mercados emergentes suele repuntar ante las expectativas de cambio de régimen, alivio de sanciones y eventual reestructuración. Es probable que veamos un patrón similar esta vez, con señales tempranas de que el régimen está dispuesto a cooperar con EE.UU., lo que podría impulsar aún más los precios de los bonos. 

Por último, las renovadas amenazas de EE.UU. contra Irán -que actualmente vive protestas violentas contra el régimen en todo el país- merecen un seguimiento cercano, dado el nuevo apetito de la administración Trump por actividades que provoquen cambios de régimen.

Conclusión

El impacto directo se concentrará en la deuda soberana venezolana y en ciertas primas de riesgo en Latinoamérica. Desde una perspectiva macro global, no se espera que el impacto sea incremental, salvo que escale hacia un conflicto más amplio que involucre a grandes potencias, lo cual parece muy improbable. En el panorama general, con la frecuencia creciente de estos choques, los mercados se han vuelto en gran medida insensibles a conflictos localizados, salvo que afecten a rutas energéticas clave o bancos sistémicos globales. 

Los inversores pueden ver esto como otro dato más en un orden mundial estructuralmente fragmentado: favorable para el oro y coberturas defensivas, pero no como un evento aislado que modifique el nivel de riesgo global.

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