El optimismo cunde en los mercados
Xavier Chapard, estratega de LBP AM, accionista mayoritario de LFDE
Los precios de la energía han descendido considerablemente esta semana y han regresado a los niveles en los que se movían al inicio del alto del fuego a mediados de mayo. El crudo ha registrado una caída bastante notable, hasta situarse por debajo de los 100 dólares por barril. Las conversaciones entre EE. UU. e Irán continúan y avanzan, aseguran ambos bandos. Sin embargo, no se ha anunciado ningún progreso concreto y siguen produciéndose ataques «en defensa propia».
A la vista del impacto del bloqueo del estrecho de Ormuz, que es prácticamente total desde hace tres meses y reduce en un 10 % la oferta mundial de petróleo (y gas), la subida de los precios está siendo sorprendentemente contenida. En nuestra opinión, esta evolución obedece al optimismo en torno a la probabilidad de una salida rápida a la crisis y al hecho de que las reservas (estadounidenses y chinas en el caso del petróleo, y europeas en el del gas) han amortiguado en gran medida el impacto en la oferta, al menos hasta ahora.
Tras la continuación del rebote de los mercados esta semana, nuestro escenario principal, según el cual el ciclo económico y financiero mundial se ve alterado, pero no cuestionado, parece estar plenamente descontado en los precios de los activos. Este hecho limita el potencial alcista de las bolsas a corto plazo y aumenta el riesgo de corrección en el caso de que se materialice un escenario adverso. En estas condiciones, pensamos que lo prudente es reducir hasta neutral el posicionamiento en los activos de riesgo.
En EE. UU., el consumo resiste gracias al empleo y a los hogares acomodados, pero se debilita bajo el peso de una inflación que erosiona la renta real. Esta circunstancia debería mantener el crecimiento por debajo del 2 % a mediados de año. En cuanto a los precios, en abril la inflación aceleró algo menos de lo que se temía. La inflación se mantiene más de un punto por encima del objetivo de la Reserva Federal y los riesgos para el empleo están bajo control, por lo que pensamos que el banco central va a mantener los tipos sin cambios y a adoptar un discurso neutral en junio.
En la zona euro, la actividad se está ralentizando claramente en el segundo trimestre, pero sin desplomarse. Este hecho resulta tranquilizador tras la fuerte caída del PMI en mayo, sobre todo en Francia, pese a que los riesgos siguen orientados a la baja durante los próximos meses. Paralelamente, las empresas indican que el aumento de sus precios de venta no va a acelerar en mayo a pesar del encarecimiento de los costes, lo que sugiere que los efectos indirectos de la crisis energética sobre la inflación deberían ser más limitados que en 2022. En estas condiciones, seguimos pensando que el BCE podría adoptar un tono más neutral tras la subida de tipos prevista en junio.