Enguerrand Artaz (LFDE): “Los bancos centrales, y la Fed en particular, no tienen ningún interés en avivar el fuego”
Enguerrand Artaz, estratega de La Financière de l’Échiquier (LFDE)
La última rueda de prensa de Kevin Warsh, tras la reunión de la Fed del 29 de julio, dejó a los mercados en la incertidumbre respecto a las intenciones del nuevo presidente del banco central. El simposio de Jackson Hole, previsto para los días 27 a 29 de agosto, podría brindar la oportunidad de aclarar su postura, aunque los últimos datos económicos de EE. UU. permiten a la Fed tomarse su tiempo. De hecho, el último informe de empleo de la Oficina de Estadísticas Laborales se situó muy por debajo de las expectativas, caracterizado sobre todo por la pérdida de puestos de trabajo y unas cifras de inflación muy bajas. Al mismo tiempo, los datos de inflación fueron ligeramente mejores de lo esperado, lo que indica que no existe una presión al alza significativa sobre los precios. Por lo tanto, a primera vista, la Fed no tiene motivos para precipitarse a subir los tipos en su reunión de septiembre.
Dicho esto, creemos que la subida de los tipos de interés sigue siendo una cuestión clave. Si nos fijamos únicamente en las cifras de empleo no agrícola, los datos de empleo de los dos últimos meses parecen débiles. Sin embargo, más allá de las apariencias, los datos demuestran ser significativamente más resistentes. En cuanto a la inflación, aunque las últimas cifras son alentadoras, se necesitaría una racha especialmente débil —con una inflación media de apenas el 0,1 % mensual— para que la inflación subyacente convergiera hacia el objetivo de la Fed a finales de año. Por lo tanto, en nuestra opinión, sigue siendo plausible una subida de tipos en la reunión de diciembre.
Sin embargo, es poco probable que la Reserva Federal vaya mucho más allá de eso. En primer lugar, porque el equilibrio entre empleo e inflación no lo exige, al menos en esta fase. La presión de Kevin Warsh para subir los tipos refleja, en nuestra opinión, más bien un deseo de dejar huella y de volver a situar la credibilidad en materia de inflación en el centro de las actuaciones de la Fed. En segundo lugar, la cuestión de los niveles de los tipos de interés se está volviendo cada vez más acuciante, dado que los tipos a largo plazo han estado subiendo de forma constante en todo el mundo en los últimos meses, y el rendimiento de los bonos estadounidenses a 30 años ha llegado recientemente incluso a su nivel más alto desde 2007. Esta situación plantea el riesgo de que el mercado de renta fija se descontrole, lo que podría afectar a las finanzas públicas —a través de la carga de los intereses de la deuda— así como a la economía en general, sobre todo a medida que se acelera la emisión de deuda privada, en particular para financiar la inteligencia artificial. En un contexto en el que la inflación, aunque se mantiene ligeramente por encima de los objetivos, no es perjudicial ni está impulsada por un sobrecalentamiento de la economía, los bancos centrales —y la Fed en particular— no tienen ningún interés en avivar el fuego.