Enguerrand Artaz (LFDE): "Los inversores, atentos a la realidad de los flujos de hidrocarburos procedentes de Oriente Medio"
Un TACO sin sabor
Enguerrand Artaz, estratega de La Financière de l’Échiquier (LFDE)
El acrónimo TACO, del inglés «Trump Always Chickens Out», surgió en el verano de 2024 para describir los cambios de opinión del candidato republicano durante la campaña, concretamente sobre el debate con su adversario demócrata. Después, se volvió muy popular entre los inversores el año siguiente para referirse a los numerosos volantazos del presidente estadounidense, sobre todo en relación con la subida de los aranceles. Así, el «TACO trade» se convirtió poco a poco en un gancho. En pocas palabras, cualquier tensión en los mercados desencadenada por una acción o declaración de Donald Trump terminaría provocando antes o después una marcha atrás por su parte, abriendo la puerta a un rebote de los activos de riesgo. Esta lógica funcionó a la perfección durante todo el año 2025 y alimentó el acto reflejo de comprar con las caídas («Buy the dip»), muy popular en especial entre los inversores particulares.
En el marco del conflicto iraní, esta lógica sigue actuando en parte, pero el mecanismo parece haberse averiado. Después de amenazar durante el fin de semana del 21 y 22 de marzo con destruir las infraestructuras energéticas iraníes si el estrecho de Ormuz no se reabría en 48 horas, el presidente estadounidense anunció el lunes 23 de marzo una ampliación de 5 días del plazo de reapertura, aduciendo «conversaciones muy productivas». Al calor de este anuncio, los contratos a plazo en los mercados estadounidenses llegaron a subir un 4% en cuestión de minutos, para volver a perder todo lo ganado durante los tres días siguientes. El jueves 26 de marzo, Donald Trump volvía a retrasar su amenaza, esta vez hasta los 10 días, «a petición del gobierno iraní», en sus palabras. Esta vez, los contratos a plazo sobre el S&P 500 tan solo ganaron algo más de un 1%, para borrar esta subida en cuestión de horas.
Este agotamiento del «TACO trade» no tiene nada de sorprendente, en el fondo. Los inversores no hacen más que rendirse ante una evidencia que todavía se le escapa al inquilino de la Casa Blanca: en esta historia, contrariamente al episodio de los aranceles, él ya no es el único que toma decisiones. En paralelo a las afirmaciones de Donald Trump según las cuales «las conversaciones van muy bien», Irán e Israel siguen intercambiando disparos de misiles, la tensión aumenta en el resto de los países del golfo y, sobre todo, el estrecho de Ormuz sigue estando impracticable en gran medida. He ahí el meollo de la cuestión. Poco importan las veces que el presidente estadounidense dé marcha atrás en su amenaza contra las infraestructura iraníes y sus afirmaciones de que las negociaciones se desarrollan favorablemente. Lo único que calmará los mercados es una reapertura oficial del estrecho de Ormuz.
Y el tiempo apremia. Cada día que sigue cerrado este paso se agrava el riesgo de saturación de las capacidades de almacenamiento de petróleo en el golfo y, por extensión, de que se produzcan interrupciones de la producción en cascada. Irak ya está sufriendo esta situación. La producción de los campos petrolíferos del sur del país ha descendido hasta alrededor de 800 000 barriles diarios, frente a los más de 4 millones antes del inicio del conflicto, mientras que los niveles de almacenamiento alcanzan límites críticos. La situación comienza a tensionarse también en Kuwait, y prueba de ello es el reciente anuncio de recorte de la producción por parte de la empresa estatal Kuwait Petroleum Corporation. Aunque los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí disponen a corto plazo de algo más de capacidad de maniobra gracias a sus oleoductos, a largo plazo no será suficiente, toda vez que el desvío a través del mar Rojo también está en riesgo tras aumentar las amenazas de ataques por parte de los hutís, aliados de Irán.
Así pues, el «TACO trade» se topa de bruces actualmente con la realidad sobre el terreno y las piruetas de Donald Trump nada pueden hacer ante la acumulación de reservas y los ceses de la producción. En el caso de los inversores, la estrategia debe cambiar radicalmente; ya no se trata de apostar por la psicología del presidente estadounidense, sino de estar atentos a la realidad de los flujos de hidrocarburos procedentes de Oriente Medio. Sin perder de vista que el reloj no se detiene.
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