Los mercados ya están comprando el mantenimiento del alto el fuego y la reapertura del estrecho de Ormuz
Xavier Chapard, estratega de LBP AM, accionista mayoritario de LFDE
El alto el fuego en Irán se mantiene y el alto el fuego de 10 días entre Israel y el Líbano comienza hoy. Al mismo tiempo, el bloqueo de los puertos iraníes por EE. UU. refuerza las tensiones y las posiciones antagónicas de las partes en conflicto en relación con el control del estrecho de Ormuz y el programa nuclear iraní, unos desacuerdos que impiden el avance de las negociaciones.
Los mercados financieros están poniendo el foco en las conversaciones para prorrogar el alto el fuego más allá del próximo martes. La renta variable mundial, aupada por EE. UU., supera su nivel anterior a la guerra y el VIX (la volatilidad implícita de las bolsas estadounidenses, conocido como «el índice del miedo») volvió a caer por debajo del 18 % previo al conflicto. No obstante, el retroceso de los tipos de los bonos es más limitado, ya que los mercados siguen descontando expectativas de inflación y tipos de referencia más elevados que antes del inicio de las hostilidades.
El FMI ha recortado ligeramente sus previsiones para el crecimiento mundial este año (0,2 pt), de tal modo que el crecimiento resistiría por encima del 3 %. Este escenario «de referencia» está basado en unos supuestos relativamente halagüeños sobre la crisis energética. Sin embargo, la entidad mantiene la prudencia en relación con los riesgos de una sacudida más importante y duradera y ha presentado escenarios más negativos que reducirían el crecimiento mundial hasta bordear la recesión si el precio medio del petróleo superara los 100 dólares por barril durante los próximos dos años.
Esta proyección es coherente con nuestro escenario principal: una desescalada que comienza durante el mes de abril y permite un retroceso bastante rápido, aunque no completo, de los precios de la energía de aquí al verano. En este escenario, el ciclo mundial quedaría preservado a pesar de una ralentización a mediados de año, en especial en Asia menos China y en Europa. Sin embargo, no descartamos un escenario negativo, puesto que los riesgos siguen siendo elevados: más que la falta de un acuerdo duradero entre EE. UU. e Irán, la reactivación del conflicto y la reducción del tráfico a través del estrecho de Ormuz amenazarían con golpear directamente a la economía, en forma de escasez de suministro, y podrían dar al traste con la normalización de la confianza de las empresas, lo que pondría en riesgo el ciclo mundial.
En cuanto a los datos de coyuntura, el crecimiento chino sorprendió al alza en el primer trimestre al repuntar del 4,5 % al 5,0 %. Sin embargo, este crecimiento está muy descompensado, ya que volvió a estar impulsado por la producción industrial y las exportaciones, mientras que el consumo y la inversión privada siguen de capa caída. Pensamos que, con la continuación de los estímulos focalizados de las autoridades, China debería situarse en la parte media del objetivo de crecimiento del 4,5-5,0 % este año. En este sentido, las perspectivas de China aportan estabilidad en este periodo agitado.
En EE. UU., los últimos datos son tranquilizadores. Las solicitudes de subsidio de desempleo seguían siendo muy bajas a comienzos de abril, lo que sugiere que el mercado laboral se mantiene estable, y las primeras encuestas de las Fed regionales no manifiestan una ralentización notable de la actividad en esta fase.
En Europa, la inflación de la zona euro en marzo se revisó ligeramente al alza, hasta el 2,6 %. Este hecho no debería alterar el análisis del BCE: cada vez más miembros de su órgano de gobierno indican que una subida de los tipos en abril probablemente sería prematura. Seguimos esperando una única subida de tipos del BCE en junio, mientras que el mercado todavía descuenta dos.