La Financière de l'Echiquier (LFDE)
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La economía mundial sigue atenazada por la guerra

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Sebastian Paris Horvitz, director de análisis de LBP AM, accionista mayoritario de LFDE

El estrecho de Ormuz continúa cerrado por el bloqueo iraní y estadounidense. En estas condiciones, no sorprende que el precio del barril de petróleo —Brent— se mantenga muy por encima de los 100 dólares. Durante las últimas horas, hemos asistido a una serie de escaramuzas, como el ataque de Irán a un puerto de los Emiratos.

Los riesgos para la economía mundial están acrecentándose a causa de una crisis energética prolongada que aúna alzas importantes de los precios y escasez. Si se mantienen durante un mes más en los niveles actuales, los precios del petróleo y el gas asestarían un golpe mucho más grave al crecimiento mundial y debilitarían segmentos que resisten hasta ahora. Es el caso de la industria, que parece aguantar a juzgar por el índice PMI mundial de JP Morgan: el indicador avanzó en abril hasta alcanzar 52,6, su nivel más alto en más de cuatro años. No obstante, esta dinámica podría verse alterada, ya que la aceleración de la actividad se ha originado en gran parte en los pedidos efectuados por unas empresas llevadas por el temor a nuevos incrementos de los precios —fundamentalmente los de la energía— y a posibles carestías futuras.

La fortaleza de la actividad también ha beneficiado de forma bastante clara a los países más expuestos a la expansión de las infraestructuras vinculadas a la inteligencia artificial, sobre todo Japón, Taiwán, Corea del Sur y EE. UU. En la zona euro, la actividad industrial mantuvo el tipo, pese a que una parte de la mejora se explica más por la constitución de existencias.

Como decíamos, la resistencia mostrada por el sector industrial estadounidense se apoya sobre todo en las actividades vinculadas al desarrollo de la IA. La solidez de este segmento contribuyó de forma decisiva al PIB en el primer trimestre de 2026, registrándose un crecimiento del 2 % en tasa anualizada. Por otro lado, el consumo, aunque está ralentizándose, sigue siendo uno de los pilares de la expansión de EE. UU., sostenida por unas condiciones financieras bastante favorables y una relativa estabilidad del empleo.

En la zona euro, el crecimiento del PIB en el primer trimestre de 2026 fue ligeramente inferior a lo previsto, con un 0,1 %. Entre los grandes países, España se mantuvo como la economía más dinámica, merced a un crecimiento del 0,6 %.

En este contexto de incertidumbre, la Fed, el BCE y el Banco de Inglaterra decidieron no tocar su política monetaria. La Fed parece haberse instalado a todas luces en una postura de esperar acontecimientos y la impresión que transmite es que quiere mantener los tipos sin cambios en 2026. Por el contrario, el BCE y el Banco de Inglaterra deberían subir los tipos ante el temor a unas presiones inflacionistas duraderas.

Mantenemos nuestro escenario, consistente en una subida de tipos por precaución en junio en el caso del BCE, y quizá una segunda de aquí al otoño. En el caso del Reino Unido, donde la inflación ha sido más persistente, prevemos dos subidas de tipos antes de que concluya 2026.


 

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