Sebastian Paris Horvitz (LBP AM - LFDE): "Una crisis energética limitada debería propiciar un regreso del interés por los activos de riesgo; los bancos centrales deberían ser mucho más prudentes"
Poner a prueba la paciencia de los mercados
Sebastian PARIS HORVITZ, director de análisis de LBP AM, accionista mayoritario de LFDE
La guerra continúa en Oriente Medio y D. Trump sigue dando una de cal y otra de arena, anunciando alternativamente conversaciones prometedoras con Irán y, acto seguido, la posibilidad de destruir todas las infraestructuras energéticas del país. Esta falta de coherencia podría hacer mella en la paciencia de los mercados.
Según nuestro escenario principal, este conflicto, caracterizado por unos objetivos militares bastante vagos en el lado estadounidense, no debería durar más de uno o dos meses. Si la perturbación del abastecimiento de hidrocarburos en el mundo fuera grave y prolongada, las consecuencias para la economía mundial serían nefastas. En especial, para el presidente Trump: las opciones del partido Republicano en las elecciones legislativas previstas para finales de año se verían seriamente mermadas si el poder adquisitivo de los estadounidenses se resiente.
Sin embargo, están aumentando las probabilidades de otros escenarios más adversos para la economía mundial, sobre todo tras la decisión de EE. UU. de enviar refuerzos terrestres de cara a una eventual intervención directa en territorio iraní. Esta mayor probabilidad sigue empujando a los inversores a mantenerse alejados de los activos de riesgo.
No obstante, el mercado está lejos de gravitar hacia un escenario extremo, y prueba de ello son las caídas relativamente moderadas de los índices bursátiles en los grandes países. Este hecho se explica no solo por la expectativa razonable del final del conflicto, sino también porque existe cierto margen de maniobra para atenuar la crisis energética actual. Además del compromiso de los países de la OCDE para liberar las reservas estratégicas de petróleo como nunca antes en la historia, algunos países también están tratando ya de utilizar los márgenes presupuestarios de los que disponen, pero estas medidas paliativas tienen un alcance limitado.
Mantenemos posiciones prudentes a corto plazo en los mercados. Seguimos considerando que nuestro escenario central (una crisis energética limitada en el tiempo) debería terminar propiciando un regreso del interés por los activos de riesgo. En este marco, también pensamos que los bancos centrales deberían ser mucho más prudentes en relación con un eventual endurecimiento de la política monetaria para contrarrestar las alzas de precios derivadas del encarecimiento de la energía.
No obstante, en EE. UU. las estadísticas siguen aguantando. En este sentido, sorprendió que el índice de confianza de los hogares que recopila la Universidad de Michigan registrara un descenso muy leve en marzo, pese a mantenerse en niveles históricamente bajos. Que las expectativas de inflación a largo plazo de los hogares estén contenidas es, con toda seguridad, una buena noticia para la Fed. De hecho, J. Powell, el presidente de la entidad, subrayó que las expectativas de inflación seguían estando asentadas, aunque se mostró prudente sobre la situación actual y señaló que era demasiado pronto para saber qué impacto tendrá la guerra. Insistió, eso sí, en que la Fed poco podía hacer ante una perturbación de la oferta y una subida del precio del petróleo. Eso parece demostrar que el presidente de la Fed se inclina por proteger el crecimiento (empleo), en detrimento de la lucha contra los efectos inflacionistas de este tipo de crisis.
En la zona euro, las encuestas de la Comisión Europea del mes de marzo sobre el estado de la economía han mostrado que la guerra está teniendo un impacto negativo, aunque moderado, lo que confirma el mensaje de los índices PMI. Sin embargo, en lo que respecta a los consumidores, el indicador de confianza definitivo ha puesto de relieve un descenso sustancial, lo que ha quebrado la dinámica de recuperación que se observaba desde comienzos de año.
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