Un verano abrasador
Sébastian Paris Horvitz, director de análisis de LBP AM, accionista de LFDE
La ola de calor de este verano en Europa ha elevado las temperaturas hasta acercarlas a sus máximos históricos, pero, sobre todo, ha sido devastadora en lo que respecta a los incendios forestales. Como habían anunciado los climatólogos, el fenómeno de El Niño, agravado este año, parece haber desempeñado un papel importante en las elevadas temperaturas que se han registrado aquí en Europa y en las lluvias torrenciales que ha sufrido América del Sur. En estos momentos, las consecuencias económicas, en especial para la producción agrícola, todavía son difíciles de cuantificar.
Paralelamente, el calor se instalaba también en los mercados, donde los índices de renta variable de las grandes regiones marcaban máximos históricos a mediados de agosto, impulsados de nuevo por las perspectivas de crecimiento de los beneficios. Al mismo tiempo, los tipos de interés a largo plazo también alcanzaban nuevas cimas. Este ascenso podría explicarse por el aumento de las primas a plazo (incertidumbre sobre la política monetaria y presupuestaria) y las expectativas de inflación, justificadas en parte por el encarecimiento de la energía.
Los precios de la energía siguen sufriendo presiones por la prolongación del conflicto entre EE. UU. e Irán. De hecho, el estrecho de Ormuz continúa prácticamente cerrado. El precio del barril de crudo (Brent) ha vuelto a situarse por encima de los 90 dólares y, sobre todo, el precio del gas en Europa ha alcanzado un máximo histórico al superar los 68 euros/MWh. Evidentemente, estas alzas son malas noticias para la inflación y la dinámica de crecimiento, en especial en Europa.
En estos momentos, no se atisba una salida a la crisis, dado que los estadounidenses y los iraníes muestran poca voluntad de reanudar el diálogo. EE. UU., por boca del Secretario del Tesoro S. Bessent, ha señalado que las sanciones económicas contra Irán iban a intensificarse, sobre todo contra las naciones «que financian» al país. Sabiendo que el país que más petróleo iraní compra es China, es difícil otorgar una gran credibilidad a esta amenaza.
EE. UU. y Canadá se han embarcado en una espiral arancelaria tras no haber alcanzado un acuerdo sobre los nuevos gravámenes aduaneros que las autoridades estadounidenses querían imponer a su vecino del norte.
A pesar de este contexto dominado, sobre todo, por las incertidumbres geopolíticas que afectan a los precios de la energía y por los tipos de interés elevados, resulta casi sorprendente observar que la economía mundial sigue aguantando. Ese es el mensaje que transmiten las encuestas preliminares de actividad de los PMI de S&P para el mes de agosto en los grandes países. Así, tanto en la zona euro como en Japón, el Reino Unido o EE. UU., los índices compuestos (servicios e industria) registraron subidas.
En EE. UU., en agosto la actividad rebotó claramente según el índice PMI de S&P, impulsado fundamentalmente por los servicios, cuyo índice se sitúa en su nivel más alto desde 2024. Aunque la actividad en la industria está ralentizándose, el índice compuesto (servicios e industria) se situó en máximos anuales. Así, parece claro que el rebote cíclico, sostenido por los estímulos presupuestarios y las inversiones en la inteligencia artificial, sigue tirando de la economía estadounidense.
Sin embargo, este impulso podría frenarse otra vez a causa de las nuevas alzas de los precios de la energía. El precio del galón de gasolina sigue superando los 4 dólares y el de diésel (de referencia en el transporte) se mantiene por encima de los 5 dólares, es decir, su máximo desde mediados de 2022 exceptuando el periodo comprendido entre finales de marzo y comienzos de abril. De mantenerse estos niveles, el consumo se vería afectado y las presiones inflacionistas amenazan con perdurar.
Además, los tipos de interés siguen siendo muy elevados. El bono a 10 años de EE. UU. ronda el 4,70 %, cifra que supone su nivel más alto desde hace casi 20 años. Evidentemente, este hecho perjudica a muchos sectores de la economía, con la excepción, por el momento, de los que siguen invirtiendo masivamente en el desarrollo de la IA.
Estos elevados niveles sobre todo encarecen el coste del endeudamiento público. El Secretario del Tesoro, S. Bessent, ha anunciado ya en varias ocasiones que el gobierno podría intervenir en el mercado de renta fija para evitar nuevas alzas. Sin embargo, a la vista del aumento del déficit público y la trayectoria alcista de la deuda, será difícil calmar de forma duradera al mercado con unas compras de bonos que solo pueden ser limitadas, máxime si, como pensamos, la Fed debe girar hacia un endurecimiento, aunque sea moderado, de su política monetaria de aquí a finales de año.
En la zona euro, la actividad económica expresada mediante la encuesta PMI de S&P volvió a avanzar en agosto y ganó algo de terreno. Sin embargo, a diferencia de EE. UU., es la industria la responsable de este dinamismo, sostenido en parte por el gasto público alemán. En los servicios, la actividad sigue siendo sólida, pero sobre todo gracias a las economías más pequeñas. De hecho, en Alemania y Francia la actividad en el sector servicios descendió. Esta debilidad de los servicios en algunas economías se debe, en parte, a la persistencia de unos costes energéticos elevados, sobre todo en el gas, y unos tipos de interés que siguen siendo altos. La incertidumbre política, principalmente en Francia, también parece estar lastrando la confianza.