La Financière de l'Echiquier (LFDE)
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Visión de conjunto

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Sebastian Paris Horvitz, director de análisis de LBP AM, accionista de LFDE 

Desde que se interrumpieron las negociaciones entre EE. UU. e Irán la semana pasada, la situación no ha cambiado. Nos alegramos ciertamente de que no se haya reanudado la guerra, pero, por el momento, la paz no se vislumbra. Paralelamente, el estrecho de Ormuz se mantiene cerrado debido al bloqueo iraní y estadounidense, lo que sigue asestando un duro golpe a la economía mundial. Esta situación se refleja, en primer lugar, en el precio del barril de petróleo (Brent), que ha vuelto a situarse muy por encima de los 100 dólares. Además, en algunas regiones están apareciendo señales de escasez de productos petrolíferos. Un ejemplo claro lo tenemos en el anuncio de las compañías aéreas de suspender vuelos para ahorrar combustible. Por otra parte, persisten las tensiones en los precios de otras materias primas cruciales, especialmente para la agricultura (fertilizantes).

Como hemos señalado desde el inicio de este conflicto, la magnitud del impacto y su duración son los criterios esenciales para determinar el efecto sobre la economía mundial. Nos acercarnos rápidamente al segundo mes de conflicto y el crecimiento mundial corre el riesgo de verse más afectado de lo que prevemos. No obstante, la estabilización del precio del barril (Brent) en torno a los 100 dólares y, en el caso de Europa, del gas en torno a los 40 euros limita ligeramente la magnitud del choque. Evidentemente, una reanudación de los combates podría tener repercusiones mucho más graves. Mantenemos una probabilidad más baja para este escenario, ya que los efectos negativos para los dos contendientes serían importantes.

La prolongación de la crisis lastrará el crecimiento económico y agravará las presiones sobre la inflación. SI las perspectivas económicas se deterioraran aún más, sin provocar necesariamente una recesión, se podría ver lastrada con bastante rapidez la asunción de riesgos que ha dominado la dinámica del mercado en las últimas semanas. Es cierto que, en bolsa, el sector energético podría seguir resistiendo, pero los segmentos que han rebotado con fuerza, como el de los semiconductores, podrían verse afectados temporalmente. En este nuevo contexto de incertidumbre, adoptamos una postura tácticamente algo más prudente a muy corto plazo.

En nuestra opinión, los bancos centrales tendrán un papel protagonista en la gestión de esta crisis. Seguimos considerando que la mayoría de los bancos centrales adoptará una postura de gran cautela. En este momento, en los grandes países, la aceleración de la inflación se ha debido a la transmisión de las subidas de los precios de la energía, sin provocar una gran aceleración. De hecho, los indicadores de mercado siguen mostrando que las expectativas de inflación permanecen bien asentadas, es decir, cercanas a los objetivos de los bancos centrales. En cuanto al crecimiento, las repercusiones aún no son de gran magnitud. No obstante, dado que muchos de los principales bancos centrales se reúnen esta semana, será crucial ver qué análisis hacen de la situación.

En cuanto a la Fed, la reunión del comité de política monetaria se celebrará en unas circunstancias especiales, ya que debería ser la última presidida por J. Powell. De hecho, tras la decisión del Departamento de Justicia de retirar los cargos contra J. Powell por las obras de rehabilitación de los edificios de la Fed en Washington, el senador republicano T. Tillis, que bloqueaba el nombramiento de K. Warsh, anunció que estaba dispuesto a votar a favor de su ratificación al frente de la Fed. Así pues, J. Powell dejará de ser presidente a partir del mes de mayo. Se abrirá, por tanto, un nuevo capítulo en la Fed. K. Warsh, el nuevo presidente, estará inmediatamente bajo la vigilancia del mercado, que prestará atención a su capacidad para afirmar la independencia de la institución frente a las presiones del presidente estadounidense.

El Banco de Japón (BOJ) ha decidido mantener sin cambios sus tipos de interés oficiales. No obstante, la votación en el Consejo de Gobernadores estuvo dividida, con 3 de los 9 miembros a favor de una subida. Sin duda, se trata de una buena señal sobre de la dirección de la política futura. De hecho, como era de esperar, el BOJ ha destacado las incertidumbres relacionadas con la guerra en Oriente Medio para justificar su decisión. Sin embargo, la entidad se muestra dispuesta a subir los tipos si se cumplen sus previsiones económicas. Así pues, salvo que la situación en Irán se deteriore, creemos que el BOJ debería reanudar su campaña de normalización de la política monetaria a partir de su reunión de junio.

Uno de los factores importantes que subyace a los fuertes incentivos de las autoridades estadounidenses para llegar rápidamente a un acuerdo con Irán y normalizar los costes de la energía es, sin duda, el impacto que tiene la situación sobre los consumidores estadounidenses. De hecho, la lectura definitiva de abril de la encuesta de confianza de la Universidad de Michigan, aunque ha resultado ligeramente mejor que la estimación inicial, se mantiene en su mínimo histórico. Evidentemente, el factor determinante es el aumento de la inflación debido a la subida de los precios de la energía. Este deterioro de la confianza puede estar directamente relacionado con la caída del índice de aprobación del presidente Trump, que se encuentra en su nivel más bajo en las encuestas desde el inicio de su mandato.

En la zona euro, el ascenso de los precios de la energía, y en particular del gas, ha afectado considerablemente a la coyuntura económica, como se ha visto en los índices PMI. En particular, los efectos positivos del plan de estímulos alemán se están viendo ampliamente contrarrestados. Este es el mensaje que se desprende de la encuesta del IFO, que volvió a retroceder en abril, sobre todo debido a las fuertes caídas de las expectativas. Estos factores de deterioro de las perspectivas económicas seguramente deberán ser incorporados por el BCE a la trayectoria de su futura política monetaria.

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