Tras las recientes elecciones, la mejora de la economía, la guerra comercial con China y los resultados de las elecciones europeas serán factores que influirán en los mercados europeos de renta variable. Mantenemos una postura prudente respecto de la reunión del G-20 de junio ante el riesgo de recrudecimiento de la guerra comercial, aunque, más allá de este factor, adoptamos un enfoque positivo sobre el riesgo.

Los resultados de las elecciones europeas podrían obligar a los grupos de centroizquierda y centroderecha a tender la mano a los liberales o a los Verdes, aunque este último supuesto resulta menos probable. Con todo, esto no modifica drásticamente el equilibrio de fuerzas de cara a escoger a un presidente del Banco Central Europeo (BCE), y Alemania siente que ha llegado su hora. En vista de su reducida influencia en el Consejo Europeo, seguramente se contente con el candidato Erkki Liikanen, cuya postura es en cierto modo restrictiva. Si bien esto no alteraría drásticamente el equilibrio de poder en el seno del Consejo de Gobierno de la institución, permitiría retrasar las medidas de flexibilización cuantitativa y crediticia conforme fuese necesario.

La economía europea está mejorando y, por tanto, también los beneficios deberían evolucionar de forma positiva. La brecha de producción se está reduciendo paulatinamente, aunque en vista del nivel persistentemente bajo de la inflación, esto no constituye un problema. De hecho, todo apunta a que, ante este persistente contexto de inflación reducida, el BCE podría adoptar, una vez más y con retraso, una política monetaria caracterizada por una mayor facilidad de acceso al crédito y una menor relajación cuantitativa. Esta coyuntura de mayor flexibilidad por parte del BCE, de inflación reducida y de recuperación del crecimiento resulta idónea para la renta variable europea.

A corto plazo, el problema que identificamos es que China y Estados Unidos parecen dirigirse a un enfrentamiento de mayor calado. El presidente estadounidense parece actuar por convicción, mientras que China considera que su soberanía, estatus y dominio están en peligro. Esto se traduce en una detracción de aproximadamente un 2% en el crecimiento de China, sobre todo el año que viene, y cabe recordar que el crecimiento actual del país se sitúa probablemente en torno al 4,5%. Esto debería conllevar una disminución de la demanda de bienes europeos, generando así un lastre constante para el crecimiento alemán y europeo, que, no obstante, sería inferior al 2% de la economía china y, por tanto, debería resultar bastante gestionable. Prevemos que los temores sobre la guerra comercial de China alcanzarán su punto álgido antes de la reunión del G-20 y que, posteriormente, quedarán descontados por el mercado. Para entonces, el periodo más delicado debería haber quedado atrás.

Tras analizar los resultados de las elecciones europeas por países, adoptamos una postura prudente sobre la renta variable alemana y positiva sobre la renta variable de los países nórdicos, que debería beneficiarse de unas divisas que están baratas y del repunte de la economía.

Sébastien Galy, responsable sénior de estrategia macroeconómica de Nordea Asset Management