Después de 11 años de expansión económica continua, los inversores se enfrentan a nuevos retos.

Los inversores de renta variable han disfrutado durante más de una década de elevadas rentabilidades en un entorno con una volatilidad artificialmente contenida. De hecho, solo hemos asistido a algunos periodos de caídas considerables desde los mínimos registrados en la crisis financiera mundial en marzo de 2009.

Lo mismo ocurre en el universo de la renta fija, en el que los mercados de bonos —además de ofrecer ventajas de diversificación cruciales a los inversores—, también generaban atractivos rendimientos. La compresión de los rendimientos en los mercados de renta fija puede atribuirse en gran medida a la postura increíblemente acomodaticia de los principales bancos centrales del mundo.

Con todo, tras once años de expansión económica continuada, los inversores se enfrentan ahora a una serie de retos. En primer lugar, hemos asistido al incremento de los temores a una recesión, ante una curva de tipos estadounidense que hace poco se invirtió para luego revertir ese movimiento. En cuanto a la renta variable, las acciones mundiales siguen arrojando resultados positivos, pese a un entorno en el que el crecimiento de los beneficios empresariales está perdiendo fuelle. También somos testigos de una intensificación de los temores a una burbuja crediticia a causa del auge de los bonos corporativos con calificación BBB.

Además de esto, no cabe duda de que los reducidos niveles que presentan actualmente los tipos de interés no se lo están poniendo fácil a los inversores para obtener rendimientos consistentes. Esto también limitará la capacidad de las autoridades para actuar de cara a una posible recesión. 

El peligro para los inversores

Ante estas numerosas incertidumbres, cabría esperar que las rentabilidades disminuyeran en 2020 y en años sucesivos. Sin embargo, nadie sabe cuándo terminará el ciclo económico actual. Una cosa sí es segura: hoy estamos más cerca de la próxima recesión de lo que lo estábamos ayer.

En nuestra opinión, el principal peligro para los inversores es preocuparse por las cuestiones equivocadas. En lugar de buscar un marco de inversión diversificado, sólido y prudente, los inversores suelen hacer lo contrario y se angustian por no aprovechar las posibles ganancias en mercados alcistas o realizan asignaciones a los activos de diversificación menos apropiados.

Los argumentos a favor de la diversificación también están resultando cada vez más problemáticos, puesto que la diversificación disminuye manifiestamente la rentabilidad en mercados alcistas. Además, muchos inversores siguen creyendo en estrategias como el market timing y rotan sus carteras atendiendo a los movimientos del mercado a corto plazo. También existe la opinión errónea de que los inversores pueden posicionar con precisión una cartera de cara a un acontecimiento, como una importante cita con las urnas. 

Lograr una verdadera diversificación

La buena noticia es que podemos lograr diversificación en un contexto de agitación macroeconómica si invertimos en activos con un comportamiento distinto durante un ciclo económico. En realidad, la diversificación no consiste en hacer mero acopio de numerosas clases de activos, sino en identificar un reducido número de posiciones genuinamente no correlacionadas y capaces de ofrecer rentabilidad para los inversores en la mayoría de los entornos de mercado.

Al equilibrar cuidadosamente los activos seleccionados, con la capacidad de complementarse entre sí en periodos de recesión y recuperación, un inversor no tiene necesariamente por qué acertar siempre en su hipótesis macroeconómicas para lograr una rentabilidad total positiva a largo plazo.

¿Es esta la solución mágica? No. Incluso con una cartera diversificada como la descrita anteriormente, aún persisten tres grandes desafíos. En primer lugar, existe el riesgo de pagar en exceso por activos de diversificación o conservadores. En segundo lugar, el desafío de cómo asignar y ponderar la exposición entre las diferentes clases de activos. Y, por último, la cuestión de las relaciones o correlaciones inestables. Esto tampoco tiene en cuenta el riesgo político y, esa verdad incómoda de la que nadie habla, las limitaciones de los bancos centrales para seguir reduciendo tipos. 

Las lecciones de las primas de riesgo

Reforzar la resistencia de una cartera diversificada es fundamental para la estabilidad y para obtener un resultado satisfactorio. Nuestro enfoque a la inversión multiactivo adopta la perspectiva de las primas de riesgo. Esto se asemeja a diseccionar los activos en los factores que afectan a la fijación de precios. Aunque no somos los únicos que aplicamos este enfoque, creemos que nuestra ventaja reside en nuestra visión a la hora de hacer frente a los retos de la verdadera diversificación.  

En primer lugar, existe el peligro de realizar asignaciones a activos refugio defensivos con una prima de valoración, como la que vemos en los PER del MSCI Minimum Volatility Index frente al MSCI World. El problema de adquirir activos defensivos con una prima de valoración es el hecho de que esta «capacidad de defensa» ha demostrado deteriorarse mucho más rápido que otros activos defensivos a un precio razonable. Según nuestro enfoque, después de identificar los flujos de efectivo en las distintas clases de activos, aplicamos un análisis de valoración para asegurarnos de que nuestros activos cuenten con un colchón en este sentido.

El segundo elemento de nuestro enfoque es la ponderación, o mejor dicho, el equilibrio. Debemos asegurarnos de mantener una exposición equilibrada a las primas de riesgo cíclicas, que reflejan la rentabilidad en el periodo de expansión del ciclo, así como a las primas de riesgo anticíclicas o defensivas, que brindan rentabilidad positiva en entornos en los que los activos de riesgo cíclicos ceden terreno. Nuestro enfoque consiste en equilibrar la exposición al riesgo entre estas dos primas de riesgo diferentes, con el objetivo de crear una cartera «market neutral». Este enfoque ha demostrado su capacidad para gestionar las caídas de manera más eficiente y reducir la volatilidad de la cartera. 

También es imperativo tener en cuenta el comportamiento de nuestras primas de riesgo cíclicas y defensivas en un periodo de expansión y de recesión, cuando el mercado se encuentra entre 2 y 3 desviaciones típicas por encima o por debajo de un nivel «normal». Nuestro enfoque en este sentido es partir de una perspectiva de investigación académica, en lugar de una búsqueda cuantitativa de las primas de riesgo. Este marco garantiza que nuestras primas de riesgo se estructuren con un fin, lo que impulsa la confianza de ofrecer resultados a los inversores en las diferentes fases de un ciclo.

Es poco probable que la historia se repita

Otra ventaja clave de este enfoque es que evita los escollos que esa visión cuantitativa trae consigo, dado que las rentabilidades históricas no son un indicador del rendimiento futuro. Los inversores que realicen un estudio meramente basado en las cifras podrían terminar por creer erróneamente que la deuda pública continúa ofreciendo las mismas características de protección que antes de 2008.

Al tomar como base la valoración o el precio de los activos, en lugar de tan solo la correlación histórica, podemos evaluar mejor la relación futura entre ellos. Se ha dedicado mucho tiempo y recursos a identificar las primas de riesgo defensivas capaces de ofrecer adecuadamente la protección que en su momento fue la principal característica de los mercados de deuda pública. 

El equipo Multiactivo de Nordea está decididamente orientado hacia los resultados, hacia una diversificación prudente de la cartera y hacia la estructuración de carteras sólidas para soportar acontecimientos macroeconómicos desfavorables. Por lo tanto, por su diseño, nuestras estrategias multiactivo tienen un interesante perfil de rentabilidad asimétrica y están preparadas para las diferentes hipótesis que puedan materializarse en esta nueva década.

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