La política climática de los últimos años ha visto cómo los objetivos de " cero emisiones netas " han ido en aumento, hasta el punto de que alrededor del 70% de las emisiones globales están contempladas en una política de cero neto. Transformar estas aspiraciones a largo plazo en un plan de medidas bien definido es el siguiente paso, y la reciente publicación de una hoja de ruta de cero emisiones por parte de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) es una importante aportación a la hora de alcanzar este objetivo.

El informe de la AIE deja claro que el desarrollo de las tecnologías limpias existentes debe acelerarse de inmediato: no se trata de una tendencia de futuro.

El informe de la AIE también pide que la prohibición de las calderas de combustibles fósiles empiece a implantarse en todo el mundo en 2025, impulsando las ventas de bombas de calor eléctricas. Los puntos de interrupción que se aproximan para los bienes de consumo habituales, como las calderas de gas, ponen de manifiesto la gran ruptura con el pasado que supondrá el camino hacia el cero neto.
 
Calefacción: el reto y la solución

La calefacción es una fuente importante de emisiones. En Europa, los edificios representan el 36% de las emisiones y el 40% de la demanda energética. La calefacción de interiores representa alrededor de dos tercios de esa demanda de energía y la mayor parte de ella se satisface con productos que dependen de los combustibles fósiles. La tecnología de las bombas de calor es más accesible y ofrece mejores garantías para el medio ambiente. Una bomba de calor que funcione con electricidad ecológica puede reducir las emisiones de la calefacción en más de un 90% en comparación con una caldera de gas.
Según la guía de la AIE, las bombas de calor cubrirán el 50% de la demanda de calefacción en 2045, partiendo de una posición mínima en la actualidad. Sin embargo, las bombas de calor no son la única forma de descarbonizar la calefacción; el hidrógeno también puede desempeñar un papel, al igual que los sistemas de calefacción urbana (un sistema de distribución del calor generado en un lugar centralizado a través de tuberías). No cabe duda de que las bombas de calor se adecúan mejor a ciertas partes del mundo, dependiendo de factores como el coste de la tecnología y el grado de aislamiento de las viviendas. Esto explica por qué las bombas de calor se utilizan a menudo en los países nórdicos, pero rara vez en el Reino Unido.

Pero si entramos en un debate sobre qué tecnología "gana", corremos el riesgo de perder la perspectiva: todas estas tecnologías tendrán que crecer de forma considerable. Allí donde las condiciones del mercado no son actualmente favorables a las bombas de calor u otras soluciones de baja emisión de carbono (por ejemplo, porque el gas es una opción más barata), es probable que se introduzcan medidas de incentivo y sanción, como las sugeridas por la AIE.   
 
¿Qué significa esto para los inversores?

Como inversores en cambio climático, nos preocupan especialmente los sectores que se acercan a puntos de inflexión, ya que estas rupturas con lo tradicional suelen dar lugar a un crecimiento que los mercados financieros (que están más acostumbrados a pensar en las tendencias de forma lineal) subestiman. A veces, estos puntos de inflexión se producen a medida que una tecnología se expande y alcanza la competitividad de costes con otra (como fue el caso de la energía eólica y solar en tierra).

Sin embargo, también pueden producirse de forma más repentina, cuando una determinada tecnología queda excluida, como podría ocurrir pronto con las calderas de gas. El mercado de las bombas de calor ha crecido a un ritmo de un solo dígito de media en los últimos años, y los porcentajes de implantación siguen siendo muy inferiores al 10% fuera de los países nórdicos. La intervención política podría revolucionar completamente este mercado.


 

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