No estamos convencidos de que el último compromiso entre Donald Trump y Xi Jinping sea más duradero que el anterior.

Acosados por la desaceleración de las economías nacionales y bajó presión para poner fin a una guerra comercial, Xi Jinping y Donald Trump han llegado a un compromiso para evitar hacer más daño a la estabilidad geopolítica internacional. El problema es que no es la primera vez que esto ocurre. Justo en diciembre de 2018, las dos partes firmaron una tregua de este tipo, y aquí estamos de nuevo. Por tanto, no tenemos esperanzas de que la tregua sea duradera. 

De momento, el acuerdo es solo verbal y los detalles son escasos. En algunos casos, debemos confiar en la palabra del Presidente Trump con respecto a los compromisos chinos. Sin embargo, al igual que en diciembre del año pasado, los Estados Unidos han acordado suspender una subida de aranceles a cambio de China compre productos agrícolas, tome medidas sobre la propiedad intelectual, las divisas y los servicios financieros. No obstante, tal y como pasó el año pasado, no se ha hablado sobre cómo se van a aplicar estas medidas. Hecho bastante significativo.

Desde la perspectiva china, estas nuevas medidas no ofrecen el escenario ideal de reducción de aranceles pero al menos no es un acuerdo costoso. El país necesita más suministros de alimentos, ya que la inflación de los precios de estos bienes sigue en aumento. Por lo tanto, aparentemente, que China adquiera alimentos estadounidenses no parece una medida muy difícil de conceder. 

El mes de diciembre, momento en el que vence el próximo aumetno de aranceles,  podría suponer un punto de inflexión. Sospechamos que el gobierno chino también está atento al calendario político de EE.UU. y calculamos que a medida que el presidente Trump lucha contra un impeachment y por su reelección, su capacidad para librar una guerra comercial podría verse disminuida. Trump, cada vez más desesperado, podría ceder ante demandas importantes en materia de tecnología y política industrial. Por supuesto, también podría atacar y tratar de contentar a sus bases con un nuevo ataque a un enemigo extranjero. Pero es mejor que esos aranceles se impongan con unos pocos meses de retraso que de forma inmediata.

Desde el punto de vista de los Estados Unidos las negociaciones parecen menos sólidas estratégicamente hablando. Puede mitigar la presión sobre las empresas nacionales y los consumidores; no obstante, las tarifas existentes siguen estando firmemente establecidas. Quizá Trump pueda aprovechar la 'tregua' como una victoria política en este entorno del que depende su presidencia. De lo contrario, parece que reduce la influencia en un momento clave.

¿Y ahora qué?

A partir de ahora, hay dos fechas clave que hay que tener en cuenta: la primera es la reunión de APEC entre Trump y Xi, momento en el que este acuerdo debería estar escrito y finalizado, listo para su aprobación oficial. El segundo evento que hay que tener en cuenta es la fecha límite del 15 de diciembre para los nuevos aranceles del 15% sobre alrededor de 160.000 millones de dólares de bienes chinos. Sin embargo, somos ecépticos a que esta tregua y, sobre todo, los acuerdos lleguen a buen puerto a finales de año. ¿El motivo? Cada vez que hay que plasmar estos acuerdos por escrito, las negociaciones se desmoronan. Por tanto, seguimos esperando una nueva escalada de las tensiones antes de que finalice el ejercicio, aunque es posible que el plazo para imponer las nuevas tarifas se aplace para el primer trimestre del año. 

¿Cuál será el impacto para el crecimiento global?

"El anuncio de un acuerdo comercial de primera fase entre los EE.UU. y China debe visto como algo positivo, pero sólo puede tener un efecto limitado sobre el crecimiento mundial. Supondrá un impulso para los agricultores estadounidenses a medida que China compre más carne de cerdo y soja, pero por lo demás lo único que tenemos en este momento es un aplazamiento del aumento arancelario del 25% al 30%. Los EE.UU. todavía están planeando imponer un nuevo arancel del 15% para el 15 de diciembre. Esto también puede retrasarse en la conferencia  APEC de los días 16 y 17 de noviembre, que, sin duda, se anunciará como un gran avance", explica Keith Wade, el economista jefe de Schroders.

En lo que respecta a las empresas, Wade señala que la incertidumbre persistirá a medida que se mantengan los aranceles y la amenaza de nuevos aumentos se utilizará como instrumento de negociación para impulsar un acuerdo más importante en materia de propiedad intelectual.

Por su parte, China puede decidir que ha cedido todo lo que puede y permitir que las conversaciones se estanquen a medida que se acerquen las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Esto crearía un limbo para las empresas que influiría en el gasto de capital, ya que las empresas esperan una mayor claridad antes de asumir gasto importantes. Es probable que la guerra tecnológica continúe, ya que las preocupaciones de seguridad siguen siendo altas.

"Mientras tanto, también podríamos ver un nuevo frente que se abre en los mercados de capitales, con los EE.UU. reduciendo los flujos de capital con China a través de la restricción de las salidas a bolsa o de la inversión institucional en el extranjero. El acuerdo de la primera fase es un paso en la dirección correcta, pero se necesitarán muchos más para superar la guerra comercial", puntualiza Wade.

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Craig Botham, Senior Emerging Markets Economist de Schroders y Keith Wade, Chief Economist & Strategist de Schroders y no representan necesariamente las opiniones declaradas o reflejadas en las Comunicaciones, Estrategias o Fondos de Schroders. Este documento tiene fines informativos exclusivamente y no se considera material promocional de ningún tipo. La información aquí contenida no se entiende como oferta o solicitud de compra o venta de ningún valor o instrumento afín en este documento. No se debe depositar su confianza en las opiniones e información recogidas en el documento a la hora de tomar decisiones de inversión y/o estratégicas. La información aquí contenida se considera fiable, pero Schroders no garantiza su integridad ni su exactitud. La rentabilidad registrada en el pasado no es un indicador fiable de los resultados futuros. El precio de las acciones y los ingresos derivados de las mismas pueden tanto subir como bajar y los inversores pueden no recuperar el importe original invertido. Las previsiones están sujetas a un alto nivel de incertidumbre sobre los factores económicos y de mercado futuros que pueden afectar a los resultados futuros reales.  Las previsiones recogidas en el documento son el resultado de modelos estadísticos basados en una serie de supuestos. Las previsiones se ofrecen con fines informativos a fecha de hoy. Nuestros supuestos pueden variar sustancialmente en función de los cambios que puedan producirse en los supuestos subyacentes, por ejemplo, a medida que cambien las condiciones económicas y del mercado. No asumimos ninguna obligación de informarle de las actualizaciones o cambios en estos datos conforme cambien los supuestos, las condiciones económicas y del mercado, los modelos u otros aspectos. Publicado por Schroder Investment Management (Europe) S.A., Sucursal en España, c/ Pinar 7 – 4ª planta.28006 Madrid – España.