La fase inicial de aceleración de la recuperación ha terminado y nos encontramos en una nueva fase en la que las limitaciones de la oferta están teniendo un gran impacto en el ciclo. No obstante, es probable que el crecimiento se dispare con fuerza cuando los hogares gasten lo que han ahorrado durante el confinamiento, aunque en 2022 este gasto podría moderarse una vez se recupere la tasa de ahorro.

Por otro lado, según la OMS, los últimos seis años (2015-2020) han sido los más calurosos. Es probable que todos los países experimenten un aumento de las temperaturas a finales de siglo, pero el calentamiento global será más grave en algunas regiones del mundo. Por tanto, el impacto económico del cambio climático también variará, lo que tendrá importantes repercusiones en la rentabilidad de los activos.

Es por ello que la carrera por la descarbonización puede afectar al mercado de las materias primas y esto tendrá importantes implicaciones para los mercados emergentes, ya que muchos son importantes productores o consumidores de recursos naturales. Esta transición energética podría provocar la disminución a largo plazo de los ingresos fiscales y de exportación de algunos países emergentes. Sin embargo, es probable que los grandes ganadores de este nuevo paradigma sean los que exportan los metales básicos o los que fabrican los equipos utilizados para generar, almacenar y consumir energías renovables.

Toda esta información se puede consultar en la siguiente infografía: