BlackRock sigue apostando por los chips y EEUU: "Una IA más barata cambia a los ganadores, no la tesis"
BlackRock no ha movido ficha. Pese a que la nueva escalada en Oriente Medio y el desplome de los semiconductores han vuelto más frágil el escenario de mercado, la mayor gestora del mundo mantiene su apuesta por el riesgo. En su último informe semanal, el BlackRock Investment Institute (BII) defiende que ni el repunte del petróleo ni la corrección tecnológica bastan para abandonar la sobreponderación en renta variable estadounidense.
Eso sí, con una condición. "Seguimos con un sesgo pro-riesgo, pero con un listón más alto: los beneficios tienen que seguir creciendo y superar el creciente coste del capital", resume el equipo del BII. Es decir, la tesis se mantiene mientras las empresas sigan ganando más dinero del que les cuesta financiarse.
El consenso espera ahora que las ganancias del S&P 500 crezcan un 25% en 2026, frente al 18% que se estimaba hace apenas tres meses. Mientras ese ritmo se mantenga, sostiene el BII, unos tipos más altos no se traducen automáticamente en una bolsa más débil, porque las compañías con poder de fijación de precios pueden trasladar sus mayores costes al cliente.
Esa es la razón por la que la gestora prefiere la renta variable estadounidense frente a la deuda pública de largo plazo, que infrapondera. En el nuevo régimen de mercado, argumenta, los bonos largos cargan con una elevada sensibilidad a los tipos y funcionan peor como diversificador de cartera. La conclusión que traslada el informe es explícita: "No creemos que los movimientos recientes del mercado justifiquen abandonar nuestra sobreponderación en renta variable estadounidense, y seguimos con un sesgo pro-riesgo".
El batacazo de los chips: "Una IA más barata cambia a los ganadores, no la tesis"
La gran sacudida de la semana llegó por los semiconductores. El Índice de Semiconductores de Filadelfia se dejó un 11% y llegó a entrar brevemente en mercado bajista, arrastrando al conjunto: el S&P 500 cayó un 2% y el Nasdaq, un 3%. El detonante fue el temor a que los modelos de lenguaje de bajo coste procedentes de China desafíen a los modelos de frontera.
BlackRock cree que esa reacción se pasó de frenada. El razonamiento del BII apunta al otro lado de la ecuación: "Creemos que la reacción del mercado pasa por alto la otra cara de la historia: una IA más barata podría ampliar su adopción y reforzar la demanda de infraestructura de IA". Traducido, un abaratamiento de la inteligencia artificial reordena quién gana la partida, sin tumbar el argumento de inversión que sostiene el sector.
De hecho, la firma mantiene intacta su preferencia por la infraestructura de IA —desde la energía y los chips hasta los centros de datos—, que considera uno de los motores del crecimiento actual. También recuerda que la economía global es hoy mucho menos intensiva en petróleo que en anteriores crisis energéticas, lo que la hace más resistente a un encarecimiento del crudo.
El propio mercado parece estar dándole parte de razón, al menos en esta semana. Tras el desplome, los semiconductores han rebotado con fuerza al arrancar esta semana: el Índice de Semiconductores de Filadelfia subió alrededor de un 4,5% el martes, encadenando su segunda sesión consecutiva al alza, mientras el Nasdaq avanzaba en torno a un 1%.
Pese a la corrección de la semana pasada, el índice de chips acumula todavía una subida cercana al 66% en lo que va de 2026. La atención se traslada ahora a los resultados de las grandes tecnológicas —Alphabet, Tesla o Intel, entre otras—, que darán nuevas pistas sobre la solidez del gasto en inteligencia artificial.
El petróleo, el otro gran foco
El conflicto en Oriente Medio se ha recrudecido tras el colapso de la breve pausa diplomática entre Estados Unidos e Irán. Y sin embargo, según el informe del BII, el mercado del crudo cuenta una historia más templada de lo que cabría esperar. El Brent ha subido un 13% desde el último foco de tensión, pero la curva de futuros apenas se mueve en los plazos más largos.
Para los estrategas de BlackRock, esa señal es reveladora: "la curva de futuros sugiere que los inversores esperan una interrupción temporal, no un shock de oferta prolongado". La lectura de fondo es que la oferta global de petróleo puede absorber la disrupción, apoyada en unos inventarios de partida elevados, la adaptación de la demanda y la política fiscal.
Con esos mimbres, el impacto macro que calcula la gestora es contenido. El BII estima que el conflicto restará alrededor de un 0,4% al PIB global en 2026, de los cuales unas 0,3 puntos porcentuales ya estarían reflejados en los precios de mercado. La otra cara es la inflación: el informe cifra en 0,8 puntos porcentuales el efecto sobre la inflación general mundial, con un reparto muy desigual. Europa y parte de Asia quedan más expuestas por su dependencia de las importaciones energéticas: cerca del 65% del petróleo que importa Corea del Sur y un tercio del gas natural licuado de China pasan por el estrecho de Ormuz.
El propio informe no elude los riesgos a la baja. Los inventarios de crudo ya se han reducido en torno a 0,5 mil millones de barriles este año, dejando otros 0,5 mil millones disponibles para amortiguar nuevas interrupciones. Ese colchón podría estrecharse si las tensiones se extendieran a otras rutas clave como el estrecho de Bab el-Mandeb.
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