Vídeo - ¿Cuándo preocuparse en bolsa? "La red flag ya la tenemos con nosotros"
El S&P 500 y el Nasdaq siguen en zona de máximos históricos, pero por debajo de la superficie el mercado cuenta otra historia. Muchas compañías llevan semanas cayendo, el bono de Estados Unidos a 10 años paga más de un 5% y la tensión se extiende a la deuda de Francia y Japón. Las acciones parecen tranquilas y los bonos, no. ¿Cuál de las dos señales hay que escuchar? ¿Y en qué momento conviene empezar a preocuparse?
Diego Puertas, economista y analista, lo analiza en una nueva entrevista con Vicente Varó en Finect. Su tesis: la desconexión entre la bolsa y los bonos es la señal de alarma más clara que hay hoy en el mercado, y un poco de calma en la renta fija, unida a una buena temporada de resultados, sería el mejor impulso para el resto de la bolsa.
La red flag del mercado: acciones en máximos y crédito con dudas
Puertas arranca señalando lo que considera "la red flag más clara que vemos en el mercado". Los índices americanos cotizan en máximos impulsados por la inteligencia artificial, pero durante septiembre y principios de octubre el resto de acciones no ha acompañado. La fuerza se ha concentrado en los semiconductores y en los hiperescaladores como Meta o Microsoft, mientras gran parte del índice se quedaba atrás.
A esa desconexión interna se suma otra con el crédito corporativo. "Vemos que estas acciones lo han hecho muy bien, pero que el crédito corporativo no termina de acompañar", explica. El principal foco de tensión es Oracle: el coste de protegerse frente a un impago de su deuda ha subido mucho al mismo tiempo que lo hacía el precio de sus acciones. Para Puertas, los accionistas siguen apostando por el crecimiento, mientras que los bonistas, en su mayoría inversores profesionales que necesitan recuperar lo que han prestado, ven cada vez más dudas. "Esto no quiere decir que vaya a quebrar", aclara, sino que hoy hay más dudas de que ese dinero sea devuelto.
Japón y el fin del dinero gratis, detrás de la tensión en los bonos
¿Por qué se tensionan a la vez la deuda pública y la corporativa? Puertas apunta a Japón. "Lo que ha colapsado es ese experimento monetario de tipos cero", resume. Durante años, el dinero barato japonés obligó a sus inversores a salir a buscar rentabilidad fuera, y Japón es el mayor tenedor de deuda americana. Ahora, con los bonos japoneses en máximos de 30 años, ese inversor tiene incentivos para quedarse en casa.
El resultado es que el mercado exige más intereses para financiar a Estados Unidos, a Francia e incluso a las grandes tecnológicas. Son compañías muy sólidas, pero están emitiendo tanta deuda que, con tanta oferta, los intereses tienden a subir.
¿Y por qué la bolsa tecnológica no sufre como cabría esperar con los bonos pagando un 5%? Puertas da varios motivos. El primero, el retorno que esperan los inversores: "Si tú inviertes en una compañía esperando un retorno del 12% al año, pues para qué vas a invertir en un bono al 5% o un bono corporativo al 8%". El segundo, la capacidad de estas empresas para generar caja. Aunque ahora se lo estén gastando casi todo en inteligencia artificial, el mercado descuenta que podrían recortar esas inversiones si vienen mal dadas, algo que ya ocurrió en 2022 y 2023, cuando los siete magníficos lideraron con los tipos subiendo.
Por encima del 5%, la bandera roja ya está izada
Vicente Varó le pregunta cuándo hay que agitar de verdad esa bandera roja: ¿cuando el bono a 10 años llegue al 6%? Para Puertas no hace falta esperar tanto. "Por encima del 5% el diez años, la verdad es que ya es una gran tensión y lo estamos observando", afirma. Salvo un puñado de compañías, el resto del mercado se ve debilitado porque a las empresas que necesitan financiación constante les cuesta mucho más conseguirla. Basta mirar el Russell 2000 de pequeñas compañías, o el impacto en las hipotecas y en la venta de viviendas.
"La red flag ya la tenemos con nosotros", insiste. A las grandes compañías de calidad, en cambio, lo que más les afecta son los movimientos bruscos en la volatilidad de los bonos. Si esos movimientos rápidos se vuelven la norma, como ocurrió a finales de septiembre, es cuando el golpe llegaría también al S&P 500 y al Nasdaq 100.
Lo que necesita el mercado, a su juicio, es que los bonos se tranquilicen. "Un poco de calma por el lado de los mercados de bonos puede ayudar a recuperar a esa parte más deteriorada del mercado", explica. "Ojo, no hablo de un desplome. Un desplome sería igual de perjudicial", porque significaría que se descuenta una desaceleración económica.
La temporada de resultados, el gran catalizador
Puertas ve que desde finales de septiembre el mercado ya está empezando a ganar algo de amplitud, mientras los siete magníficos se toman una pausa. La temporada de resultados del tercer trimestre puede acelerar ese movimiento. Se espera un crecimiento de beneficios cercano al 27%, impulsado sobre todo por la inteligencia artificial, pero el crecimiento mediano esperado para las compañías del S&P 500 es de solo un 9%, menos que el trimestre anterior. Ahí ve margen para una sorpresa positiva que beneficie al resto del mercado.
"Un alivio de los rendimientos de los bonos y una buena temporada de resultados, desde mi punto de vista, sería el mayor catalizador que puede encontrarse el mercado", señala. Para aprovecharlo, prefiere el S&P 500 equiponderado (todas las empresas con el mismo peso) antes que el Russell 2000, que puede seguir sufriendo con estos niveles de rentabilidad en los bonos.
Sobre la Reserva Federal, su consejo es mirar a los bonos más que a las declaraciones de sus miembros. La rentabilidad de la letra americana a tres meses ya descuenta una nueva subida de tipos este año, y Puertas cree que la Fed seguirá al mercado: "No hacer caso al mercado sería provocar una desconfianza gigantesca en los inversores".
Petróleo por encima de 100 dólares: "Me he equivocado estrepitosamente"
Con el petróleo, Puertas entona el mea culpa. "Yo me he equivocado estrepitosamente", reconoce. No esperaba que el conflicto iniciado en marzo se alargara hasta las elecciones de medio mandato en Estados Unidos. Ahora se juntan varios factores: las reservas estratégicas que ayudaron en el primer semestre están prácticamente agotadas, el paso de buques por el estrecho sigue sin normalizarse y la demanda china ha vuelto con fuerza.
Añade un motivo menos evidente. Con el VIX en mínimos del año, muchos inversores que han visto caer sus acciones comprobaron que las coberturas sobre la volatilidad no funcionaban. Por eso, según su lectura, cada vez más gestores usan el petróleo como forma de cubrirse frente al riesgo geopolítico, lo que también ayuda a sostener su precio. A eso se suman los problemas en las refinerías, que han llevado la gasolina en Estados Unidos a máximos.
La economía americana, mientras tanto, resiste gracias a la inversión en inteligencia artificial. "Cuando decimos que la inteligencia artificial sostiene el mercado y sostiene la economía es porque es cierto", afirma.
El dólar resiste y el euro se debilita
El último frente es el de las divisas. Muchos daban por hecho que el dólar se debilitaría y ha ocurrido lo contrario. "El dólar, por más que quieran matarle a nivel teórico, en la práctica, siempre que hay cualquier tipo de problema actúa como lo que es, como la principal divisa refugio mundial", explica.
Puertas matiza que el dólar no está haciendo nada especial para fortalecerse: son otras divisas las que se debilitan. Primero el yen, con los rendimientos japoneses disparados y la divisa a la baja, una señal de que los inversores descuentan que Japón está perdiendo el control de su curva de tipos. Y ahora el euro, que va camino del 1,10 frente al dólar a pesar de que el BCE ya ha subido tipos, con el diferencial de Francia frente a Alemania en máximos desde 2012. Japón, dice, "es el espejo al que nadie quiere mirarse, pero es la dirección en la que todos vamos".
La única salida que ve es recortar el gasto público, aunque reconoce lo difícil que es en una democracia: "Cualquier administración que quiera llevar a cabo esto, lo que va a provocar es una crisis económica".
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