Vídeo - El riesgo oculto de invertir en empresas de IA en bolsa: "Sus costes no paran de crecer"
Los particulares tienen más dinero que nunca metido en bolsa, los gestores están casi totalmente invertidos y las valoraciones se sitúan entre las más altas de la historia. Y casi todo gira alrededor de una sola palabra: inteligencia artificial.
¿Estamos ante la mayor oportunidad de inversión de nuestra generación o ante la mayor trampa para el inversor? ¿Está todo demasiado caro o el mercado puede seguir subiendo? Pablo Gil, conocido trader y formador financiero, analiza la situación actual de los mercados, los riesgos que ve en el ecosistema de la IA y cómo está posicionando él mismo su cartera.
Por qué esta burbuja (si lo es) es distinta a la de los 90
Para Gil, el patrón actual tiene una diferencia clave respecto a ciclos anteriores, incluida la burbuja de internet de finales de los 90. Antes, explica, "una compañía salía a bolsa, captaba recursos, crecía y cuando salía a bolsa no tenía valoraciones exigentes. Era una promesa de valor". Hoy esa promesa de valor se gesta en el terreno privado, con dinero muy selectivo, y cuando llega la colocación pública ya sale con valoraciones exigentes, como ha ocurrido recientemente con SpaceX.
La segunda diferencia, señala, es la magnitud del compromiso financiero que exige la tecnología: "necesitamos cantidades ingentes de dinero para crear infraestructura, centros de datos, comprar chips, memorias, etcétera", y ese dinero hay que ponerlo ahora para un retorno que muchas compañías no prometen antes de 2028, 2029 o 2030. Ahí, dice, "es donde está el riesgo mayor", porque cualquier incomodidad del inversor con esa financiación a largo plazo puede destapar problemas de endeudamiento en todo el ecosistema.
Gil se declara convencido de que la inteligencia artificial va a disparar la productividad a nivel global, pero avisa de que el calendario que maneja el mercado es demasiado optimista. "No en el plazo que pensamos", matiza. Se apoya en estudios de Bloomberg que muestran que, más allá de las empresas tecnológicas punteras, el tejido empresarial tradicional es "muy poco elástico": estructuras de datos sin homogeneizar, directivos que no se atreven a transformar sus organizaciones por miedo a asumir un riesgo profesional, y plantillas que necesitan tiempo para adaptarse.
Mientras esa adopción avanza más despacio de lo esperado, "sus costes no hace más que crecer a un ritmo exponencial", advierte. Y ese desfase entre gasto disparado y beneficios que tardan en llegar es, para él, el terreno abonado para que surja la primera gran decepción del mercado.
El ecosistema de la IA se financia a sí mismo, y eso es un riesgo
Gil describe un entramado circular en el que las grandes tecnológicas se retroalimentan entre ellas: "cada pieza de este puzzle financia la de al lado con el dinero de Nvidia que vuelca sobre determinadas compañías. Ese dinero lo utilizan para comprarle sus propios chips", que a su vez financian la construcción de más centros de datos. El problema, avisa, es que estas compañías ya pesan "el 30 y tantos por 100 de índices como el S&P 500 o el 50% del Nasdaq", lo que concentra el riesgo de todo el mercado en un puñado de nombres.
A esto se suma un factor regulatorio que, según Gil, el mercado todavía no ha digerido del todo: la posibilidad de que gobiernos como el de Estados Unidos empiecen a restringir el acceso público a las versiones más avanzadas de estos modelos por motivos de seguridad nacional o ciberseguridad. "Va a haber un momento en que probablemente la decisión de cuánto crece y a dónde va la IA se va a haber captado por decisiones de gobierno", apunta, algo que complica enormemente valorar compañías cuyo desarrollo tecnológico podría dejar de ser visible para el mercado.
El detonante que vigila: la Reserva Federal, no la inflación
Preguntado por qué podría pinchar el mercado, Gil no apunta a la inflación ni a los tipos de interés como primer sospechoso. Sobre el nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, destaca un mensaje que le pareció significativo: "lo que vino a decir es que la Fed se había involucrado excesivamente en el mercado, que había creado esa ilusión de no voy a dejar nunca caer la bolsa". Si de verdad retira liquidez del sistema, avisa, "puede ser un catalizador clarísimo de una corrección" que, sin la ayuda de la Fed, podría no quedarse en un 20-30%, sino ser bastante más severa.
Gil enmarca esto en una idea de fondo sobre cómo funciona el mercado: "el mercado se mueve 70% por sentimiento y si no, no habría burbujas ni habría crashes". Recuerda además que figuras como Warren Buffett llevan tres años liquidando cartera y acumulan ya más de 400.000 millones de dólares en liquidez, mientras que Michael Burry ha abierto posiciones cortas contra tecnológicas y Ray Dalio avisa de desequilibrios. "Por desgracia casi siempre los picos de mercado, la euforia es minorista", resume.
Qué hacer con la cartera: diversificar y dejar de depender solo de EEUU
Su recomendación práctica parte de una constatación: desde el año pasado, la bolsa global le está ganando la partida a Wall Street. "Ya no es la mejor bolsa. Hay cosas mejores por ahí", resume, señalando que el mercado emergente y el Ibex lo han hecho mejor que el S&P 500 en el último año. Su primera recomendación es clara: "lo primero es diversifica, no concentres", evitando fondos indexados globales que, pese a llamarse así, mantienen un peso muy elevado en Estados Unidos.
La segunda pata de su estrategia es no concentrar toda la cartera en renta variable. Para perfiles conservadores, menciona los bonos, que a su juicio compensan la inflación con un margen razonable. También apunta al oro y la plata, tras las correcciones recientes desde máximos, como forma de diversificar hacia activos defensivos, y a las criptomonedas para quien busque más volatilidad: cree que el bitcoin todavía no ha tocado suelo, y sitúa ese nivel en torno o por debajo de los 50.000 dólares, aunque prefiere ir tomando posiciones de forma escalonada en lugar de esperar a un único precio objetivo. Sobre el mercado inmobiliario español, considera que el déficit estructural de vivienda —750.000 unidades, según el Banco de España— hace improbable un colapso de precios y lo ve como una alternativa razonable a largo plazo.
Si finalmente llega una corrección fuerte en la bolsa, su consejo es no salir corriendo, sino todo lo contrario: "si se diese una corrección de más de un 30% en la bolsa durante los próximos trimestres, te digo, hay que entrar a saco", asegura, convencido de que sería el punto de partida de una década de buenas rentabilidades.
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Este contenido se ha elaborado bajo un criterio editorial y no constituye una recomendación ni propuesta de inversión. La inversión contiene riesgos. Las rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras.
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