"Estamos en un superciclo tecnológico": el gestor que tiene Nvidia desde 2014 descarta burbuja en la IA
"Creemos de verdad que estamos en mitad de lo que yo llamaría un superciclo tecnológico o un superciclo generacional". Así de claro lo tiene Grant Bowers, gestor de carteras y especialista en renta variable estadounidense de Franklin Templeton. Es decir, para él la IA no es una burbuja a punto de estallar, nada más lejos de la realidad. Y estaríamos solo al principio.
Bowers lo explicó este lunes en un almuerzo con periodistas en Madrid al que asistió Finect. Y puso la IA a la altura de los grandes cambios tecnológicos de las últimas décadas: "Es equivalente a los teléfonos móviles o a la computación en la nube. Se podría poner en la misma categoría que el auge de internet. Son tecnologías transformadoras que absorben una cantidad enorme de inversión".
No esconde, eso sí, que esos ciclos han acabado a veces mal. "En ocasiones dieron lugar a un ciclo de auge y caída, en otras a un crecimiento asombroso. Pero el valor económico creado siempre ha sido espectacular", añadió. Su conclusión es que la IA está todavía en la primera fase: "Seguimos en los primeros días de lo que es un superciclo de la IA".
El gestor sabe de lo que habla en cuanto a ciclos tecnológicos. Su equipo de análisis está en Silicon Valley y, según contó, tiene Nvidia en cartera desde 2014 o 2015, "cuando solo hacían tarjetas gráficas". Gestiona el Franklin U.S. Opportunities Fund, una estrategia de crecimiento all cap con entre 60 y 80 valores de compañías estadounidenses.
Entonces, ¿en qué punto del superciclo estamos?
Bowers recurre a la curva en S con la que se suele medir la adopción de una tecnología: una fase de experimentación, otra de crecimiento exponencial y, por último, la madurez. Y compara la IA con la nube. "Creemos que estamos más o menos a mitad del ciclo de la computación en la nube. Si ponemos la IA en esa misma curva, estamos muy, muy al principio del ciclo de adopción", explicó.
Eso no le hace perder de vista el tamaño de lo que está en juego. "Es algo sin precedentes en su escala y su tamaño, y no está exento de riesgos", reconoció. El ciclo de inversión, según sus palabras, también "no tiene precedentes".
Para saber si el superciclo aguanta, el gestor no se fija tanto en las cifras de inversión como en tres preguntas. ¿Hay demanda real? ¿Los clientes pagan por estas herramientas? ¿Las empresas incorporan la IA a su trabajo diario o solo la prueban una vez "porque es divertida"? De momento, asegura que "la demanda está por las nubes". Su equipo la sigue con datos mensuales y con indicadores en tiempo real como el precio de alquiler de las GPU.
¿Qué se está construyendo con los miles de millones que se gastan en centros de datos? Bowers responde con una analogía industrial. En una fábrica tradicional entraban acero o productos químicos, se aplicaba maquinaria y energía, y salía un coche o un teléfono. En una fábrica de IA, la materia prima son los datos (a menudo propios), la maquinaria es la capacidad de computación y el combustible es la electricidad. "El resultado no es un coche, ni una silla, ni un teléfono. El resultado es inteligencia", resumió.
Es decir: decisiones, predicciones y análisis que mejoran la productividad del trabajo de oficina. Su hoja de ruta tiene varias fases. Primero la infraestructura (chips, GPU), después los agentes y las aplicaciones (herramientas para médicos, ingenieros, abogados o científicos) y, por último, la llamada IA física, con robots y conducción autónoma. "Así es como vamos a interactuar con la IA, no necesariamente a través de un pequeño chatbot, sino de un agente o una herramienta que hace un trabajo por nosotros", explicó.
¿Y si es una burbuja como la de las puntocom?
Es la pregunta que más le hacen, y Bowers contesta con números. En los 90 la demanda real era mínima, los múltiplos superaban las 50 veces beneficios y las compañías quemaban caja. Hoy las grandes tecnológicas cotizan entre 18 y 30 veces beneficios, con balances sólidos, poco apalancamiento y mucho flujo de caja.
"Si viéramos una caída de la demanda en IA, las acciones serían volátiles, pero no provocaríamos un crash", defendió. La diferencia, a su juicio, está en quién sostiene el mercado: compañías de más de un billón de dólares que generan caja, frente a "un montón de empresas aleatorias" sin historial en el año 2000.
Tampoco le inquieta en exceso la financiación circular entre los gigantes de la IA, con Nvidia invirtiendo en sus propios clientes. "Como inversor externo, no siempre me encanta la idea", admitió, aunque cree que el volumen es pequeño en relación con el tamaño de estas compañías.
Según explicó, en algunos acuerdos Nvidia solo garantiza el último 20% de la financiación (el valor residual de los chips) y el 80% restante lo aportan los mercados.
¿Y la deuda o la destrucción de empleo no le preocupan?
El indicador que vigila es el diferencial de crédito de los hyperscalers: "Si estuviéramos viendo tensión financiera o en los balances (...), empezaría a aparecer pronto en el mercado de renta fija. Y lo que hemos visto, en todo caso, es que los diferenciales se han comprimido".
Dicho esto, el gestor no ve en el repunte de las rentabilidades de la deuda una amenaza para el superciclo. Lo atribuye a una economía que crece con fuerza y a la salida del entorno de tipos cero posterior al Covid. "Estamos volviendo a lo que yo llamaría un entorno de tipos de interés a largo plazo mucho más normalizado", señaló. La inflación actual la relaciona sobre todo con la energía por el conflicto en Irán, y cree que se irá moderando.
Tampoco teme un gran impacto en su cartera. "Muchas de las empresas que tenemos en cartera son rentables, generan flujo de caja libre y no tienen grandes niveles de deuda", explicó. Sobre la destrucción de empleo por la IA, fue tajante: "No se ha materializado de forma significativa".
¿Y la competencia de China o la regulación?
Preguntado por la competencia que llega de china de modelos de código abierto, como DeepSeek o Kimi, Bowers anticipa un mercado partido en dos. Los modelos baratos se quedarán con el trabajo más comoditizado y los modelos de frontera, con las tareas de mayor valor y los datos sensibles. "Para ir al trabajo no necesitas un Ferrari. Pero si tuvieras una carrera, pagarías por el Ferrari", ilustró. Su reparto posible: el 20% del trabajo iría a los modelos de frontera, pero generaría el 80% de los ingresos.
En cuanto a la regulación, cree que llegará, pero sin "descarrilar" la expansión de la IA. Y sobre el movimiento contra los centros de datos fue especialmente crítico: lo considera más una cuestión política alimentada por las redes sociales que un problema real de consumo de agua o de precios de la electricidad.
¿Y la concentración? El superciclo no se quedará solo en las grandes tecnológicas
Bowers cree que los beneficios de la IA van a repartirse más. Las Magnificent Seven seguirán creciendo, pero el resto del mercado "va a recoger buena parte del testigo", tanto por sectores como por tamaño. "Es una historia de crecimiento de beneficios en EE.UU., y no solo de compañías tecnológicas y de IA", señaló. Con ese argumento explica que el S&P 500 suba en torno a un 11-12% en lo que va de año pese a la guerra en Irán, el repunte de los tipos o los temores sobre el empleo.
El dato que más le gusta es la valoración del S&P 500 equiponderado (el índice en el que todas las compañías pesan lo mismo, sin la distorsión de las grandes tecnológicas): cotiza a unas 16 veces beneficios. "Me parece una valoración bastante razonable para un mercado con un crecimiento de beneficios del 12% al 15%", afirmó.
Varias de las áreas donde busca ideas están conectadas con la IA. En el renacimiento industrial de EE.UU., tras unos 40 años de desinversión en fábricas, el primer beneficiario es la IA, a través de la generación eléctrica y la infraestructura. A eso se suma la relocalización de plantas (el reshoring) en fábricas automatizadas y robotizadas.
En salud, la IA se combina con el envejecimiento de la población: "Creo que las piezas están en su sitio para una especie de edad de oro del descubrimiento en el sector salud", aseguró. Completa la lista la digitalización de las finanzas, con pagos digitales, stablecoins y tokenización de valores.
La cartera también tiene algo más del 5% invertido en compañías no cotizadas, junto al equipo de capital riesgo de la gestora, Franklin Venture Group. Bowers recordó que el fondo era inversor en SpaceX antes de su salida a bolsa y espera una demanda fuerte en las próximas OPV de compañías como Anthropic u OpenAI.
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