La señal que falta para que el oro siga subiendo: "Los grandes inversores aún no han movido ficha"

La señal que falta para que el oro siga subiendo: "Los grandes inversores aún no han movido ficha"

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La onza de oro cotiza en el entorno de los 4.500 dólares, con una revalorización cercana al 38% en el último año, y sin embargo los grandes inversores institucionales —fondos de pensiones, fondos globales, responsables de asignación de activos— siguen sin mover ficha. Esa es la paradoja que señala Ned Naylor-Leyland, gestor de inversiones de Oro y Plata en Jupiter AM, en su último análisis sobre las perspectivas de los metales monetarios.

Según el gestor, el conflicto en Oriente Medio ha frenado los movimientos tácticos de muchos inversores, que "se abstienen de realizar grandes cambios en las carteras". Pero esa cautela, lejos de ser una señal negativa, podría estar señalando un punto de inflexión: el capital que realmente mueve el mercado a largo plazo aún no ha entrado.

¿Quién ha movido el mercado del oro… y quién no?

Naylor-Leyland distingue tres bloques que sí han participado en el rally reciente del oro y la plata: los operadores especulativos y hedge funds, los inversores minoristas —atraídos por la revalorización del último año— y los bancos centrales, que llevan varios años incrementando sus reservas de oro.

Pero hay un cuarto grupo, con mucho más peso, que se ha quedado al margen: "Los que no han movido el mercado son los responsables de asignación de activos y los inversores a largo plazo", apunta el gestor. "En estas categorías se incluyen los fondos de inversión globales y los fondos de pensiones y jubilación, que pensamos que no invierten lo suficiente en oro y plata".

La explicación, según Naylor-Leyland, tiene un nombre muy concreto: los Siete Magníficos. "Durante los últimos años, los inversores a largo plazo solo han tenido ojos para los valores tecnológicos, como los Siete Magníficos (Microsoft, Apple, Nvidia, etc.), y los activos no cotizados, lo que, a nuestro juicio, ha dejado poco espacio a otras inversiones".

Más allá de la coyuntura, el gestor de Jupiter AM apunta a un cambio estructural de fondo que, a su juicio, respalda las perspectivas del metal precioso a largo plazo. "Creemos que podríamos estar asistiendo al final de un largo ciclo de hegemonía de EEUU, sustanciado en la primacía del dólar y los bonos del Tesoro estadounidense como principales activos sin riesgo del sistema financiero mundial", señala.

No se trata solo de Estados Unidos. Naylor-Leyland recuerda que Francia, Italia, el Reino Unido y Japón también acumulan niveles importantes de deuda pública, lo que erosiona la confianza en las grandes divisas. "Esa es una de las razones por las que las grandes monedas fiduciarias —el dólar, el euro, la libra esterlina y el yen— han perdido valor frente al oro durante los últimos 25 años", añade.

No confundir parón con cambio de tendencia

Desde otra óptica, Nicolas Cracco, CEO de Gold Avenue, pone el foco en un problema recurrente entre los inversores particulares: confundir una corrección técnica con un cambio de tendencia. "Muchos inversores están cediendo actualmente a la 'trampa' del análisis cortoplacista", alerta. "Al centrarse en las fluctuaciones del último mes, terminan olvidando la naturaleza fundamental del oro: un activo para la preservación de la riqueza a largo plazo".

"Aunque el oro alcanzó los 4.880 dólares la onza hace apenas diez días, su estabilización actual en torno a los 4.740 dólares es percibida por algunos como una caída, cuando en realidad se trata de un respiro saludable tras un año récord", explica. El experto comenta a su vez como error la idea de que si el oro baja durante una crisis, ha dejado de funcionar como refugio. La explicación es más mecánica que fundamental.

"Cuando los inversores institucionales deben responder a ajustes de margen (margin calls) en los mercados de activos de riesgo, venden lo que tienen de más valioso y líquido: el oro, con el fin de cubrir sus pérdidas y obtener liquidez inmediata", señala Cracco. En ese escenario, lejos de fallar, el oro "cumple perfectamente su misión: sirve como reserva de valor disponible y protección del conjunto del patrimonio financiero del inversor cuando los demás activos se desploman".

Inflación en las mineras

Es algo en lo que están de acuerdo desde Truth Below Ground, plataforma independiente de análisis del sector minero, que aportan un matiz adicional al debate: su comportamiento reciente "no puede explicarse por su condición de activo refugio, habiendo estado negativamente correlacionado con el petróleo y positivamente correlacionado con activos de riesgo". La firma apunta a que las dinámicas en juego están más ligadas "a la presión que los altos precios del petróleo están ejerciendo sobre las economías emergentes, dado que estas han sido la principal fuente de demanda del oro en los últimos años", así como a las expectativas sobre bancos centrales y la relación del metal con los tipos de interés.

Además, la plataforma minera subraya un fenómeno que afecta transversalmente a todo el sector: la inflación de costes. El shock energético ya empieza a trasladarse a las cuentas de las compañías mineras, especialmente a través del diésel y los fletes. Grandes productoras como Barrick Mining y Newmont ya han cuantificado sensibilidades relevantes ante movimientos del crudo. "Si el coste marginal de producir oro o cobre se desplaza estructuralmente al alza, también podría elevarse el suelo económico de los metales", concluye Truth Below Ground.

Los dos escenarios sobre la mesa

Naylor-Leyland plantea dos caminos posibles, y en ambos ve margen para los metales monetarios:

  • Escenario 1: la guerra termina pronto. El mercado podría volver a descontar recortes de tipos por parte de la Fed y una inflación controlable. "Consideramos que eso sería positivo para los metales monetarios", señala.
  • Escenario 2: la guerra se enquista. Perturbaciones en las cadenas de suministro, petróleo y gas al alza, y un entorno de estanflación similar al de los años 70. "Eso sería negativo para los activos de riesgo y las carteras 60-40 tradicionales", reconoce el gestor. Pero esa incomodidad podría ser, paradójicamente, el catalizador que falte: "Esta situación podría animar a los responsables de asignación de activos con enfoque a largo plazo a volver la vista hacia el oro y la plata".

Para ilustrar ese posible punto de inflexión, Naylor-Leyland recurre a una imagen gráfica: "A veces recurro al símil del portaaviones: esta ingente área del mercado comenzaría a virar, a poner sus miras en el oro y la plata y a dar impulso al mercado".

Sin señales de euforia… todavía

El gestor insiste en que la ausencia de los grandes asignadores de activos es, en realidad, la señal más reveladora del momento actual. La mayor parte del movimiento del oro y la plata ha venido por el lado especulativo y minorista, no por flujos estructurales de largo plazo. Si esos flujos llegaran a activarse, el recorrido potencial podría ser significativo.

Con todo, Naylor-Leyland no elude los matices: "Es importante reconocer que los resultados de las inversiones en oro y plata, así como en los valores de empresas que extraen estos metales, pueden diferir sustancialmente de las expectativas", advierte. "La evolución de los precios depende de la oferta y la demanda físicas, pero también de los flujos de capitales, la confianza del mercado y los sucesos macroeconómicos, factores todos ellos que pueden cambiar rápidamente".

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Este contenido se ha elaborado bajo un criterio editorial y no constituye una recomendación ni propuesta de inversión. La inversión contiene riesgos. Las rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras.


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