¿Se viene un superciclo de materias primas? "Que el oro volverá a máximos históricos no me cabe la menor duda"

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El oro sube ya más de un 17% en lo que va de año. El cobre, la plata, el platino… los metales llevan meses anticipando algo que muchos inversores aún no han terminado de procesar. ¿Hemos entrado en un nuevo superciclo de materias primas? ¿Qué significa eso para una cartera? ¿Y qué está pasando realmente con el oro?

Gustavo Martínez, gestor de patrimonios, analista de bolsa y cofundador de Value Project, lleva tiempo defendiendo esta tesis. En esta entrevista con Vicente Varó en Finect explica por qué cree que los activos reales —oro, plata, cobre, productores de materias primas— son la posición central de cualquier cartera en el entorno actual, y por qué el mercado todavía no está cotizando bien los riesgos que la renta fija sí está descontando.

Qué es un superciclo de materias primas y por qué Gustavo cree que ya estamos en uno

Para Gustavo Martínez, ya no hay margen para la duda: los metales llevan tres años anticipando una coyuntura que él define como el choque entre activos duros y activos blandos. "Los metales llevaban tres años anticipando lo que muchos ya pensábamos que era evidente: que estábamos en una coyuntura donde los activos duros chocan con los activos blandos, donde la escasez predomina", explica.

Un superciclo de materias primas, matiza, no se produce principalmente por un boom de la demanda, sino sobre todo por el lado de la oferta. La causa de fondo es estructural: una sobreabundancia de deuda, déficits fiscales crónicos que se financian con mayor emisión monetaria, y eso choca contra activos escasos como las materias primas. "No es que suban tanto las materias primas, sino que lo que cae es el poder adquisitivo de la moneda fiat", resume.

La secuencia histórica de estos ciclos, añade, siempre empieza igual: primero tira el oro, luego la plata, el platino, el paladio; después vienen los metales industriales como el cobre y el aluminio, y finalmente irrumpe el petróleo. Eso es exactamente lo que estamos viendo ahora.

Por qué el oro no ha fallado como refugio: la explicación que muchos analistas están pasando por alto

Desde que arrancó el conflicto geopolítico, el dólar se ha comportado mejor que el oro a corto plazo, y algunos analistas han interpretado eso como un fracaso del oro como activo refugio. Gustavo discrepa con claridad: "El oro no ha fallado en absoluto. En lo que va de año sube un 17-18% y lo que ha pasado es que se ha producido una correlación negativa entre el precio del petróleo y el oro en el muy corto plazo".

La mecánica es sencilla: cuando el petróleo sube con fuerza, los estados y los mercados necesitan más dólares de forma inmediata para poder comprar sus 100 millones de barriles diarios. Para obtener esos dólares, liquidan las posiciones de reserva más líquidas que más han subido en los últimos años. Y eso, precisamente, es el oro. "El oro ha caído demasiado poco para la cantidad de dólares que está necesitando el mercado en el corto plazo", sostiene.

Cuando esa demanda urgente de dólares se alivie, su tesis es que el oro volverá a recibir flujos con fuerza. No le cabe duda de que veremos nuevos máximos históricos: "Que el oro va a hacer máximos históricos y que estamos en un tercer gran ciclo de los metales y de commodities, no me cabe ni la menor duda".

Cómo posicionar la cartera: al menos un 50% en activos duros

La tesis de inversión de Gustavo en este entorno es contundente. Para un inversor que entienda bien, plantea como mínimo un 25% en oro y otro 15% en el resto de metales —plata, platino— y en productores de materias primas: mineras de oro, de plata, productores de cobre y de petróleo offshore. En total, entre oro y commodities, defiende llevar como mínimo un 50% de la cartera.

Para quien quiera exposición de forma diversificada, menciona el Bloomberg Commodity Index como referencia. Y añade cautela frente a todo lo que dependa de tipos bajos: "Mucho cuidado con invertir en compañías que tienen mucha deuda y ojo con escenarios de tipos de interés más elevados. No por parte de los bancos centrales, sino por parte del propio mercado".

A quien se pregunte si entrar ahora o esperar, su posición es directa: la liquidez también es una posición, y tiene un coste de oportunidad real. "No estar invertido en activos más escasos, mientras la inflación real —la que tú sientes, la que tú padeces— te come el patrimonio, es la posición más cara que puedes tener".

El petróleo por encima de 100 dólares: lo que el mercado aún no está cotizando

Gustavo no considera el repunte del petróleo un fenómeno puramente geopolítico y transitorio. Nueve semanas consecutivas por encima de los 100 dólares (aunque este miércoles baja con fuerza) son, en su lectura, "una bestialidad inflacionaria" que el mercado de renta variable todavía no está descontando.

La contradicción que señala es llamativa: los bonos americanos sí están cotizando esos riesgos —el bono a 30 años ya supera el 5%, el de 10 años está por encima del 4,5%— pero la bolsa sigue cotizando a 24-25 veces beneficios. "No entiendo que haya unos múltiplos tan elevados en el S&P 500 que no estén cotizando lo que está cotizando la renta fija", afirma.

El resultado es una prima de riesgo de la renta variable negativa: el S&P 500 ofrece en torno a un 4% de rentabilidad implícita frente a un bono soberano libre de riesgo que paga el 4,5-5%. "Estamos en uno de los puntos donde menos se premia el hecho de estar invertido en renta variable de la historia. Solo ha habido dos momentos comparables: 2007 y 1999", advierte.

El punto de no retorno: por qué el 5% en el bono a 30 años lo cambia todo

Gustavo llama "punto de no retorno" al nivel del 5% en el bono americano a 30 años. La razón es mecánica: el PER histórico del S&P 500 es aproximadamente 15, lo que implica que la tasa de descuento relevante para valorar la bolsa es precisamente la del tramo largo de la curva. Cuando ese tramo supera el 5%, todo el sistema de precios empieza a distorsionarse.

El problema fiscal añade urgencia al análisis. En 2026, Estados Unidos tiene que refinanciar aproximadamente el 25% de toda su deuda. Una parte significativa se emitió hace cinco o seis años, cuando los tipos eran cercanos a cero. Refinanciarla ahora a tipos del 4,5-5% supone un encarecimiento automático del déficit de entre 150.000 y 200.000 millones de dólares adicionales. "Todo lo que esté por encima del 5% es peligroso, porque la partida del déficit se te escapa de control", explica.

La conclusión que extrae es rotunda: la Fed no tiene salida fácil. Puede sacrificar el dólar o puede sacrificar los bonos, pero los bonos no puede sacrificarlos porque los necesita para financiar el aparato del Estado. "Solo te queda sacrificar el dólar. Mientras que estés en esa posición, no tienes margen de maniobra", concluye.

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Este contenido se ha elaborado bajo un criterio editorial y no constituye una recomendación ni propuesta de inversión. La inversión contiene riesgos. Las rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras.


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