El Banco de Japón ha optado por mantener sin cambios los tipos de interés en torno al 0,75%, aunque ha puesto el foco en un riesgo creciente: el encarecimiento del petróleo derivado del conflicto en Oriente Próximo y su posible impacto en la inflación.
La decisión se ha aprobado con una amplia mayoría dentro del Consejo de Política Monetaria, aunque no ha sido unánime. Uno de sus miembros, Hajime Takata, defendió una subida de tipos hasta el 1%, al considerar que las presiones inflacionistas podrían intensificarse por factores externos.
Desde la institución reconocen que el repunte de la tensión geopolítica —especialmente en torno a Irán— ya está teniendo efectos visibles: mayor volatilidad en los mercados y un alza relevante en el precio del crudo. Por ello, insisten en seguir de cerca la evolución de estos factores en los próximos meses.
En cuanto a la inflación, el banco central japonés prevé que el IPC subyacente (sin alimentos frescos) pueda moderarse temporalmente por debajo del 2%. Sin embargo, advierte de que la subida del petróleo podría volver a presionar al alza los precios, reforzando además las expectativas inflacionistas a medio y largo plazo.
De hecho, su escenario central sigue apuntando a que la inflación converja gradualmente hacia el objetivo del 2% en el horizonte de previsión recogido en su informe económico.
Entre los principales riesgos, el Banco de Japón señala varios frentes: la evolución del conflicto en Oriente Próximo, el comportamiento del petróleo, la situación económica global —incluidas las políticas comerciales—, así como las decisiones de empresas en salarios y precios y la estabilidad de los mercados financieros y divisas.
Un diagnóstico que no es exclusivo de Japón. Desde la Reserva Federal de Estados Unidos, su presidente Jerome Powell también ha advertido de la incertidumbre que genera el conflicto en Irán sobre la inflación.
Powell ha señalado que el impacto dependerá, sobre todo, de la duración del conflicto y de cómo evolucione el mercado energético. “La clave es cuánto tardarán estos movimientos en trasladarse a la economía real”, explicó tras la última reunión de la Fed.
Eso sí, el mensaje desde la Fed es de cautela: vigilar de cerca la situación sin sobrerreaccionar. Powell apuntó que un petróleo alto y sostenido podría afectar al consumo, aunque evitó anticipar cambios en la estrategia de política monetaria.
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