Cuatro escenarios para el futuro de la inteligencia artificial
La inteligencia artificial sigue evolucionando a gran velocidad. Los modelos están mejorando, los costes de computación se reducen y las compañías comienzan a registrar mejoras tangibles de eficiencia.
Al mismo tiempo, el ciclo de inversión en inteligencia artificial está adquiriendo un carácter más estructural. Los gastos de capital de los hiperescaladores, la expansión de los centros de datos y la financiación de los proyectos de alto consumo eléctrico recurren cada vez más a los mercados de deuda. Se está registrando un notable aumento del volumen de emisión en los mercados de deuda corporativa este año, y una parte muy importante está relacionada con la inversión tecnológica a gran escala. La creciente inversión empresarial, el aumento de la emisión de deuda y la reducción del coste de la capacidad de procesamiento (los recursos de hardware que se necesitan para que la inteligencia artificial funcione) parecen indicar que no nos encontramos ante un repunte temporal, sino al inicio de un ciclo de intensificación del capital.
Las decisiones políticas están configurando esta transición. La flexibilización fiscal que se está llevando a cabo en ciertos países de Europa, las medidas de orientación expansiva en Japón y la previsión de ajustes en los tipos de interés estadounidenses ofrecen margen para que la inversión continúe. La normativa se está endureciendo, pero el entorno político en general, especialmente en un contexto de competencia estratégica entre los distintos países, sigue ofreciendo un impulso, más que un freno, a la adopción de las nuevas tecnologías.
Comienzan a registrarse ganancias de productividad
El resultado apunta a un impulso notable de la nueva tecnología, que viene acompañado, no obstante, de cierta incertidumbre. La adopción de la inteligencia artificial se está generalizando, pero su aplicación en la economía real sigue despertando cierto recelo. La inversión es sólida, aunque su rentabilidad dependerá de la rapidez con la que estas herramientas se adopten de forma generalizada en el conjunto de la economía.
Cuando hay mucha incertidumbre, las previsiones que se reducen a un único escenario pueden quedarse cortas. El equipo multidisciplinar conocido como Night Watch está formado por economistas, analistas políticos y gestores de Capital Group que analizan los episodios de inestabilidad de los mercados con el fin de tomar mejores decisiones de inversión. En lugar de predecir un único desenlace, el equipo ofrece una serie de posibles escenarios futuros, y analiza la interacción de los distintos factores tecnológicos, económicos y políticos, así como las consecuencias que tienen las distintas trayectorias posibles en las carteras de inversión.
En el caso de la inteligencia artificial, estos ejes pueden expresarse en función del grado de adopción de la nueva tecnología en el conjunto de la economía y de la orientación de la política y las condiciones financieras. Al cruzar ambos ejes surgen cuatro posibles escenarios, que ofrecemos a continuación para describir cómo podría desarrollarse la transición de la inteligencia artificial.
Un marco para reflexionar sobre el futuro de la IA

Escenario 1: superciclo de inteligencia artificial
En este escenario, la inteligencia artificial se integra en todos los sectores. Las compañías reorganizan sus flujos de trabajo, automatizan las tareas rutinarias y utilizan herramientas de inteligencia artificial para realizar labores operativas, analíticas y creativas. Los primeros indicios de aumento de la productividad y la caída del coste de capacidad computacional reducen la barrera que supone una adopción generalizada de la nueva tecnología.
Unas políticas favorables refuerzan la dinámica. Los gobiernos priorizan la competitividad, la productividad nacional y la importancia estratégica de los sectores vinculados a la inteligencia artificial, lo que favorece que se mantenga la inversión. La evolución de los marcos normativos permite la experimentación y el desarrollo de la tecnología, y las herramientas fiscales, ya sea en forma de incentivos, contratación pública o gasto en infraestructuras, contribuyen a eliminar los cuellos de botella y a acelerar un uso generalizado.
Se consolida asimismo un ciclo de inversión sostenido. La expansión de la capacidad de los centros de datos y la infraestructura relacionada impulsa la demanda de materias y equipos de elevado consumo eléctrico, mientras que la reducción del coste unitario de la capacidad de cómputo facilita que las compañías puedan hacer un uso cada vez mayor de la inteligencia artificial. La adopción generalizada viene acompañada en este caso de una orientación política expansiva y una financiación accesible, lo que hace que la interacción entre ambos ejes se refuerce mutuamente: el aumento de la productividad impulsa los beneficios empresariales, los beneficios impulsan la inversión y la inversión impulsa un mayor uso de la tecnología. El resultado es un periodo prolongado de crecimiento elevado y mejora de los márgenes.
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