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Un universo más amplio: lecciones del mayor Mundial de fútbol de la historia
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Un universo más amplio: lecciones del mayor Mundial de fútbol de la historia

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  • Una Copa Mundial de la FIFA con 48 selecciones da acceso a un mayor número de países, pero no en igualdad de condiciones. Lo mismo ocurre en los mercados. 
  • La etiqueta de «mercados emergentes» da hoy menos información que en el pasado. Italia, que ha ganado cuatro veces el Mundial de fútbol, ya se ha perdido tres torneos consecutivos. En el fútbol, como en los mercados, la reputación puede tardar varios años en reflejar la realidad. 
  • Más vías de clasificación aumentan la competencia, pero no garantizan el éxito. Eso es cierto tanto para las selecciones de fútbol como para los emisores. La exposición a un universo más amplio no implica una mejor diversificación.

La Copa Mundial de la FIFA 2026 será la mayor de la historia. Por primera vez, competirán 48 selecciones, frente a las 32 anteriores, y estará coorganizada por tres países: Estados Unidos, Canadá y México. 

Este formato ampliado crea más plazas de clasificación, especialmente para las regiones que han estado históricamente infrarrepresentadas, e introduce vías adicionales de acceso al torneo. Los mercados internacionales de capital han seguido una trayectoria similar. El índice MSCI Emerging Markets incluye ahora a 24 países, frente a los 10 que lo componían en el momento de su lanzamiento, y su participación en la capitalización de mercado a escala mundial se ha duplicado desde el año 2000. El mercado de renta fija también se ha ampliado. 

Los mercados de deuda emergente denominada en divisa local han crecido de manera significativa en los últimos diez años, y la emisión de deuda pública en dólares en los mercados emergentes también ha aumentado de forma notable, con nuevos emisores que se han sumado a los emisores tradicionales. 

Un mayor acceso no equivale a un acceso equitativo, ni en el fútbol ni en los mercados 

En la Copa Mundial de fútbol, el camino hacia la clasificación varía enormemente según la confederación. Las selecciones con peor clasificación deben empezar en rondas preliminares y disputar muchos más partidos solo para llegar a la fase en la que comienzan las selecciones más consolidadas. 

En los mercados, el paralelismo se mantiene. Muchas economías emergentes que emiten deuda en dólares lo hacen a un coste notablemente superior al de los mercados desarrollados, con menor liquidez y mayor dependencia de los flujos de inversión extranjera. Los mercados de deuda denominada en divisa local han ganado en profundidad, pero siguen enfrentándose a limitaciones operativas y de transparencia que restringen la participación. 

Esta asimetría va más allá de los precios. Muchas economías emergentes presentan hoy fundamentales más sólidos que los mercados desarrollados: un mayor ritmo de crecimiento, unos ratios de deuda-PIB más bajos y una población activa más joven. Y, sin embargo, siguen afrontando una penalización estructural en el trato que reciben de los mercados internacionales. La renta variable emergente sigue cotizando con un descuento significativo con respecto al mercado estadounidense sobre la base de los beneficios esperados, lo que representa una de las mayores brechas de valoración de los últimos veinte años, mientras que la calidad del crédito corporativo de mercados emergentes ha ido aumentando de forma constante. 

La situación es diferente en lo que respecta a la flexibilidad política. Durante la pandemia, los gobiernos de los mercados desarrollados recortaron sus tipos de interés hasta situarlos en un nivel cercano al cero, pusieron en marcha programas de compra de activos a gran escala y aplicaron importantes medidas de estímulo fiscal. Muchas economías emergentes se enfrentaron a una crisis de envergadura similar, pero no pudieron responder en la misma medida. La fragilidad de las divisas, el riesgo de inflación y la dependencia de la financiación externa hicieron que los recortes de tipos fueran más moderados, el estímulo fiscal más limitado y la recuperación más lenta y desigual. 

La buena noticia es que muchas economías emergentes llevan diez años reforzando sus cimientos. La credibilidad de sus bancos centrales ha mejorado, la flexibilidad de sus tipos de cambio ha aumentado y sus mercados de deuda denominada en divisa local han ganado en profundidad. Todos estos factores han ayudado a que el impacto del reciente ciclo de endurecimiento monetario de la Reserva Federal estadounidense haya sido muy inferior al que solía tener en el pasado. 

No obstante, el terreno de juego sigue siendo desigual, y el coste de un error político sigue siendo mayor en una economía emergente que en una desarrollada.

Las viejas etiquetas ya no tienen tanto sentido 

Es posible que Argentina, Brasil y Méjico sean economías de mercados emergentes, pero, en términos de fútbol, tienen muy poco de emergentes. Por el contrario, algunas de las naciones más ricas del mundo rara vez han tenido opciones reales de ganar un Mundial de fútbol. Italia es un ejemplo revelador: cuatro veces campeona del mundo, la segunda selección en la clasificación histórica, y, sin embargo, la italiana se pierde este año el Mundial por tercera vez consecutiva, algo que no había ocurrido con ninguna otra selección campeona. Su eliminación tuvo lugar en la tanda de penaltis en el partido contra Bosnia y Herzegovina, un país que participa por segunda vez en un Mundial y sin apenas presencia en los mercados internacionales de capital. 

Y lo mismo ocurre con la economía. Se prevé que la economía india crezca este año a un ritmo varias veces superior al de Alemania o el Reino Unido. Las economías emergentes y en vías de desarrollo representan ya casi la mitad del PIB mundial, cuando a principios de siglo su representación estaba en torno al 25%, y han contribuido a la mayor parte del crecimiento que ha registrado la economía mundial en los últimos veinte años. La etiqueta de «emergente» dice muy poco sobre la solidez subyacente de una economía, o sobre la calidad de la oportunidad de inversión.

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