La jubilación nos preocupa, o nos interesa, a la gran mayoría. Pero en el caso de los autónomos, por las características específicas de cómo cotizan a la Seguridad Social, tener un plan cobra especial relevancia y parte de que la diferencia entre elegir una base de cotización u otra determinará la cantidad de dinero disponible en el presente (y que se puede invertir) y también la cuantía de la pensión del autónomo en el futuro.

Es frecuente leer cada cierto tiempo en las noticias que las pensiones de los autónomos son significativamente inferiores a las de los asalariados: según los datos del Ministerio de Trabajo, la pensión media de un autónomo no llega a los 800 euros mientras que la del asalariado roza los 1.300.

Esto se debe a que muchos autónomos eligen cotizar a la base mínima o a alguna intermedia y no a la máxima y suelen subir la base de cotización al máximo durante los últimos años (que son los que se utilizan para el cálculo de la pensión). Esta elección puede ser estratégica o surgir de la necesidad de tener recursos en el presente. Pero es importante tener en cuenta que existe una edad límite por encima de la cual no está permitido incrementar la cotización al máximo, sino que en caso de que el autónomo desee aumentarla, no podrá superar una base intermedia (desde 2019, son los 47 años y 2.052 euros).

Quienes coticen al mínimo tendrán, como es lógico, menor pensión que los que lo hagan al máximo. Pero también habrán pagado menos dinero y ese ahorro podrán haberlo invertido. Para decidir qué base nos interesa hay que tener en cuenta: esperanza de vida, rentabilidad esperada para los ahorros y posibles reformas del sistema de pensiones.

Vamos a verlo con un ejemplo. Juan tiene 46 años y lleva veinte años trabajando como autónomo. Hasta ahora cotizaba al mínimo, pero se pregunta si debería continuar cotizando al mínimo e invertir la diferencia o si le compensaría cotizar al máximo.

Si a partir de los 47 años, continúa cotizando a la base mínima, la pensión que recibirá cuando se jubile a los 67 años será de 14.497,99 euros, incluyendo el efecto de la inflación (traducido a euros actuales equivaldría a 9.565,42 euros) y aplicando un factor de sostenibilidad del 12,50%.

Sin embargo, si cotiza a la base máxima, recibirá la pensión de 53.134,02 euros, incluyendo el mismo factor de sostenibilidad y en un escenario en el que se calcula una inflación anual del 2%. Esta pensión, traducida a euros actuales equivale a 35.056,54 euros.

Es decir, cotizando a la base máxima recibe cada año 25.491,12 euros de pensión más que si lo hace al mínimo, con lo que el efecto acumulado entre los 67 y los 100 años es de 1.529.461 euros al máximo frente a 513.818 al mínimo. Ahora lo que hay que valorar es si esa pensión de mayor cuantía compensa el gasto que supone dicha cotización entre los 47 y los 66 años.

Si la diferencia entre cotizar al mínimo y al máximo, que es de 11.478 euros cada año, la ahorra y la deja en una ‘hucha’ o cuenta que no le dé ningún interés, le servirá para compensar la mayor pensión que hubiese recibido hasta los 75 años. En el caso de que decida invertir el dinero que se ahorra por cotizar al mínimo (los 11.478 euros anuales) en un producto que le dé una rentabilidad media anual del 4%, lo que se ahorra le dura hasta los 86 años.

Por lo tanto, Juan tiene que plantearse si esa cantidad la puede invertir, dado que tiene plazo, en un producto más agresivo con el que obtenga una mayor rentabilidad o no y, a partir de ahí, tomar una decisión sobre qué base de cotización le interesa, cuánto puede destinar a su plan de jubilación, qué tipo de inversión le conviene, etc.

Recuerda, la jubilación es mucho más que un plan de pensiones. Para Abante, tu jubilación es un proyecto. Y en ese proyecto, por su puesto, hay que incorporar el mejor asesoramiento y la mejor gestión.

¿Empezamos?