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Compensar las pérdidas patrimoniales pero sin perder de vista tus objetivos financieros
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Compensar las pérdidas patrimoniales pero sin perder de vista tus objetivos financieros

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¿Compensa vender una inversión con pérdidas para reducir la factura fiscal? ¿Cómo se pueden compensar minusvalías y ganancias en la declaración de la renta? Son preguntas habituales entre muchos inversores cuando llega la campaña del IRPF, especialmente en ejercicios en los que no todos los activos han evolucionado igual.

Tras el ejercicio 2025, muchos ahorradores revisan su cartera y se plantean cómo optimizar fiscalmente sus inversiones. En este contexto, conviene recordar que las pérdidas patrimoniales generadas por la venta de acciones, fondos de inversión o inmuebles pueden compensarse con las ganancias obtenidas por otras inversiones dentro de la declaración de la renta.

Lo mismo ocurre con determinados rendimientos del capital mobiliario, como dividendos o intereses. Así, los saldos negativos y positivos pueden compensarse entre sí para reducir la tributación. Y si, después de realizar esas compensaciones, todavía quedan pérdidas pendientes, estas pueden aplicarse durante los cuatro ejercicios siguientes.

En la renta correspondiente al ejercicio 2025, por ejemplo, todavía pueden compensarse pérdidas generadas desde 2021 en adelante, mientras que las anteriores ya habrán caducado. Además, la normativa permite compensar pérdidas patrimoniales con rendimientos del capital mobiliario —y viceversa— hasta un límite del 25%.

La fiscalidad importa, pero no debe marcar la decisión

Ahora bien, el criterio fiscal no debería ser el principal motivo para vender una inversión. Tal y como explica Belén Alarcón, socia y directora de asesoramiento patrimonial de Abante, “la fiscalidad importa, pero debe ir siempre por detrás del plan financiero y vital”.

Antes de vender un activo con pérdidas conviene hacerse varias preguntas. La primera es si realmente necesitamos esa liquidez ahora o si podemos esperar, ya que la pérdida no se materializa hasta que se vende y el activo podría recuperar valor con el tiempo.

La segunda cuestión es analizar si ese producto es realmente el más adecuado para vender. En algunos casos, puede ser más eficiente reorganizar la cartera mediante fondos de inversión, que permiten hacer traspasos entre productos sin tributar, frente a otros activos como las acciones, donde cada venta tiene impacto fiscal inmediato.

Y, por último, también es importante revisar qué otras posiciones dentro de la cartera podrían ayudar a compensar fiscalmente esas pérdidas.

El contexto personal también influye

Todas estas decisiones deben analizarse dentro del contexto financiero y familiar de cada persona. Aspectos como la situación laboral, los ingresos de la unidad familiar o la posibilidad de hacer la declaración conjunta pueden cambiar completamente la estrategia más adecuada.

Por eso, la planificación fiscal no debería abordarse de forma aislada, sino como una parte más de una estrategia financiera global alineada con nuestros objetivos personales y patrimoniales.

La fiscalidad es una parte más de la planificación financiera. Si quieres profundizar en ello, puedes descargar nuestra guía sobre inversiones y fiscalidad aquí.

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