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Claves de la próxima semana: Normalización reciente

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El año 2021 ha resultado hasta ahora rentable para las clases de activos de riesgo como la renta variable. No obstante, a medida que llega el invierno en el hemisferio norte, el entorno macroeconómico también se vuelve menos favorable para los mercados. 

Se mantiene una combinación incómoda de, por una parte, la ralentización del impulso económico y, por otra, las persistentes presiones inflacionistas que han aumentado la probabilidad de que se produzcan correcciones de precios temporales en los mercados. Efectivamente, mientras que el producto interior bruto mundial volvió a mediados de año al nivel de antes de la pandemia, en el tercer trimestre la economía mundial solo creció un 3-3,25% (anualizado). Mientras tanto, los precios al consumo de Estados Unidos, la mayor economía del mundo, tuvieron la importante subida de un 6,2% interanual en octubre, un nivel de inflación que no se había registrado desde 1990. Esto puede atribuirse en parte a unos efectos especiales transitorios, pero no exclusivamente. Muchos bancos centrales –entre ellos, la Fed de EE.UU.– han empezado a abandonar su postura de emergencia adoptada desde el inicio de la pandemia. 

Sin embargo, el apetito de riesgo de los inversores profesionales se mantiene, como confirmó la encuesta global a gestores de fondos de Bank of America publicada a principios de la semana. Al parecer, el potencial bajista se mantiene limitado en el entorno actual por la mentalidad imperante de que “no hay alternativa” y el “miedo a perderse algo”, (TINA y FOMO, respectivamente, por sus siglas en inglés). Los inversores parecen estar condicionados a considerar cualquier retroceso como una oportunidad de compra. Un 65% de los encuestados por Bank of America espera un repunte, y un 61% considera la subida de la inflación como un fenómeno temporal.

Claves de la próxima semana

La próxima semana se publican varios datos económicos que indicarán si hay nuevos factores de impulso, entre ellos, la confianza de los gestores de compras en EE. UU., la zona euro y Reino Unido (el martes).

Los indicadores adelantados y de confianza mundiales han apuntado últimamente a una estabilización de la dinámica económica. Tras un tercer trimestre flojo, las dos grandes potencias económicas, EE. UU. y China, parecen recuperar el ritmo. El consumo privado –que representa dos tercios del producto interior bruto en EE. UU.– sigue bien respaldado por un sólido mercado laboral. El gasto y las rentas de los consumidores particulares se publican el miércoles. En cambio, en Europa, la fuerte nueva ola de contagios presenta riesgos bajistas a corto plazo. El lunes y el martes respectivamente sabremos hasta qué punto la ola de la variante delta ha hecho mella en los ánimos del consumidor (publicación de la confianza de los consumidores) y de los empresarios alemanes (índice Ifo de confianza empresarial).

En conjunto, prevemos que, en los próximos trimestres, el crecimiento económico mundial será más lento, pero se mantendrá por encima del potencial. Esto debería de seguir respaldando los beneficios empresariales –un importante pilar de la evolución de los mercados bursátiles–, aunque no es probable que se repitan las altas tasas de crecimiento de los beneficios de 2021, y las continuas presiones de los costes siguen siendo un posible lastre para los márgenes de beneficios. Seguirá valiendo la pena ser selectivos a la hora de elegir en qué regiones y sectores invertir. 

Al mismo tiempo, hay que tener en cuenta los riesgos bajistas, tanto en relación con la pandemia (mutaciones del virus, lento progreso de las vacunaciones en algunos países), como con los continuos problemas de las cadenas de suministro y los cuellos de botella, o posibles errores de juicio en las políticas monetarias y fiscales.

Los analistas de la política monetaria tampoco se quedarán cortos la próxima semana. Claramente, el ritmo de normalización ha sido por ahora desigual en los distintos países. Muchos bancos centrales –entre ellos, la Fed– han empezado a abandonar su postura de emergencia adoptada desde el inicio de la pandemia. Una cuestión crucial en estos momentos es hasta qué punto se cuestiona la narrativa de una inflación “persistentemente temporal” de la Fed –y de otros que adoptan una “normalización reticente”, como el Banco de Inglaterra y el Banco de la Reserva de Australia, por no hablar de los bancos centrales que no ceden, como el BCE o los bancos centrales de Suecia, de Turquía y de India–. 

El mercado de la vivienda estadounidense, por ejemplo, muestra signos de sobrecalentamiento, algo que nos deberán indicar, entre otros datos, las ventas de viviendas de segunda mano (lunes). Y últimamente, ha habido cada vez más indicios de que el alza del componente de precios de los alquileres (“rent of shelter”) está afectando la inflación de precios al consumo de EE. UU. Además, ¿quién dice que las cifras relajadas en el mercado laboral estadounidense mantienen los salarios bajos? Cada vez hay más pruebas de que la elasticidad de los salarios de la mano de obra en EE. UU. ha disminuido. Mientras sigue el debate sobre la inflación, los inversores en renta fija deberán examinar con atención las actas de las reuniones de la Fed (miércoles) y del BCE (jueves). La divergencia entre la política monetaria a ambos lados del Atlántico continúa respaldando una apreciación del dólar estadounidense a corto plazo.

En conjunto, la política monetaria global sigue siendo favorable en vista de que muchos bancos centrales se muestran reacios a avanzar hacia la normalización, con la excepción, entre otros, de los bancos de Rusia y Brasil, así como de Nueva Zelanda, Polonia y Chile. No obstante, mientras se subestimen los riesgos de inflación a medio plazo, aumenta la probabilidad de que el endurecimiento llegue demasiado tarde o sea insuficiente. 

Incluso con las frías temperaturas invernales, el debate sobre la inflación mantiene los ánimos encendidos.

Atentamente,

Ann-Katrin Petersen

Gráfico de la próxima semana

COVID-19 situación mundial 

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