Por desgracia, el periodo estival ha confirmado las primeras detonaciones que empezaron a escucharse durante la primavera. Los últimos compases de tres ciclos económicos —monetario, económico y político— siguen representando el problema más importante para los mercados.

Capear estos periodos de final de ciclo sigue constituyendo una ardua tarea, dado que cuando las primeras víctimas empiezan a verse afectadas, otros luchan hasta su último aliento por ganar una batalla que saben perdida, lo que se traduce en unas disparidades de rentabilidad extremadamente marcadas entre las diferentes regiones, sectores y clases de activos.


Estados Unidos, viento en popa (por ahora)

 

La renta variable estadounidense siguió progresando durante los últimos tres meses, mientras que la mayoría de mercados cedió terreno. Esta marcada disonancia indica que el desafío político de las elecciones de mitad de mandato no desvía la atención de los inversores de los beneficios inmediatos de la doctrina del «America First».

De momento, el apoyo presupuestario toma el relevo del apoyo monetario. Estados Unidos parte con ventaja, dado que es el único país en beneficiarse de una dosis de estímulos en la última recta de este final de ciclo. Por tanto, todo marcha viento en popa, al menos por ahora. No obstante, no olvidemos que, al llegar a la meta, la economía estadounidense no podrá evitar verse afectada por los efectos de la ralentización mundial. El mercado bursátil bajará entonces de su pedestal, lo que probablemente se traducirá en una depreciación simultánea del billete verde.

Mientras tanto, los problemas del resto del mundo apuntalan la posición privilegiada del mercado estadounidense. En consecuencia, es necesario mantener la exposición a este mercado, pero vigilando muy de cerca los indicios que señalarán el principio del final del ciclo.

 

Las debilidades estructurales de Europa, a prueba

 

Los estigmas de la ralentización económica son ya visibles en el Viejo Continente, dado que observamos una inversión de la tendencia en la mayoría de los indicadores económicos adelantados. Esta inflexión podría representar una dificultad para el BCE en el marco de su intención de poner fin a su programa de compra de activos.

Por otra parte, la coyuntura política en Italia plantea la posibilidad de que la Unión Europea se vea ante un nuevo dilema existencial. El proyecto presupuestario de la coalición podría marcar el inicio de un periodo de duras negociaciones con Bruselas. Por tanto, la prudencia en el segmento de los activos europeos sigue estando a la orden del día.

 

El universo emergente, principal víctima colateral de la confluencia de factores

 

Los mercados emergentes han acaparado —más aún de lo que esperábamos— la mayor parte del estrés en los mercados desde principios de año. La reducción de la liquidez en dólares por parte de la Fed ha debilitado a los mercados emergentes y, en especial, a los países que más dependían de ella (Argentina y Turquía).

Sea como fuere, la dimensión económica de la confluencia de factores se ha dejado sentir. Así, el buen comportamiento de la renta variable india es fruto de un crecimiento interno que sigue siendo sólido y de una política monetaria creíble. El comportamiento del mercado chino también resulta esclarecedor: Dado que Pekín ha manifestado sin ambages su intención de proteger su crecimiento económico de la actitud de la Administración Trump, los sectores cíclicos han evolucionado favorablemente, mientras que los atractivos valores de crecimiento se han visto perjudicados.

¿Cómo interpretar estos análisis de cara al futuro? Qué duda cabe:

 

-    En primer lugar, previendo que, dado que la normalización de la política monetaria estadounidense no ha hecho más que empezar, la presión general sobre la esfera emergente se mantendrá.
-    En segundo lugar, evitando apostar por el surgimiento de repuntes en el plano de la «guerra comercial». Toda certeza en ese sentido no es sino mera ilusión.
-    Por último —y este aspecto reviste especial importancia—, no perdiendo de vista los fundamentales económicos: la única base real de las rentabilidades a largo plazo.

A este respecto, el segmento de los valores de crecimiento chinos —que, en la mayoría de los casos, operan fundamentalmente a escala nacional, a menudo en el universo tecnológico— alberga un considerable potencial de rentabilidad a largo plazo.

Cuando tres ciclos llegan a su fin de forma simultánea, empiezan a producirse acontecimientos insólitos. Las bombas de relojería empiezan a estallar en distintas regiones, mientras los únicos refugios disponibles se quedan rápidamente pequeños. Así, a mediados de año, Amazon, Microsoft, Apple y Netflix han generado más del 80 % de las ganancias del índice S&P 500 en lo que va de año.

La gestión se convierte en un ejercicio arriesgado, donde resulta primordial mantenerse lúcido ante el incremento de las debilidades y la concentración de posiciones.

 

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Fuente: Bloomberg, a 31/08/2018

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