Tras interferir diez años en los destinos económicos de los países desarrollados, los bancos centrales parecen haber llegado prácticamente al final de esta intervención. Al fragilizar toda la estructura de los mercados, esta reversión del apoyo monetario reviste gran importancia para los inversores, pero pone también de manifiesto otros dos factores: el ciclo económico y las políticas de los gobiernos. 

En lo referente al ciclo económico, los mercados, por el momento, hacen gala de confianza y celebran una bonanza económica desde hace dos años, prolongada en EE. UU. por la política presupuestaria expansionista del presidente Trump. Este ciclo comienza a mostrar sus primeros indicios de agotamiento. 

En el plano político, la economía liberal y globalizada de los últimos años ha provocado la aparición de una forma de rebelión en oposición al orden económico establecido. 

La confluencia de los ciclos monetario, económico y político constituye el principal riesgo para los mercados. 


¿Se materializará la guerra comercial?

El asedio emprendido por Estados Unidos contra China, unido al agotamiento de la fuente mundial de dólares, ya se ha cobrado sus primeras víctimas. La bolsa china ha cedido un 15 % de su valor desde principios de año. Las economías más dependientes de la financiación externa en dólares, a la cabeza de las cuales se sitúa Argentina, también se han visto penalizadas. 

Si la aspiración de EE. UU. consiste en impedir que China lleve a cabo su plan estratégico Made in China 2025, la confrontación será entonces larga y destructiva. El presidente chino no renunciará en absoluto a su ambición de proseguir el ascenso de China en la cadena de valor industrial a escala mundial. Entonces, debe verse a Donald Trump como un héroe homérico, conducido por el sino hacia una guerra inexorable que solo tocará a su fin con la aniquilación de uno de los protagonistas.

Es perfectamente verosímil que, al contrario, la aspiración de EE. UU. sea pragmática, política y a mucho más corto plazo. Lograr antes de esta votación decisiva presumir de haber concluido acuerdos con China, y si es posible también con la Unión Europea, tendrá un efecto contundente en la opinión pública estadounidense. Por tanto, las estrategias de inversión no deben excluir la posibilidad de una salida racional en el momento oportuno.

A corto plazo, el deseo de preservar el capital en cualquiera de las situaciones nos lleva a ser prudentes, sin renunciar a toda la flexibilidad y la capacidad de respuesta necesarias, puesto que el peor de los casos nunca es seguro.


¿Está condenada la zona del Euro? 

Los movimientos de pánico que acompañan las veleidades expresadas aquí o allá respecto de la salida de la zona del Euro no se atienen a lo esencial: la opinión pública ha entendido que su coste sería prohibitivo. Con o sin razón, el Euro es a día de hoy irreversible, como recordaba recientemente Mario Draghi. En cambio, el funcionamiento del conjunto de la Unión Europea acusa una necesidad urgente de reformas so pena de sacudidas recurrentes que podrían acabar de una vez por todas con su estructura. 

En el plano económico, un programa de reforma fiscal en Alemania podría, por ejemplo, constituir una respuesta creíble al riesgo de ralentización económica. Este gesto de liderazgo político posicionaría aún más al país como locomotora del crecimiento europeo en lugar de seguir asumiendo el papel de vigilante de las limitaciones de Maastricht. Uno de los errores más recurrentes de los observadores anglosajones es probablemente haber subestimado la voluntad política de congregarse en torno a la supervivencia de la zona del Euro. En nuestra opinión, el verdadero riesgo a corto plazo sigue siendo aquel ligado al ciclo, como consecuencia del agotamiento de los factores de estabilización monetarios y de unos factores de estabilización presupuestarios muy insuficientes en ausencia de reformas.

Las amenazas proteccionistas son naturalmente motivo de ansiedad para la mayoría de los agentes económicos. No obstante, esta observación aplica también a EE. UU., donde el mundo empresarial comienza a señalar al Gobierno estadounidense los riesgos de una política semejante. Paradójicamente, el hecho de que su impacto directo e inmediato sobre el crecimiento económico estadounidense sea muy débil refuerza el riesgo de mantener una postura política muy rígida en el futuro inmediato. Así, la actualidad para los mercados ha pasado a ser de índole principalmente política en este momento, lo que reduce la visibilidad e incita a la prudencia. Pero las fuerzas estabilizadoras —o, dicho de otro modo, el sentido común— deberían seguir multiplicándose con el fin de llegar a compromisos positivos. 

Recordemos que el verdadero riesgo para los mercados es más complejo y, por ende, más difícil de controlar a corto plazo, puesto que reside en la posibilidad de una confluencia de estas políticas económicas desestabilizadoras, un ciclo económico que se ha vuelto vulnerable y unos bancos centrales faltos de artillería.
 

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Fuente: Bloomberg, Carmignac, a 30/06/2018
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