Comienza la desescalada en Oriente Medio: ahora llega la parte difícil
Por Salman Ahmed - Responsable Global de Macro y Asignación Estratégica de Activos en Fidelity International
Ideas clave
- Nuestro escenario central no cambia: una resolución desordenada con efectos económicos persistentes
- Es probable que el Brent se estabilice en el rango de 80-90 $ por barril.
- El riesgo geopolítico seguirá incorporado en los precios durante la segunda mitad del año.
EE. UU. e Irán anunciaron un acuerdo sobre un marco de paz el 14 de junio, lo que supone un claro paso adelante y el primer movimiento desde la diplomacia entre bastidores hacia un acuerdo público tras varias semanas de negociaciones intermitentes y repetidas presiones sobre el alto el fuego de abril. Dicho esto, se trata del inicio de un proceso, no del punto final. Los mercados han reaccionado con fuerza, pero siguen sin resolverse elementos clave y el riesgo de implementación continúa siendo significativo, especialmente dada la discrepancia abierta entre EE. UU. e Israel.
En esencia, el acuerdo es un memorando de entendimiento (MOU), cuya firma formal está prevista para el 19 de junio en Suiza. Aún no se han divulgado todos los detalles, pero los grandes contornos son coherentes con lo que venía perfilándose en las negociaciones. Los puntos principales son:
- el cese de las hostilidades
- el levantamiento del bloqueo naval estadounidense, y
- una vía para reabrir el estrecho de Ormuz al transporte marítimo mundial en un plazo de 60 días.
El marco también incluye disposiciones clave sobre transporte marítimo, entre ellas la ausencia de peajes y compromisos de retirada de minas, lo que reconoce implícitamente el papel continuado de Teherán en la gestión del acceso. Un enfoque gradual para el alivio de las sanciones y la descongelación progresiva de activos iraníes también siguen supeditados a los avances en el marco del acuerdo.
La secuencia importa
Sin embargo, las cuestiones más controvertidas se han aplazado. El estatus a largo plazo del estrecho de Ormuz sigue sin resolverse, incluidas las cuestiones relativas al acceso, la aplicación y la supervisión, así como el papel futuro de Irán en la gestión del paso. El expediente nuclear, incluido el uranio enriquecido y la verificación a más largo plazo, también queda para la siguiente fase. Esta secuencia es deliberada: asegurar primero la desescalada y negociar después las restricciones más difíciles. En ese sentido, se entiende mejor como alto el fuego, reapertura y, después, negociación, más que como un acuerdo de paz integral.
Desde una perspectiva macroeconómica, la variable clave siguen siendo los flujos de buques cisterna. Están apareciendo los primeros indicios de mejora, con algunos cargamentos de GNL y movimientos aislados de petroleros comunicados tras el anuncio. Sin embargo, el volumen de tránsito sigue situándose sustancialmente por debajo de los niveles normales. La retirada de minas, las elevadas primas de seguro y la congestión de buques sugieren que cualquier recuperación de los flujos será gradual y se desarrollará a lo largo de semanas, en lugar de normalizarse de forma inmediata.
El mercado ve alivio, pero los riesgos persisten
El petróleo ha bajado, con el crudo cotizando ahora en la zona baja de los 80 $ por barril, mientras que los activos de riesgo han repuntado a medida que se reduce la prima geopolítica. Sin embargo, las curvas a plazo siguen elevadas en comparación con los niveles previos al conflicto, lo que sugiere que los mercados están descontando una menor probabilidad de los peores escenarios, más que valorando una normalización completa. Los precios del petróleo, más benignos recientemente, también se han visto respaldados por el aumento de las exportaciones estadounidenses, la reducción de las importaciones chinas, la sustitución por carbón y la reducción de los inventarios mundiales, factores que parecen estar proporcionando un colchón adicional a los mercados petroleros.
Los riesgos de cola, aunque han disminuido, siguen claramente presentes. El riesgo de implementación no es trivial. El marco a largo plazo para Ormuz y las negociaciones nucleares son las líneas de fractura más claras, lo que genera un riesgo de evento más definido durante los próximos 60 días. La retórica estadounidense también pone de relieve hasta qué punto esta distensión sigue siendo condicional: la falta de un acuerdo nuclear definitivo podría dar lugar a una nueva acción militar o a una postura de seguridad estadounidense más amplia en la región. Dicho esto, creemos que el riesgo de una reanudación de la guerra abierta antes de las elecciones de mitad de mandato en EE. UU. sigue siendo extremadamente bajo. Al mismo tiempo, las diferencias en la forma en que ambas partes presentan el acuerdo, incluida la intención de Irán de mantener una clara influencia sobre Ormuz e impulsar un alivio integral de las sanciones, apuntan a negociaciones difíciles por delante. Los efectos de contagio regionales, en particular la postura de Israel sobre el Líbano, siguen planteando riesgos al alza para los precios de la energía.
A medio plazo, las implicaciones estructurales siguen sin estar claras. El acuerdo puede reducir el riesgo inmediato de escalada, pero aún no responde a cuestiones más amplias sobre el papel de EE. UU. como proveedor de seguridad regional, la solidez de los acuerdos de seguridad marítima o la posible aparición de bloques de seguridad regionales. Estas cuestiones serán importantes para la persistencia de la prima de riesgo geopolítica, incluso si los flujos energéticos a corto plazo continúan recuperándose.
En resumen: hemos cruzado un umbral importante, desde la escalada hacia una desescalada activa y clara. Nuestro escenario central no cambia: una resolución desordenada con efectos económicos persistentes, en la que el Brent se estabiliza en el rango de 80 a 90 $ por barril, pero no revierte plenamente a su media, y el riesgo geopolítico permanece incorporado en los precios durante la segunda mitad del año.