La reunión del BCE de hoy no defraudó a los que buscaban un tono expansivo, sobre todo después del resultado de la Revisión Estratégica del banco central conocida recientemente.

El lenguaje utilizado en las orientaciones sobre la evolución de los tipos de interés se actualizó para recoger el nuevo objetivo simétrico de inflación. La clave para nosotros fue el énfasis en las proyecciones de inflación y en qué sería necesario que ocurriera para que el Consejo de Gobierno se planteara endurecer la política monetaria.

La declaración insistió, al igual que la Sra. Lagarde durante la rueda de prensa posterior, en que la política monetaria seguiría siendo muy expansiva “hasta que la inflación haya alcanzado el 2% mucho antes del final del horizonte contemplado en las proyecciones y de forma persistente durante el resto de dicho periodo”.

Lo interpretamos como un mensaje muy expansivo, considerando que, para que la inflación en Europa alcance el 2% antes del final del horizonte contemplado en las proyecciones y para que se mantenga ahí de forma duradera, harían falta de 2 a 3 años de inflación a un 2% antes de que el BCE pueda justificar una postura de política monetaria más restrictiva.

Se trata de un reto de primer orden, a la vista de que la dinámica de la inflación sigue siendo muy débil en la zona euro, donde el IPCA se ha mantenido persistentemente por debajo del umbral del 2% y ha defraudado sistemáticamente las previsiones del BCE durante muchos años.

La principal implicación de las nuevas orientaciones sobre la evolución de los tipos de interés y el marco de inflación es que, si bien el BCE podría haberse reservado flexibilidad y opcionalidad, es poco probable que los tipos de interés suban de aquí a muchos años. Cualquier probabilidad de subidas de tipos que haya sido descontada por el mercado durante los próximos años debido al ascenso de la inflación que hemos visto en lo que llevamos de año tendrá ahora que descartarse.

La segunda implicación tiene que ver con el programa cuantitativo del BCE. Con toda la intención, la Sra. Lagarde pasó de puntillas sobre el PEPP y sobre otras herramientas que el BCE tiene a su disposición. Sin embargo, podemos inferir que el PEPP seguirá funcionando hasta su vencimiento y a un ritmo más alto, como se indicó en la declaración. Además, dado que se prevé que la inflación descienda en 2022, creemos que el BCE hará pleno uso de los dos programas, el PEPP y, cuando este llegue a su fin en marzo de 2022, el APP, que se expandirá considerablemente para mantener los rendimientos en niveles bajos y unas condiciones de financiación laxas.

En un mundo donde otros bancos centrales están planteándose cómo y cuándo reducir los estímulos, el BCE destaca como el único banco central que probablemente siga siendo eminentemente expansivo. Así las cosas, creemos que los rendimientos continuarán contando con un apoyo firme en Europa gracias a las compras de los bancos centrales y una creciente bolsa de ahorro en busca de rentas en la zona euro. La duración del núcleo europeo debería seguir registrando un buen comportamiento en este entorno, al igual que la deuda pública de la periferia.

Ario Emami - Gestor de fondos de Renta Fija Europa de Fidelity International