Los precios del petróleo se disparan a medida que se intensifica la interrupción del suministro
Los precios del petróleo han repuntado con fuerza a medida que la interrupción derivada del conflicto en Irán empieza a limitar la oferta y a restringir el flujo de crudo hacia los mercados globales. Lo que comenzó como un shock geopolítico está trasladándose ahora de forma más clara a los precios de la energía. James Trafford, analista y gestor de fondos de Fidelity, analiza qué está impulsando los últimos movimientos y valora las implicaciones para las compañías energéticas y el mercado en general:
Los mercados de petróleo han entrado en una fase más aguda de ajuste de precios a medida que el conflicto en el Golfo se intensifica y la interrupción física se hace más visible. El Estrecho de Ormuz permanece de facto cerrado, la producción se ha recortado en varias zonas de Oriente Próximo y diversas refinerías e instalaciones de GNL han sufrido interrupciones. El resultado es un fuerte tensionamiento en la parte frontal de la curva de crudo y la primera reacción significativa en los tramos más largos.
El Brent a un mes superó el lunes 9 de marzo los 118 dólares por barril, desde los 93 dólares al cierre del viernes y los 72,5 dólares a finales de febrero. Esto supone un paso decisivo más allá de una mera prima de riesgo geopolítico hacia lo que cada vez es más claramente un shock de oferta física.
La forma de la curva del petróleo es ilustrativa. Hasta hace poco, los movimientos se concentraban en el corto plazo, que refleja las condiciones inmediatas de oferta y demanda. Eso implicaba expectativas de una interrupción temporal, pero esa dinámica de precios ha empezado a cambiar y los contratos con vencimientos más largos están subiendo. Los forwards del Brent a seis meses han pasado de 75 dólares el viernes a más de 85 dólares el lunes, mientras que el forward a 12 meses ha subido de 71 a más de 75 dólares. En cambio, los vencimientos más allá de dos años siguen anclados en la franja alta de los 60 dólares.
Esta divergencia refleja tres fuerzas. Primero, el mercado spot se está tensionando rápidamente a
medida que las rutas de exportación siguen bloqueadas y el almacenamiento va creciendo en los países productores. Segundo, los inversores están reevaluando la posible duración de la interrupción, incorporando una mayor probabilidad de un conflicto prolongado. Por último, las reducciones temporales de producción implican que los inventarios probablemente se reducirán, con la constatación de que esos niveles tardarían tiempo en reconstruirse incluso si los flujos empiezan a normalizarse.
La interrupción física se amplía
Estados Unidos ha ofrecido escoltar buques a través del Estrecho de Ormuz y, potencialmente,
proporcionar un respaldo soberano a los contratos de seguro, pero el mercado no ha considerado aún que estas sean soluciones creíbles a corto plazo.
Sin posibilidad actual de transportar el crudo fuera del Golfo, los depósitos locales de almacenamiento se están acercando a su capacidad y los productores se ven obligados a detener temporalmente la producción. Irak ha retirado aproximadamente 1,5 millones de barriles diarios, sobre todo en los yacimientos de Rumaila y West Qurna II.
Los Emiratos Árabes Unidos también han comenzado a recortar la producción, aunque la magnitud no está clara. Kuwait ha declarado fuerza mayor en las exportaciones y ha reducido la producción. Arabia Saudí opera por debajo de su capacidad declarada y, aunque puede redirigir cierto volumen al puerto de Yanbu en la costa oeste del Mar Rojo, los datos recientes de carga sugieren que tales volúmenes siguen siendo modestos respecto a la capacidad potencial. Si el Estrecho permaneciera cerrado durante un periodo prolongado, es probable que se produzcan nuevos ajustes de producción en toda la región.
La interrupción se extiende más allá del crudo. La planta de GNL de Ras Laffan en Catar, que representa alrededor de 10.000 millones de pies cúbicos diarios, está fuera de servicio. Los yacimientos de gas offshore de Israel han declarado fuerza mayor. Dada la mayor concentración de la producción de GNL y sus posibilidades más limitadas de desvío, los precios spot del gas han reaccionado con más fuerza que el petróleo. Incluso en caso de reapertura, las instalaciones de GNL pueden tardar semanas en reiniciarse y volver a su plena utilización.
También se ha visto afectada la capacidad de refino. La refinería de Ras Tanura en Arabia Saudí está fuera de servicio. Grandes instalaciones kuwaitíes operan con un rendimiento reducido. Refinerías en Baréin e Irán han sufrido daños, mientras que algunas refinerías chinas habrían reducido cargas y detenido exportaciones. Una menor actividad de refino reduce el procesado de crudo a corto plazo pero tensiona la oferta de combustibles refinados. Como resultado, los precios del diésel y del queroseno suben más que el crudo, ampliando los márgenes de refino.
Implicaciones para el mercado
El mercado se enfrenta ahora a la dinámica clásica de un shock de oferta. Si el Estrecho permanece cerrado y persisten los recortes de producción, es probable que los precios a corto plazo sigan bajo presión alcista. Las retiradas continuadas de inventarios también proporcionarían soporte a los tramos más adelantados de la curva. Incluso con una desescalada rápida, la reconstrucción de inventarios y la normalización de los flujos comerciales llevarían tiempo.
La parte más larga de la curva permanece relativamente anclada, lo que sugiere que los inversores siguen viendo esto como una interrupción grave pero temporal, y no como una redefinición estructural de la oferta global. La duración es, por tanto, la variable crítica. Una reapertura creíble del Estrecho, especialmente si va acompañada de respaldo soberano de seguros, podría provocar una rápida corrección de los precios a corto plazo a medida que se deshacen las primas de riesgo. El suministro físico se recuperaría de forma más gradual. Aunque la producción en países como Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos podría restablecerse en cuestión de semanas, los inventarios y la logística tardarían más en normalizarse por completo.
Por el contrario, un cierre prolongado incorporaría una prima de riesgo más elevada tanto en
los precios a corto como a medio plazo.
Cómo están reaccionando las acciones energéticas
Hasta ahora, las bolsas del sector energético han quedado por detrás del movimiento del crudo spot, algo coherente con la mecánica de valoración estándar. En teoría, las valoraciones bursátiles deberían anclarse en la parte larga de la curva de la materia prima, aplicando solo un múltiplo modesto a los beneficios extraordinarios a corto plazo. El extremo largo sigue en la franja alta de los 60 dólares, lo que explica la respuesta más contenida de la renta variable hasta la fecha.
No obstante, a medida que los contratos a seis y doce meses suben, también aumentan las expectativas de flujos de caja para 2026. Si esto se mantiene, podría empezar a reflejarse de forma más significativa en los precios de la renta variable.
Las compañías con balances más sólidos, operaciones diversificadas y exposición a referencias
internacionales de precio podrían estar relativamente mejor posicionadas si los precios elevados persisten. En este punto, el posicionamiento debe seguir siendo disciplinado. El mercado del petróleo ha pasado de valorar el riesgo a valorar la disrupción. Que transite o no hacia un cambio sostenido de régimen de oferta dependerá casi por completo de la duración del cierre del Estrecho y de la evolución del conflicto.
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