Vídeo - “Es solo para ricos” y otros 5 mitos de la inversión en private equity
¿Es verdad que el private equity es solo para ricos? ¿Es una inversión opaca en la que no sabes dónde está tu dinero? En 2026 se habla más que nunca de inversión en capital privado, pero junto al interés también circulan muchos mitos que conviene desmontar.
En una nueva edición de Largoplacistas, la sección que hacemos dentro de Finect Talks para aprender sobre el mundo del capital privado, Ramiro Iglesias, CEO y cofundador de Crescenta, repasa los mitos más repetidos sobre el private equity y explica por qué la mayoría no se sostienen.
Mito 1: el private equity es solo para ricos
Es el mito más clásico y el que más ha cambiado en los últimos años. Históricamente, los mejores fondos de private equity exigían tickets mínimos de entre diez y 50 millones de euros, lo que limitaba el acceso a inversores institucionales o grandes patrimonios. Alguna banca privada distribuía esos importes entre diez o 20 clientes, pero el umbral seguía siendo de uno o dos millones de euros.
Eso, explica Iglesias, ha cambiado radicalmente gracias a la tecnología y a una ley aprobada hace tres años que fija el ticket mínimo legal en 10.000 euros. "Desde 10.000 euros puedes acceder a algo que tradicionalmente era solo para grandes fortunas", señala. Plataformas como Crescenta agregan inversión colectiva para alcanzar esos mínimos que exigen los fondos de mayor calidad.
Mito 2: si ya no es solo para ricos, entonces es para todo el mundo
Que el private equity sea ahora más accesible no significa que sea adecuado para cualquier perfil. Iglesias es claro al respecto: "No es ni mucho menos para todo el mundo, ni debe de serlo. Esta es una inversión complementaria a una cartera tradicional de mercado financiero". Está pensada para inversores que ya han invertido en bolsa y renta fija y que buscan un activo que les mejore la rentabilidad a largo plazo.
También matiza quién es realmente el inversor minorista. La ley define como tal a todo aquel que no se dedica profesionalmente al private equity o no tiene 500.000 euros de patrimonio financiero. "Son tecnólogos, grandes empresarios, grandes emprendedores, grandes ingenieros, grandes médicos que tienen plena capacidad para entenderlo", apunta, rechazando la idea de que el minorista no puede comprender este tipo de inversión.
Mito 3: si se ha democratizado, es que al minorista le llegan las migajas
Otro recelo habitual: si ahora puede entrar cualquiera, será porque los buenos fondos se los han quedado los grandes inversores y al particular le llega lo que sobra. Iglesias entiende la desconfianza, pero la desmonta. "El producto es el bueno. Son los fondos en los que siempre ha invertido el gran institucional o la gran fortuna", afirma. Lo que ha cambiado no es la calidad del producto, sino la capacidad tecnológica para hacer accesible la inversión colectiva.
También matiza quién es realmente el inversor minorista. La ley define como tal a todo aquel que no se dedica profesionalmente al private equity o no tiene 500.000 euros de patrimonio financiero. "Son tecnólogos, grandes empresarios, grandes emprendedores, grandes ingenieros, grandes médicos que tienen plena capacidad para entenderlo", apunta, rechazando la idea de que el minorista no puede comprender este tipo de inversión.
Mito 4: es una inversión opaca, no sabes dónde está tu dinero
Tradicionalmente, reconoce Iglesias, la información era escasa. El inversor institucional invertía en un fondo, normalmente en el extranjero, y dependía de los emails del gestor para saber qué ocurría con su dinero. Pero esa realidad también ha cambiado.
En el caso de Crescenta, han montado un portal de inversión en el que, trimestralmente, se informa al partícipe de por qué el fondo pide dinero, qué compañías ha comprado, qué proceso de transformación está realizando y cuánto valor ha generado. "Es una inversión muy tangible: se te pide dinero cuando se va a comprar una compañía, se te cuenta qué inversiones han hecho, y cuando se vende, se te devuelve el dinero con la plusvalía", resume.
Mito 5: si las cosas van mal, te cierran el grifo y no puedes sacar el dinero
Este mito mezcla dos conceptos que conviene separar. El private equity convencional es, por naturaleza, una inversión ilíquida: comprometes un capital, se te pide gradualmente durante unos cinco años para comprar compañías y luego, en los cinco años siguientes, se venden y recibes el principal más la rentabilidad. Esa iliquidez es conocida de antemano y, de hecho, es la razón por la que se paga una prima de rentabilidad.
El problema, explica Iglesias, ha surgido con las estructuras evergreen, unos fondos más recientes que prometían liquidez dentro de un producto de private equity. "Esa nueva fórmula de private equity líquido no ha funcionado porque desvirtúa la esencia", señala. Si compras una compañía privada a una familia, no puedes pretender venderla al día siguiente. El private equity convencional, con su horizonte de diez años, sigue funcionando precisamente porque respeta esos plazos.
Mito 6: el private equity siempre gana más que la bolsa
Siempre, siempre, no. Pero la probabilidad es alta si se cumplen dos condiciones. La primera: invertir en buenos fondos. La media del mercado ofrece rentabilidades en torno al 12%, no muy superiores a la bolsa. Pero el cuartil superior —el 25% de los mejores fondos a nivel global— da rentabilidades por encima del 20%, y en algunos mercados incluso del 25%. "Si inviertes a través de especialistas que te dan acceso a este tipo de gestores, es muy probable que obtengas una rentabilidad muy superior a la bolsa", explica.
La segunda condición: permanecer durante toda la vida del fondo. Cumplir con los desembolsos comprometidos y esperar al periodo de desinversión es clave para capturar la rentabilidad completa.
Además, Iglesias quiso comentar una de las críticas más repetidas: la doble capa de comisiones en estos fondos. Y es cierto que existe una doble capa: el fondo de private equity cobra sus comisiones y la plataforma que facilita el acceso cobra las suyas. Pero Iglesias pide mirar siempre las rentabilidades netas, es decir, después de todas las comisiones. "Pagas un peaje para poder acceder a un producto para el que, si tuvieras un patrimonio de 100 o 200 millones de euros, podrías acceder por tu cuenta", explica.
En su opinión, si las rentabilidades netas son convincentes y el inversor entiende que esas comisiones sostienen el equipo, la tecnología y la gestión que hacen posible el acceso, el coste tiene sentido. "Mirad siempre las comisiones como algo que, por regla general, suele justificar un trabajo y una dedicación detrás", concluye.
Te puede interesar
- Inversión en activos alternativos
- Cómo y dónde invertir en private equity desde 10.000 euros
- Fondos de capital privado de Crescenta: análisis y opiniones
Este contenido puede ser catalogado como material de marketing. No constituye una recomendación ni propuesta de inversión. La inversión contiene riesgos y rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras.