La Financière de l'Echiquier (LFDE)
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Ormuz: el cuello de botella y el plato

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Por Alexis Bienvenu, gestor de fondos de La Financière de l’Échiquier (LFDE)

Por el estrecho de Ormuz no transitan únicamente buques cargados de productos petroleros, gasistas o industriales. También es un paso estratégico para los fertilizantes, en especial para dos de las tres grandes familias de abonos: los nitrogenados (urea, amoniaco y sus derivados, que consumen gran cantidad de gas natural) y los fosforados. Esa es la razón por la que el bloqueo del estrecho desde hace seis semanas, aunque cabe esperar que se atenúe próximamente, no augura únicamente problemas inmediatos en el sector energético, sino también tensiones de efecto retardado en el sector alimentario. En algunos países, la combinación de las dos perturbaciones podría llegar incluso a elevar las tensiones políticas, con consecuencias imprevisibles. Un ejemplo de ello sería la Primavera Árabe de 2011, desencadenada en parte por la inflación de los precios alimentarios a raíz de la crisis de 2008.

¿Cuáles son las economías más amenazadas actualmente desde este punto de vista? El análisis de las vulnerabilidades del sector agrícola vinculadas al bloqueo del estrecho de Ormuz coloca en primer plano a la India y Brasil. Estos países son ciertamente importadores a gran escala de fertilizantes producidos en el golfo Pérsico. Según la Universidad de Dakota del Norte, el 54 % de los fertilizantes hidrogenados importados por la India atraviesan el estrecho de Ormuz, al igual que el 45 % de las importaciones brasileñas de urea, un componente esencial para las cosechas de este gigante agrícola. Esta dependencia de los abonos procedentes del Golfo llega incluso a superar el 70 % en el caso de Australia, pero su riqueza hace a este último país mucho menos vulnerable que a los dos anteriores.

El azufre —un subproducto de la industria petrolera— es otra materia prima de uso agrícola que se produce abundantemente en el Golfo. Indispensable para fabricar el ácido sulfúrico con el que se elaboran los abonos fosfatados, el azufre transportado por barco en el mundo proviene casi al 50 % de los países del Golfo. La escasez de este ingrediente afecta directamente a los grandes productores de abonos fosfatados, como Marruecos, primer exportador mundial de estos productos, o incluso a China. No solo la agricultura local lo sufre; también se ve afectado el comercio exterior de estos exportadores de abonos, sobre todo en el caso de Marruecos, muy dependiente de estas exportaciones.

Si bien los primeros países afectados por estas perturbaciones son naciones pobres, en especial la India, Bangladesh, Egipto y Sudán, los países ricos tampoco están a salvo ya. EE. UU., por ejemplo, es un importante productor de abonos fosfatados, que dependen del suministro mundial de azufre, pero, sobre todo, si los rendimientos de los grandes países exportadores de productos agrícolas descienden debido a la reducción de las cantidades de abonos utilizadas y si el coste de los abonos aumenta a escala mundial, el conjunto del planeta terminará viéndose afectado, directa o indirectamente. Europa, sin ir más lejos, importa grandes cantidades de soja y maíz brasileños y podría sufrir tensiones en estos productos cuando deba comprarlos para alimentar a su cabaña ganadera.

A corto plazo, será necesario poner en marcha una gestión de crisis para ayudar a los países más afectados, que a menudo son los más débiles, ya que, de lo contrario, puede surgir la agitación política. A medio plazo, será necesario esbozar una nueva arquitectura de las redes que dependen de los abonos importados, como ocurrió con el abastecimiento europeo de petróleo y gas tras el estallido de la guerra en Ucrania. Así, Europa ha convocado una reunión el 13 de abril para trazar un «plan para los fertilizantes». A más largo plazo, se planteará a buen seguro la constitución de reservas estratégicas de insumos agrícolas, así como la creación de una cadena de producción sostenible de abonos nitrogenados. Como hemos constatado amargamente con Ucrania y, ahora, con Ormuz, los fertilizantes no son menos estratégicos que las energías fósiles.

Así pues, el bloqueo del estrecho ha agitado el tablero de una forma inesperada. Se está escribiendo un nuevo capítulo de la historia de la agricultura con motivo de una guerra que, en su origen, no tenía ninguna dimensión agrícola, pero que desde el principio olía a azufre.

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