¿Y si resulta que Europa alberga la empresa más estratégica del mundo?
Alexis Bienvenu, gestor de fondos de La Financière de l'Échiquier (LFDE)
La revolución de la inteligencia artificial tiene sus propias estrellas: Nvidia para los procesadores, SK Hynix y Samsung para las memorias y TSMC para la fabricación de chips. Sin embargo, detrás de estos gigantes se esconde un actor clave del que dependen todos, una empresa —quién lo hubiera pensado— europea: ASML.
Con una valoración bursátil estimada en casi 50 veces el beneficio por acción previsto en 2026, según el consenso recopilado por Bloomberg, figura entre los grandes valores europeos más caros. Su avance de casi el 130 % interanual (a fecha 8 de julio) la coloca en la cúspide de la capitalización bursátil europea, con un valor en torno a 600.000 millones de euros actualmente. Marcha, pues, muy por detrás de los gigantes estadounidenses, pero muy por delante del resto de la bolsa europea. ¿A qué se debe este prodigio? Principalmente, al hecho de que su posición es única en el mundo. Mientras los gigantes del sector digital compiten entre sí, ASML ha adquirido tal ventaja tecnológica que no tiene ningún competidor en sus productos más avanzados.
Lo cierto es que su actividad no es precisamente sencilla: fabrica las máquinas de litografía que se utilizan para producir chips electrónicos. Para ello, utiliza una tecnología puntera llamada Extreme Ultraviolet (EUV). Sin embargo, generar este tipo de radiación es toda una hazaña: unas microgotas de estaño son golpeadas por un láser para crear un plasma que alcanza brevemente una temperatura superior a la de la superficie del Sol. Después, esta luz permite grabar los componentes electrónicos más sofisticados del mundo. Sin ASML, no habría chips de NVIDIA de última generación, ni producción avanzada en TSMC, Samsung o Intel. En la fiebre mundial por el oro de la IA, ASML no vende los picos: produce las máquinas que, a su vez, fabrican los picos.
Lo más sorprendente es que ASML no estaba destinada a dominar este mercado. Creada en 1984 como una empresa conjunta entre Philips y ASM International, era una perfecta desconocida frente a los gigantes japoneses Nikon y Canon. Sin embargo, los holandeses se embarcaron en una apuesta colosal: invertir durante casi veinte años en la tecnología EUV a pesar de las dificultades y sus costes gigantescos. Cuando la tecnología alcanzó finalmente la madurez, la ventaja de ASML empezó a ser prácticamente imposible de alcanzar. Nikon y Canon nunca lograron volver a meterse en la carrera.
En realidad, este éxito no es solo holandés: es europeo. Los componentes ópticos de alta precisión proceden principalmente de la empresa alemana Zeiss, los láseres de alta potencia los suministra la empresa alemana Trumpf, mientras que una densa red de proveedores se distribuye entre los Países Bajos, Alemania, Bélgica y Francia. Europa brilla aquí con todo su esplendor: la cooperación industrial entre sus empresas ha permitido crear una de las tecnologías más complejas que se han desarrollado nunca.
Además, el éxito de ASML no se limita a las máquinas nuevas. Una parte importante de sus equipos se sigue fabricando durante décadas. De este modo, el grupo obtiene ingresos recurrentes por mantenimiento, recambios y modernización de un parque instalado único en el sector. Y la historia no acaba ahí, puesto que ASML ya está trabajando en la próxima generación de sus equipos, unas máquinas denominadas «High-NA EUV» que son extremadamente costosas (cerca de 400 millones de euros la unidad, es decir, más que un avión moderno de pasajeros de gran capacidad) y que reforzarán aún más su dominio.
Es cierto que este dominio no está exento de riesgos. Por ejemplo, el mercado de los semiconductores podría ralentizarse, Taiwán podría ser objeto de ataques, lo que debilitaría a TSMC, o bien China podría reducir su retraso tecnológico en este ámbito, pero, en cualquier caso, la ventaja de ASML no se vería amenazada hasta dentro de muchos años.
En un momento en el que Europa parece que se ha quedado fuera de la carrera digital, superada por EE. UU., China y Corea, un especialista de la luz como ASML brilla como un deslumbrante contraejemplo: sin esta estrella europea, ninguna revolución digital es posible. Un faro inspirador para la industria del viejo continente.