Mutuactivos Semanal | Mejor en el pelotón
Por Ignacio Dolz de Espejo, director de Soluciones de Inversión
Puedes escuchar nuestro análisis semanal en iVoox, Spotify y Apple Podcasts.
En estos momentos están conviviendo un shock energético y los mejores resultados empresariales vistos en mucho tiempo, reflejo de un sistema que se está reordenando a gran velocidad. El cierre del estrecho de Ormuz ha roto el equilibrio físico del mercado energético. Antes del conflicto, por ese paso circulaba más de una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo y gas, y los inventarios en Europa y Asia se están reduciendo rápidamente. Hasta ahora los mercados estaban aguantando, pero el Brent ha vuelto a la zona de 114 dólares el barril, un nivel que ya empieza a tensionar seriamente a varias economías importadoras.
La aparente normalidad en el día a día —carreteras llenas, vuelos operando, gasolineras abiertas— es engañosa. Lo que ha sostenido el sistema han sido los inventarios acumulados antes del estallido del conflicto. Empiezan, sin embargo, a aparecer señales de estrés: en Asia varias refinerías han recortado producción y los inventarios comerciales, excluyendo China, han caído con fuerza. En Europa, el impacto sobre el consumidor se está amortiguando con subsidios y rebajas fiscales que sostienen artificialmente la demanda. A ello se suma la incertidumbre política derivada de las declaraciones cruzadas de Trump e Irán, que el mercado comienza a descontar. La salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP aporta algo de alivio a corto plazo, pero debilita el único mecanismo de coordinación efectiva existente.
En paralelo, la Reserva Federal se encuentra atrapada. Que ayer mantuviera los tipos de interés era ampliamente esperado; lo relevante fue la magnitud de la división interna. El nivel de disenso refleja hasta qué punto el choque energético condiciona cualquier decisión futura. El mensaje implícito es claro: con el petróleo presionando de nuevo a la inflación, no hay margen real para relajar la política monetaria sin deteriorar la credibilidad del banco central. El resultado es un escenario de tipos altos durante más tiempo, incluso aunque el crecimiento empiece a perder fuelle.
Y, sin embargo, la gran máquina tecnológica sigue funcionando. Las principales compañías tecnológicas volvieron ayer a presentar resultados muy sólidos, con crecimientos de beneficios de doble dígito y compromisos de inversión en inteligencia artificial difíciles de reconciliar con el deterioro macro. La demanda de cloud, capacidad de cálculo y servicios vinculados a IA sigue acelerándose, soportada por balances robustos y una visibilidad de ingresos que contrasta con la fragilidad del resto del ciclo. La inteligencia artificial depende de capital, datos y electricidad; no tanto, al menos por ahora, de Ormuz.
La tentación es analizar estas dinámicas por separado. Pero La guerra alimenta la inflación, esta inmoviliza a los bancos centrales y el resultado es un coste del capital estructuralmente más alto.
La tentación es analizar estas dinámicas por separado. Es un error. La guerra alimenta la inflación, la inflación inmoviliza a los bancos centrales y el resultado es un coste del capital estructuralmente más alto. En ese entorno, los activos se comportan de forma muy distinta en función de la visibilidad y la duración de sus flujos de caja. En este mundo, la dispersión no es una anomalía: es la norma.
En ese entorno, la dispersión no es una anomalía: es la norma.
En este contexto, 2026 es un año para rodar en el pelotón. Ir demasiado en cabeza, con un posicionamiento muy direccional —excesivamente invertido en bolsa o muy cargado de value cíclico— expone a un riesgo elevado de giro radical si el conflicto se agrava o, por el contrario, se resuelve mejor de lo esperado. Pero quedarse demasiado atrás, refugiado en compañías quality de máxima visibilidad y baja volatilidad aparente, también conlleva el riesgo de una pájara si el crecimiento aguanta y el mercado vuelve a premiar el riesgo. El equilibrio hoy no está en adivinar el desenlace sino en preservar la capacidad de reaccionar: mantenerse en el pelotón, controlar el esfuerzo y esperar a que la situación se aclare antes de lanzar el ataque.
El equilibrio hoy no está en adivinar el desenlace sino en preservar la capacidad de reaccionar
Ese planteamiento se traslada hoy a cómo estamos invertidos. Mantenemos una posición neutral en renta variable, con una clara sobreponderación de Estados Unidos frente a otras geografías, no por valoración sino por visibilidad de beneficios y mayor capacidad de absorber shocks externos. En renta fija privada preferimos un enfoque defensivo, con cash para poder comprar si el entorno cambia y priorizando la calidad.
Nos mantenemos neutrales en bolsa con sobrepeso en EEUU, cortos en crédito y con sensibilidad a tipos
Y en tipos estamos largos de duración: no vemos subidas adicionales en el corto plazo y creemos que el principal riesgo no es un nuevo endurecimiento, sino un crecimiento que decepcione. De nuevo, se trata de construir carteras capaces de seguir rodando en el pelotón hasta que el mercado nos dé una señal clara para cambiar de ritmo.
El contenido del presente documento tiene una finalidad meramente informativa, no es y no puede considerarse asesoramiento en materia de inversión u opinión legal, no pretendiendo reemplazar al asesoramiento necesario en esta materia y no constituyendo una oferta de compra o venta.
Todas las opiniones y estimaciones facilitadas están elaboradas en base a fuentes consideradas como fiables. No obstante lo anterior, Mutuactivos no puede garantizar que sean exactas o completas y no asume responsabilidad alguna por cualquier pérdida, directa o indirecta, que pudiera resultar del uso de las informaciones facilitadas en este documento.