A pesar de la caída de la libra esterlina la economía británica no se ha reactivado. Y esto se debe a dos factores: en primer lugar, el crecimiento de la productividad ha sido espantoso. En segundo lugar, muchas multinacionales han mantenido sus precios sin cambio en el extranjero, lo que ha impulsado las ganancias en libras esterlinas pero no ha generado un aumento en las exportaciones. Y, sin un incremento en las exportaciones, el beneficio previsto de la depreciación de la moneda se pierde.

Por otro lado, los recientes movimientos de EE.UU. y Reino Unido muestran que la política fiscal vuelve a estar de moda. Y, en un contexto mundial marcado por los riesgos geopolíticos y la incertidumbre, puede que esta sea la mejor opción para impulsar el crecimiento. Mientras tanto, la eurozona parece estar evitando una política fiscal expansiva. Aunque esto podría cambiar pronto.

Finalmente, Estados Unidos sigue generando empleo y la tasa de desempleo está en el punto más bajo desde hace 50 años. Sin embargo, la inflación subyacente se ha situado a la baja.

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