¿Ha dejado de ser el oro un activo refugio? ¿Qué está pasando realmente con el precio del petróleo y qué consecuencias puede tener para la economía global? ¿Y si los riesgos que afrontaban los mercados antes de la guerra en Irán fueran, en realidad, aún más preocupantes que el propio conflicto?
El oro ha tenido un año de película: subió con fuerza, corrigió con violencia y dejó a muchos inversores con la duda de si sigue siendo el activo al que acudir cuando todo se complica. El petróleo lleva meses en el centro de todos los análisis. Y las materias primas en general han vuelto al foco después de años en segundo plano.
Para entender qué hay detrás de todo esto, hablamos con Marta Escribano, socia y analista en Salmón Mundi Advisors, en una nueva edición de Finect Talks
El estrecho de Ormuz y por qué las reglas del mercado energético han cambiado
Escribano lleva 19 años ligada a los mercados financieros —en tesorerías de bancos, en agencias de valores y ahora como socia y analista en Salmón Mundi Advisors— y reconoce que 2026 está siendo un año especialmente agitado.
Para la experta, más que escuchar a los políticos, lo que importa es mirar los datos: el número de barcos que pasan por el estrecho de Ormuz. Y esos datos le dicen que el conflicto continúa afectando al comercio internacional. Su lectura va más allá de lo inmediato.
Detrás del conflicto, señala, había varios motivos de fondo: China estaba comprando petróleo sancionado de Irán, Venezuela y Rusia —abasteciendo casi el 40% de sus necesidades a un precio entre el 15 y el 30% por debajo del mercado—, y varios países habían empezado a comerciar en divisas locales, esquivando el dólar.
El problema del cierre de Ormuz no es solo inmediato. "Lo más grave es que yo creo que a partir de ahora las reglas del mercado energético van a cambiar absolutamente, porque es que ha habido países que se han visto en la posibilidad real de quedarse sin suministro energético", advierte.
Los países exportadores, explica, van a priorizar ahora su propio abastecimiento antes de exportar, lo que reducirá la oferta disponible en el mercado internacional. Y por el estrecho pasan 20 millones de barriles al día —frente a los 2 o 3 millones que estaban en juego en el conflicto de Ucrania—, con entre 10 y 11 millones que dependen directamente de lo que ocurra con Irán.
Además, hay daños estructurales que van a tardar años en resolverse. El caso más claro es Qatar, cuya mayor planta de LNG del mundo ha quedado dañada y cuya recuperación se estima en cinco años. "El mundo no estaba preparado para perder millones de barriles. Todo lo contrario: antes de la guerra ya necesitaba más", resume. Su conclusión es que los precios del petróleo van a seguir siendo más altos durante más tiempo del que muchos anticipan.
Los riesgos que el mercado había olvidado antes de que llegara la guerra
La guerra en Irán no llegó a un mundo en plena forma. Marta enumera los puntos débiles que ya existían: Estados Unidos crecía a ritmos del 0,7% en el último trimestre de 2025, frente al 4,4% del trimestre anterior; las grandes economías europeas, Alemania y Francia, crecían por debajo del 1%; y China esperaba crecer entre el 4,5% y el 5% en 2026, sus mínimos desde 1991.
A eso se suma un nivel de deuda muy elevado y un déficit fiscal en Estados Unidos que ya rondaba el 6% antes del conflicto, al que hay que añadir ahora el coste de la guerra, cifrado entre 1.000 y 2.000 millones de dólares diarios.
Hay además dos riesgos que, según Marta, el mercado había perdido de vista: la financiación circular entre las compañías de inteligencia artificial en Estados Unidos, que algunos analistas cifraban en un mercado de 1 trillón, y el crédito privado. "Los fondos de crédito privado en Estados Unidos son fondos ilíquidos de los que los inversores no están consiguiendo sacar el dinero, y son un mercado de 3,5 trillones a nivel global", advierte. Su conclusión es clara: "La guerra, desgraciadamente, no es el único problema al que se enfrentaba la economía".
¿Ha perdido entonces el oro su condición de activo refugio?
Preguntada entonces por activos refugio, la conversación fue a ir a parar al oro, el hasta ahora activo refugio por excelencia. Y a la pregunta de si el oro ha perdido esa condición, la respuesta de Escribano es rotunda: "no, pero me siento más cómoda con el oro cuando ya todo el mundo piensa que ya no sirve para nada, que hace unos meses que todo el mundo quería oro".
La corrección que ha sufrido el metal tras su subida meteórica no le sorprende. Al contrario, la considera necesaria y sana: limpia el mercado de quienes no tienen convicción en la tesis y permite a los que sí la tienen comprar a precios más asequibles.
El patrón, además, no es nuevo. En la crisis de 2000, en la de 2008 y en la de 2020 ocurrió lo mismo: al inicio de las caídas el oro también bajó, porque los inversores necesitaban liquidez y vendían lo que tenía ganancias. Pero en todos esos episodios llegó un momento en que el mercado siguió cayendo y el oro repuntó con fuerza. En 2008, el S&P 500 cayó un 37% y el oro acabó el año subiendo un 5%.
Para Marta, el entorno actual es especialmente favorable al metal: "El precio del oro cuando mejor lo hace es en épocas de estanflación, en épocas de guerra, de inestabilidad, de mucha deuda o de déficit muy elevados". Y sobre el precio objetivo, prefiere no dar un número concreto, aunque cita a Goldman Sachs apuntando a los 5.500 dólares para este año y a UBS y Wells Fargo hablando de 6.000 o 6.200. Su argumento de fondo es otro: "Para mí no es solo una cuestión de precio, sino de poder tener un activo que te proteja en un mundo de mucha inestabilidad".
Bancos centrales, desdolarización y cómo tener oro en cartera
Las compras de los bancos centrales han sido uno de los grandes impulsores del precio del oro en los últimos años. En 2022, 2023 y 2024 compraron más de 1.000 toneladas anuales, y en febrero de este año el World Gold Council registró otras 27 toneladas. Para Marta, eso es una señal que no hay que ignorar: "La máxima autoridad monetaria te está mandando señales de lo que piensan ellos sobre el sistema monetario en los próximos años". China, señala, lleva 17 meses consecutivos comprando oro.
Detrás de esas compras está también la desdolarización. Desde que en 2022 se bloquearon las reservas en dólares de Rusia, muchos países —especialmente los que tienen una relación tensa con Estados Unidos— han entendido que acumular dólares les hace dependientes de la política exterior americana. La alternativa es el oro: "Cuando tienes oro en tus reservas, no dependes de un emisor central. Nadie puede, unilateralmente, parar o bloquear tu oro". De ahí que países como Alemania, Francia o India estén repatriando su oro físico.
En cuanto a cómo tenerlo, Salmón Mundi mantiene su oro físico depositado en la Casa de la Moneda de Canadá, y ha vendido las mineras tras las subidas. Para el inversor particular, Marta distingue según el objetivo: quien quiera beneficiarse de la subida del precio puede optar por oro financiero (ETCs), con menores costes de almacenaje; quien busque protección ante una crisis sistémica o preservar poder adquisitivo a largo plazo puede preferir el físico. En cuanto a la plata, Salmón Mundi mantiene una pequeña posición pero ha reducido frente al oro: "La plata sube más, pero también es un arma de doble filo para abajo".
El consejo para quien empieza a invertir ahora
Escribano nos dijo que no era muy partidaria de dar consejos, pero sí lanza una advertencia clara: los bancos centrales han hecho muchas cosas en los últimos años que han inflado el precio de los activos, y ahora los riesgos son mayores.
"Creo que es momento de replantearse que la inversión no es solo obtener mucha rentabilidad, sino que también es un momento para tener en cuenta los riesgos". Su recomendación pasa por construir carteras con compañías de mucha calidad y equipos directivos con track record demostrado en crisis, con poder de fijación de precios en un entorno inflacionista, y que hayan sido capaces de generar caja incluso en momentos como 2020.
Además, en el Finect Talks de esta semana…
Antes de la entrevista, en la sección de El Corrillo, Alicia Navarro y Antonio Villanueva repasan lo más relevante de la semana en Finect.com: el desplome del índice de confianza del inversor español según JPMorgan AM, la encuesta de gestores europeos de Bank of America que muestra un 58% apostando por estanflación, el impacto del cierre de Ormuz en los fertilizantes y la alimentación, y la tesis de Nordea sobre por qué el efectivo ya no puede tratarse como un activo pasivo.
Y en El fondo del mes, la sección en colaboración con Self Bank, Victoria Torre analiza el AXA Global Inflation Short Duration, un fondo de bonos ligados a la inflación de corta duración pensado para proteger la cartera si los precios vuelven a levantar la cabeza.
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Este contenido se ha elaborado bajo un criterio editorial y no constituye una recomendación ni propuesta de inversión. La inversión contiene riesgos. Las rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras.
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