Por qué la concentración de la riqueza hace a la economía más dependiente de la bolsa, según Wellington Management
La firma sostiene que el patrimonio acumulado se está convirtiendo en un motor económico tan relevante como los ingresos laborales
El envejecimiento de los baby boomers y la concentración de la riqueza redefinen el consumo, la vivienda y los mercados en EEUU
La economía estadounidense suele leerse a través del empleo, los salarios o la inflación. Sin embargo, hay otra variable que gana peso y que ayuda a explicar algunas contradicciones del ciclo actual: la riqueza de los hogares. Juhi Dhawan, estratega macro de Wellington Management, sostiene en una tribuna publicada en Finect que la concentración de la riqueza y el envejecimiento de una población con un elevado patrimonio están haciendo que los mercados financieros influyan cada vez más en la economía real.
Para la experta, se trata de un cambio estructural que podría marcar la próxima década. El patrimonio acumulado se está convirtiendo en un motor económico tan relevante como los ingresos laborales. Eso obliga a repensar tanto el comportamiento de los consumidores como las estrategias de inversión.
Cómo la concentración de la riqueza sostiene el consumo
El consumo representa cerca de dos tercios del PIB de EEUU. Durante décadas, su evolución se ha anticipado con variables como los salarios, la confianza del consumidor o la tasa de desempleo. Para Dhawan, esa aproximación puede estar quedándose incompleta. El motivo está en quién tiene el patrimonio financiero. El 20% más rico de los estadounidenses controla aproximadamente el 87% de las acciones del mercado bursátil.
Cuando la bolsa sube, estos hogares se sienten más seguros financieramente y aumentan su gasto. Es el llamado “efecto riqueza”. Explica por qué el consumo ha resistido mejor de lo esperado incluso cuando la inflación erosionaba el poder adquisitivo de muchos ciudadanos o los tipos de interés seguían elevados.
El resultado es una economía cada vez más dividida. Los hogares con más patrimonio siguen gastando en viajes, ocio, experiencias o servicios premium. Mientras tanto, los consumidores con menores ingresos continúan lidiando con el coste de la vida. Algunos economistas lo describen como una “economía en forma de K”: una parte de la población prospera mientras otra afronta mayores dificultades.
Una generación rica que se jubila
EEUU vive una de las mayores transiciones generacionales de su historia reciente. Entre 2024 y 2027, alrededor de 10.000 baby boomers cumplen 65 años cada día. Es una generación que ha acumulado buena parte de la riqueza nacional tras décadas de crecimiento bursátil e inmobiliario. Controla aproximadamente la mitad del patrimonio neto de los hogares estadounidenses, según Dhawan.
A medida que dejan la vida laboral, su gasto depende menos del salario y más de los activos acumulados, las pensiones y los rendimientos de sus inversiones. Por eso las fluctuaciones de los mercados podrían tener un impacto directo sobre sus decisiones de consumo.
Vivienda: por qué los mayores no venden y quién sale ganando
Esta generación también posee una parte importante del parque de viviendas del país. Muchos propietarios de edad avanzada tienen pocos incentivos para vender. Dhawan apunta tres motivos. Vender puede generar importantes obligaciones fiscales por las plusvalías. Comprar otra propiedad resulta costoso con los precios actuales. A eso se suman cuestiones sucesorias y de planificación patrimonial.
El resultado es que muchos permanecen más tiempo en sus casas. Eso reduce la oferta disponible y puede contribuir a mantener la presión sobre los precios. Las empresas ligadas a la compraventa de inmuebles podrían enfrentarse a un entorno menos dinámico. Los compradores de primera vivienda, por su parte, pueden tener más dificultades para acceder al mercado.
También hay beneficiados. La estratega señala a las compañías de reformas, mantenimiento del hogar y adaptación de viviendas para personas mayores. Lo mismo ocurre con los servicios que facilitan envejecer en casa, una tendencia que gana peso a medida que aumenta la esperanza de vida. Las residencias, las viviendas asistidas y otros formatos residenciales para la tercera edad también podrían salir favorecidos.
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La gran transferencia de riqueza será más lenta de lo que parece
Uno de los temas más debatidos es la llamada “gran transferencia de riqueza”: el enorme volumen de patrimonio que pasará de los baby boomers a sus herederos durante las próximas décadas. Para Dhawan, el proceso podría ser menos disruptivo de lo que algunos esperan. Las cifras son gigantescas, pero la transferencia no será instantánea. Tampoco provocará necesariamente una explosión del consumo entre los más jóvenes.
En muchos casos, la riqueza pasa primero entre cónyuges antes de llegar a hijos o nietos. Además, la longevidad, los crecientes gastos sanitarios, las donaciones filantrópicas o la fiscalidad reducen el volumen final que reciben los herederos. Quienes heredan los mayores patrimonios suelen pertenecer ya a hogares con una posición financiera sólida. Por eso, buena parte de ese capital probablemente seguirá invertido en lugar de destinarse al gasto inmediato.
Para el sector financiero, esto supone una oportunidad considerable: la planificación sucesoria, la gestión patrimonial y el asesoramiento financiero ganan importancia. También podría cambiar gradualmente el reparto entre clases de activos. Las generaciones más jóvenes muestran más predisposición hacia las inversiones alternativas, los mercados privados o los activos digitales.
El riesgo: cuando la bolsa se convierte en la economía
Esta dependencia tiene una cara menos positiva. Si el consumo descansa cada vez más en el valor de las carteras, una corrección significativa de los mercados podría tener consecuencias económicas más profundas que en el pasado.
Las caídas bursátiles no afectarían solo a los inversores. Podrían reducir el gasto de los hogares acomodados, hacer más conservadores a los jubilados y disminuir los ingresos fiscales vinculados a las plusvalías. Dicho de otro modo, “cuanto más dependiente sea la economía de la riqueza acumulada, mayor será su sensibilidad a los movimientos de los mercados financieros”.
Claves para el inversor
Dhawan extrae varias lecturas de este escenario:
- Consumo de alto poder adquisitivo: los sectores ligados a los hogares acomodados pueden mantener su crecimiento aunque otros se debiliten.
- Envejecimiento y vivienda: la salud, los servicios para mayores y las reformas del hogar ganan protagonismo.
- Gestión patrimonial: la transferencia de riqueza refuerza el papel de la planificación sucesoria y del asesoramiento financiero.
- Diversificación: la protección frente a pérdidas, la diversificación geográfica y la exposición a distintas clases de activos adquieren un valor adicional.
- Flexibilidad: si cambian las tendencias de consumo o los sectores que lideran el crecimiento, los ganadores de hoy podrían no serlo mañana.
La estratega concluye que la riqueza tiene un papel cada vez más protagonista en la economía estadounidense. Los mercados financieros y la economía real están, a su juicio, más conectados que nunca. Porque “cada vez con más frecuencia, seguir la pista del dinero significa también seguir la pista de la economía”.
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