Salud femenina y un billón de dólares en juego: la tesis del nuevo fondo de DNB
La salud femenina sigue siendo una de las áreas con menos inversión dentro del sector sanitario, según DNB Asset Management. La gestora noruega sostiene que la financiación de la investigación, la evidencia clínica y la innovación han ido históricamente por detrás de la carga real de enfermedad que soportan las mujeres, aunque considera que esa brecha empieza a cerrarse, impulsada por los avances científicos, una mayor concienciación social y cambios regulatorios que favorecen una mejor representación de las mujeres en los ensayos clínicos.
Sobre esa tesis, la firma ha construido el DNB Fund Women’s Health, un fondo de renta variable global temática que en septiembre registró en España y que presenta como el primer fondo especializado en salud femenina. Invierte en farmacéuticas y en compañías de tecnología médica, diagnóstico y salud del consumidor con exposición demostrable a esta temática. Su universo se organiza en torno a tres pilares: prevención, tratamiento y calidad de vida. De más de 600 compañías, la cartera selecciona entre 35 y 50 posiciones, que combinan empresas especializadas con grandes grupos diversificados. El fondo está clasificado como artículo 8 según el reglamento SFDR.
Al frente está Anesa Mulabecirovic Sahnoun, médico de formación, doctora en Medicina y MBA por la Norwegian School of Economics, que codirige las estrategias de inversión en salud de DNB desde 2021. Su perfil une la formación médica e investigadora con la gestión de activos.
En esta entrevista, la gestora explica por qué considera que ha llegado el momento de invertir en esta temática, en qué áreas ve hoy las oportunidades, qué riesgos asume la estrategia y por qué cree que debería interesar a cualquier inversor, hombre o mujer.
Usted es médico de formación antes que gestora. ¿Qué vio desde la consulta o la investigación clínica que le hizo pensar que la salud femenina era, además de una necesidad, una oportunidad de inversión?
Lo que me llamó la atención no fue una enfermedad concreta, sino un patrón que se repetía. Como médico que trabaja a diario con pacientes en consulta, enseguida te das cuenta de que la descripción de una enfermedad en los manuales y la paciente que tienes delante no siempre coinciden. El sexo puede ser una de las razones. Históricamente, la medicina ha entendido mucho mejor algunos aspectos de la biología masculina que de la femenina. Las mujeres pueden desarrollar las mismas enfermedades que los hombres, pero con distinta prevalencia, síntomas, evolución, respuesta al tratamiento y efectos secundarios. Y luego están las enfermedades específicas de las mujeres, que sencillamente han recibido muy poca atención.
Como investigadora, aprendes a mirar más allá del resultado principal. ¿A quién se estudió realmente? ¿Qué solidez tiene la evidencia? ¿Y hasta qué punto se traslada a los pacientes que acabarán usando el medicamento? Algo que mucha gente no sabe es que todavía está lejos de ser habitual que los ensayos clínicos de nuevos medicamentos informen de los resultados de eficacia y seguridad por separado para mujeres y hombres. Un estudio puede incluir pacientes de ambos sexos, pero eso no significa necesariamente que sepamos si el tratamiento funciona igual de bien, si tiene el mismo perfil de efectos secundarios o si debe dosificarse igual en ambos.
Cuando di el salto a la inversión, empecé a mirar esa brecha desde otro ángulo. Grandes poblaciones de pacientes, necesidades médicas importantes sin cubrir, una ciencia que avanza y soluciones existentes relativamente limitadas también pueden generar oportunidades comerciales. Ese fue también el punto de partida del fondo. No empecé preguntándome qué compañías se presentan como empresas de salud femenina. Empecé por la biología. ¿Qué enfermedades afectan exclusivamente, de forma desproporcionada o de manera distinta a las mujeres? Después identifiqué las compañías cotizadas con productos, tecnologías o servicios relevantes. Lo que me sorprendió fue lo amplio que resultó el universo. Va mucho más allá de la salud reproductiva: oncología, inmunología, enfermedades cardiovasculares, neurología, salud ósea, diagnóstico y tecnología médica.
La nota del lanzamiento habla de una brecha histórica entre la financiación de la investigación y la carga real de enfermedad en las mujeres. ¿Puede darnos algún ejemplo concreto de esa brecha y de cómo se trabaja para cerrarla?
Hay un contexto histórico importante. Tras la tragedia de la talidomida, los reguladores se volvieron, comprensiblemente, extremadamente cautelosos a la hora de exponer a medicamentos experimentales a mujeres que pudieran quedarse embarazadas. Pero el péndulo fue demasiado lejos. En 1977, la FDA recomendó excluir a las mujeres en edad fértil de los ensayos clínicos en fases tempranas. Esa política se revirtió en 1993. Durante muchos años, partes importantes de lo que sabemos sobre cómo actúan los medicamentos, cómo se metabolizan y cómo deben dosificarse se generaron, por tanto, de forma desproporcionada en hombres. E incluso cuando las mujeres pasaron a estar mejor representadas en los ensayos, no siempre se analizaron ni se publicaron los resultados por separado según el sexo.
Un ejemplo conocido es el zolpidem, un somnífero de uso muy extendido. La FDA había recibido unas 700 notificaciones de conducción afectada y accidentes de tráfico asociados a su uso. Estudios posteriores de farmacocinética y con simuladores de conducción mostraron que las mujeres eliminaban el zolpidem más lentamente y tenían más probabilidades de presentar a la mañana siguiente niveles en sangre asociados a una conducción deteriorada. En 2013, la FDA redujo a la mitad la dosis inicial recomendada para mujeres, más de 20 años después de que se aprobara el fármaco.
Luego están las enfermedades específicas de las mujeres. La endometriosis es un ejemplo especialmente claro. Afecta a alrededor del 10% de las mujeres en edad reproductiva, unos 190 millones en todo el mundo, y sin embargo sigue sin tener cura y su diagnóstico ha tardado tradicionalmente años. A menudo ha dependido de procedimientos invasivos, mientras que el tratamiento se ha centrado sobre todo en la terapia hormonal, el control del dolor y la cirugía. Pero también es un área en la que empezamos a ver cambios.
No todas las nuevas tecnologías tendrán éxito ni serán atractivas comercialmente. Pero, desde el punto de vista de la inversión, eso es precisamente lo que hace interesante este ámbito: una necesidad enorme sin cubrir empieza a encontrarse con mejor ciencia, mejores datos y nuevas tecnologías. El desequilibrio en la financiación sigue siendo considerable. El McKinsey Health Institute y el Foro Económico Mundial estiman que solo alrededor del 1% de la investigación e innovación sanitaria se destina a enfermedades específicas de las mujeres, al margen de la oncología. Lo alentador es que cada vez se reconoce más como un problema científico y médico, no solo social.
"Desde el punto de vista de la inversión, una necesidad enorme sin cubrir empieza a encontrarse con mejor ciencia, mejores datos y nuevas tecnologías"
¿Por qué ahora? ¿Qué ha cambiado en los últimos años para que tenga sentido lanzar este fondo?
Están ocurriendo varias cosas a la vez. En el plano científico, contamos con mejores herramientas para entender la biología de las enfermedades y las diferencias biológicas entre mujeres y hombres. Tenemos mejores diagnósticos, perfiles moleculares y conjuntos de datos mucho más ricos. Los reguladores también están prestando bastante más atención. A finales de septiembre de 2026, la Agencia Europea del Medicamento anunció que elaborará una hoja de ruta regulatoria específica para la salud femenina. Entre sus prioridades están una mejor representación de las mujeres en los ensayos clínicos, datos desagregados por sexo de mayor calidad y mejor evidencia en las distintas etapas de la vida de las mujeres.
También ha cambiado la conciencia sobre las consecuencias económicas. Un estudio del McKinsey Health Institute y del Foro Económico Mundial estima que las mujeres pasan alrededor de un 25% más de su vida con mala salud que los hombres, y que reducir esa brecha podría sumar en torno a un billón de dólares anuales al PIB mundial en 2040.
Lo que hace interesante el momento es que la necesidad sin cubrir coincide con el avance científico, con compañías invertibles y con una vía hacia la comercialización. No es una tesis de inversión basada en la idea de que la salud femenina se ha vuelto importante de repente. La necesidad existe desde hace muchísimo tiempo. Lo que ha cambiado es nuestra capacidad para entenderla, abordarla y, cada vez más, invertir en ella.
La cartera incluye tanto compañías especializadas como grandes grupos diversificados. ¿Puede detallarnos qué empresas, sectores o áreas abarca el universo del fondo? ¿Y dónde ven más oportunidades?
El universo es mucho más amplio de lo que la mayoría espera. Hemos analizado individualmente casi un millar de compañías cotizadas en terapias, diagnóstico, tecnología médica, servicios sanitarios y salud de consumo. Unas 600 cumplen los requisitos para formar parte del universo, y la cartera mantiene una selección concentrada de ellas. La regla de entrada es sencilla. Una compañía no tiene que presentarse como empresa de salud femenina, pero lo que ofrece debe estar anclado en la biología femenina.
Un gran grupo farmacéutico puede entrar por una franquicia importante en cáncer de mama o por tratamientos para enfermedades autoinmunes que afectan principalmente a mujeres. Una biotecnológica o una compañía de diagnóstico especializada puede entrar porque la salud femenina es el núcleo de su negocio. Pero ser una compañía 100% centrada en la temática no basta por sí solo: es el análisis fundamental el que decide qué compramos y mantenemos.
Hay varias áreas interesantes:
- Salud materna. La preeclampsia es un buen ejemplo. Es una de las complicaciones más graves del embarazo, y el único tratamiento definitivo sigue siendo el parto. Una mejor predicción del riesgo y nuevos enfoques terapéuticos responden a una necesidad que apenas ha avanzado en décadas.
- Inmunología. Alrededor del 80% de los pacientes con enfermedades autoinmunes son mujeres. Para enfermedades como el síndrome de Sjögren todavía no existe ninguna terapia dirigida aprobada, y hay varios programas en fases avanzadas de desarrollo. Los primeros tratamientos eficaces en grupos de pacientes grandes y desatendidos pueden generar mercados importantes.
- Diagnóstico, en salud ósea y hormonal, donde la oportunidad suele estar en detectar la enfermedad antes y tratar a mujeres que hoy siguen sin diagnóstico o sin tratamiento.
- Oncología, especialmente los cánceres ginecológicos y de mama. Son enfermedades impulsadas por la biología hormonal femenina, y el tratamiento está cambiando rápidamente. Nuevas clases de fármacos y la monitorización mediante análisis de sangre permiten ya a los médicos detectar resistencias y cambiar de tratamiento antes, lo que desplaza valor tanto hacia el diagnóstico como hacia los fármacos.
Lo que conecta estas áreas es que el mercado rara vez las mira en conjunto. Cada una pertenece a un sector distinto, con analistas distintos e índices de referencia distintos. Mirarlas a través de la biología femenina nos permite ver conexiones, y oportunidades, que una visión sectorial tradicional puede pasar por alto.
¿Qué peso le daría a un fondo como este dentro de una cartera diversificada?
Depende de los objetivos del inversor, de su tolerancia al riesgo y de la cartera que ya tenga, así que no recomendaría una asignación concreta. El desarrollo de fármacos, el diagnóstico, los cambios regulatorios y los cambios en la práctica clínica se producen a lo largo de años, no de trimestres. El horizonte de inversión debería reflejarlo. Yo lo vería como una inversión temática en renta variable a largo plazo, no como algo con lo que el inversor deba intentar acertar el momento de entrada trimestre a trimestre.
¿Cuáles son en su opinión los principales riesgos de esta estrategia?
En primer lugar, es un fondo de renta variable, así que el inversor está expuesto al riesgo de mercado habitual. El sector salud tiene además algunos riesgos muy específicos. Los ensayos clínicos fracasan. Las decisiones regulatorias pueden decepcionar. Las condiciones de reembolso pueden cambiar. Las patentes caducan y aparecen competidores. Yo analizo la calidad del negocio, su posición competitiva, el equipo directivo, el balance, la cartera de desarrollo, los flujos de caja y la valoración. Además, la cartera está diversificada deliberadamente entre distintos tipos de compañías y sectores.
Por último, ¿por qué debería interesarle a cualquier inversor (hombre o mujer) que nunca se había planteado esta temática?
Hoy, aproximadamente la mitad del fondo está invertida en farmacéuticas, tecnología médica y servicios sanitarios; alrededor del 40%, en biotecnología, y una pequeña parte, en salud de consumo. Eso nos da exposición tanto a negocios sanitarios consolidados como a algunas de las oportunidades de crecimiento que nos parecen especialmente interesantes. Todas las compañías tienen una relevancia clara para la salud femenina, y algunas de las oportunidades están a la vista de todos, dentro de grandes compañías sanitarias consolidadas. Esa es una de las razones por las que la gestión activa importa aquí.
Para mí, aquí es también donde mi formación médica e investigadora pasa a formar parte del proceso de inversión. Llevo las preguntas de la investigación clínica directamente a las compañías, a sus equipos directivos y a los analistas que las valoran. ¿Se publican los datos desagregados por sexo? ¿Refleja el reclutamiento de los ensayos la población real de pacientes? ¿Podrían las diferencias biológicas afectar a la eficacia, la seguridad o la dosificación? Son preguntas de inversión. Pueden influir en la aprobación regulatoria, la dosificación, la adopción clínica, el tamaño del mercado y, en última instancia, el valor comercial de un medicamento. Y si esos factores no se entienden del todo o no están recogidos en las expectativas del mercado, también pueden generar oportunidades de inversión.Microsoft, Amazon o Google: por qué la gran oportunidad de la IA está ahora en la nube
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Este contenido se ha elaborado bajo un criterio editorial y no constituye una recomendación ni propuesta de inversión. La inversión contiene riesgos. Las rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras.
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